LIMA DESDE ADENTRO

Publicado: 8 junio, 2008 en Devaneos de cabeza

01

Nuestra ciudad cabe enteramente en la ignorancia de los habitantes del planeta Tierra. Este hecho –más lamentable para ellos que para nosotros– viene provocando desde hace décadas el perpetuo e inexplicable asombro de centenares de personas que –a su turno– serían incapaces de mencionar un solo escritor boliviano.

Dentro de algunos días, Lima recibirá, con su decoro de siempre, toda clase de ghaneses, brasileños y chinos(1). Gentes extrañas e incomprensibles que desconocen obstinadamente el vals “Callejón de Un Solo Caño” y que han pasado sus misteriosas existencias sin albergar en sus cerebros ni la más ligera noción de conceptos tan claros como “causita” o “pichanga”. Muchos criollos han querido ver en ésta la ocasión más aparente para que nuestros visitantes empiecen a conocernos de una vez y para que nos quieran un poco, si no es mucho pedir. Esta posibilidad sobresalta especialmente a los chalacos, moradores de unos portentosos barrios, dignos de ser exhibidos ante el más cerrado de los tártaros. Pero no es fácil mostrar Lima.

Ahí tienen ustedes las guías de turismo. Ya sé que ningún lugar del universo se parece a su guía de turismo. Pero en nuestra ciudad la diferencia es descorazonadora. Uno tiene la sensación de que se han elegido nuestros rincones menos entrañables. ¿Quién puede amar esa Vía Expresa de las postales, afeada por los puentes y asolada por carteles de propaganda? Pero lo peor del caso es que la culpa no es de las guías de turismo. La ciudad tampoco se parece a sí misma y no se deja mostrar. Existen ciudades de belleza contundente y hasta chillona. Río de Janeiro, Venecia, Granada. Sus encantos son evidentes y no requieren mayor esfuerzo por parte del visitante. Lima no es así. Su hermosura hay que buscarla más profundamente, más allá del cielo color panza de burro, de las calles siempre iguales, de los horripilantes edificios. Este hecho –apuntado por Salazar Bondy antes y mejor– puede aplicarse a todas las creaciones de los peruanos del interior. La música: confidencial, estentórea, inocente y maliciosa. La literatura: austera, vibrante, tajante. Lejos de la verborrea y el pintoresquismo de esos coloridos libros llenos de costa, de sierra y de selva, que uno no sabe si guardar en la biblioteca o en la refrigeradora. La sobriedad y el estilo llamativo (por no motejarlo de atorrante) son –parece– características contradictorias de nuestra gente y de nuestro paisaje. No parecen atributos muy apropiados para atraer a los turistas, siempre anhelantes de cascadas espectaculares, de mares cristalinos, de pájaros tropicales y de muchachas en oferta. Pero entonces, ¿qué diablos les mostramos a estos caribeñómanos?

Bueno, no hay que alarmarse. Algo hay. En realidad podemos fingir una docena de ciudades distintas –todas falsas– destinadas a deslumbrar a esta gente. Hay para todos los gustos. El asunto es sencillo: todo se reduce a evitar algunas calles y a preferir otras. Veamos.

LIMA MODERNA

Especial para amantes del progreso y para aquellas razas que se prosternan ante los aparatos eléctricos. Se aconseja una excursión a Ace Home Center, con magnífico golpe de efecto ante la puerta que se abre sola. Recorrido por el pérfido edificio “Sensormatic”. Peso e indagación del destino en las balanzas de las farmacias. Obtención de fotos tamaño pasaporte en un minuto. Exhibición de intercomunicadores y breve diálogo a través de estos artefactos con los vecinos más lejanos, como por ejemplo los del 405. Holandeses, australianos y turcos quedarán convencidos de que esta es una ciudad futurista.

LIMA ANTIGUA

Para amantes de la decrepitud, arqueólogos y nostálgicos. Aquí conviene transitar los sectores más derruidos de la urbe (Barrios Altos, digamos) e inventar una historia cualquiera para cada construcción. Todo edificio con rejas será colonial. Las casas más humildes podrán transformarse en hogares natales de caudillos y los agujeros de las paredes en secuelas de la proverbial Guerra del Pacífico. Es de conocimiento público que miles de extranjeros empalidecen de emoción ante el más cochambroso y mugriento de los muladares, con sólo decirles que es viejo.

LIMA ABURRIDA

Para recomendar a aquellos turistas que nos caigan antipáticos. El periplo comprende la visita de rigor a Larcomar, travesía y evaluación de azoteas en Matute, paseo por la Avenida Arequipa en destartalada combi a las 6:00 pm de un viernes cualquiera, contemplación del crepúsculo invernal en el Malecón Armendáriz y peregrinaje en busca de cigarrillos por el jirón Renovación a las tres de la mañana.

LIMA DIVERTIDA

Para razas estridentes y jacarandosas. Ingreso sin invitación en despedidas de soltero. Las Cucardas. Play Land Park. Chistes colorados (traducidos) en cualquier esquina. Trepada por las escaleras mecánicas que descienden y descenso por las que suben. Yacana, El Retablo, cantinas, gritos, risas, música y regreso al hotel tocando timbres y pateando bolsas de basura.

LIMA ROMÁNTICA

Para parejas de enamorados y para colombianos sentimentales. Recorrido silencioso por el Puente de los Suspiros. Paseo vespertino por el Olivar de San Isidro. Serenata ante la ventana de la chica más linda de Jesús María. Una botella de vino en el Jacarandá. Robo de rosas en el jardín del vecino. Sueños locos en el mismo hotel.

LIMA CRIOLLA

Para argentinos arrabaleros. Ingesta de cerveza en el Queirolo de Quilca. Billar en el Tora Tora Tora de La Victoria. Charlas metafísicas y criollazas en el Tobara. Espera infructuosa de un taxi en la avenida Wilson. Casino en el club “Once Amigos” de Breña. Concurso de nuevos talentos en el Sachún. En el hotel, valses en el dormitorio, chicha morada y facturas.

LIMA CONDENADA

Visita a todos las casonas antiguas que serán demolidas por una razón u otra. Este itinerario propone a los costarricenses la posibilidad de sensibilizarse ante las cosas que pronto morirán. Pueden recorrerse los supermercados venideros, los nobles palacios que arrasará el Proyecto Mivivienda y –en realidad– la ciudad toda, pues algo me dice que el destino terrible de Lima es ser derrumbada totalmente para dar paso a un gigantesco y único edificio interminable.

–o–

Hay muchas otras ciudades: Lima elegante, Lima cursi, Lima tonta, Lima angustiada, Lima violenta, Lima cerro, Lima de mi amor, Lima siete.

Hay que aguzar el ingenio y demostrarles a estos altivos visitantes que nada tenemos que envidiarle a Praga. El esfuerzo es grande y ya lo estamos realizando todos. Criollos que se jactaban de no haber visto nunca un brasileño han barrido la vereda y han podado la chiflera. Los taxis lucen pintones y brillosos. Los baches han sido trasladados del centro hacia la periferia. Todo está listo para que el mundo entero se muerda los codos de envidia. Pero algo me dice que todo será inútil. No nos van a entender, estoy seguro.

Quizá lo más correcto sería hacer que esta gente permanezca entre nosotros veinte o treinta años. Recién entonces aprenderían el camino hacia las esquinas secretas, hacia el barrio del olvido, hacia la plaza que separa a las parejas que la cruzan, hacia el stud donde los caballos dan datos cambiados, hacia el buzón de las cartas muertas, que nunca será abierto. Pero aunque sospechemos que no servirá de nada, mostremos. Tratemos de evitar la insulsa y repetida declaración de todos nuestros visitantes: “Me gustaron el cebiche y las mujeres, en ese orden”. Tengo para mí que un crepúsculo en Chosica debe ser más recordable que unos choritos a la chalaca. Evitemos también la fatal referencia a la noche limeña, especialmente en estos tiempos que nuestra vida nocturna se manifiesta en horas de la mañana. Basta de perder tiempo con el deplorable Jirón de la Unión. Basta de limitar la ciudad gigantesca a unas pocas cuadras repetidas. Mostremos, desde Chaclacayo hasta La Punta, desde Lurín hasta Puente Piedra, desde Villa El Salvador hasta La Planicie. Y si no les gusta, que se jodan. Que sigan sin conocernos. A nosotros nos quedará esta amada punta del mundo, que no se disfruta con los ojos, sino con el alma. Y a ellos les quedará el insospechado bochorno de haber estado en la ciudad más grisáceamente hermosa del universo sin haberlo sabido.

(1) Perú fue país sede del Mundial Sub-17 2005.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s