NOSOTROS TAMBIÉN ADORAMOS A TANIA

Publicado: 10 junio, 2008 en Litera-turas
Tania mira el día lluvioso a través de la ventana. Recuerda que papá no le ha cumplido la promesa de traerle el regalo que le prometió el mes pasado. A pesar de que papá y mamá se habían comprometido formalmente desde que Tania lo pidió cuando fueron de compras.
Tania se puso a pensar que los designios de los adultos son inescrutables, pero decidió de pronto a que hoy mismo se lo compren, se lo traigan, yo no sé, alguna manera tiene que haber pero yo lo quiero aquí.
Era un buen momento para traerlo a pesar de la lluvia. Los comercios estarían abiertos hasta el mediodía y habría poca clientela y quizá poca gente en las calles.
Decidida, brinca de la cama y se arregla para salir, para pelear, para exigir que se lo traigan, yo no sé, puede ser peligroso, ya lo han dicho, pero yo lo quiero hoy.
Sale de su habitación, cruza la sala y toca la puerta de la recámara de papá y mamá. Papá contesta gruñón pero no importa. Mamá contesta gruñona pero menos.
Papá y mamá adoran a Tania. La realidad es que ni el miedo ni el qué dirán les ha impedido cumplir el capricho de Tania. Más bien es el olvido.
Papá está cansado, mamá también, pero estamos seguros de que le cumplirán el gusto a Tania. La adoran. Nosotros también adoramos a Tania y, la verdad sea dicha, no nos importa mucho que se lo cumplan o no. En todo caso nosotros nos iríamos.
Oímos el trajín apagado de mis padres vistiéndose. Los oímos explicar a medias, justificarse: Claro, pero cómo no, ya lo había olvidado; y mamá preocupada: Yo creo que mejor no; pero cómo no, mujer, no digas cosas, ahora mismo lo traeremos. Mientras ellos vuelven a casa nosotros nos dedicamos a cosas más prácticas: recogemos unos pantalones, camisetas, zapatillas y, reunidos en una bolsa, los escondemos por si tenemos que salir huyendo.
Ellos no se enterarán, ni lo imaginan.
Comprobado: Regresan en medio de una solemne tristeza con el regalo de Tania. Ella misma, cumplido su capricho, está triste: Uno no entiende.
Ponen la caja a media sala, desempacan, examinan, mamá reza en voz baja. Poco a poco papá se desentiende, mamá también: Dejan a Tania sola. Ella se dedica a deambular por el patio con su maldito gusto, a caminar dentro de la casa estropeando todo.
Por las noches, cuando ya estamos dormidos, oímos los ruidos que causa en la sala abandonada el capricho dominguero de Tania.
Dos o tres días después nosotros tomamos la determinación de salir de casa antes de que sea demasiado tarde. Recogemos nuestra bolsa con la ropa y abandonamos a papá, a mamá y a Tania sin avisarles.
Ellos se darán cuenta de nuestra ausencia. Se sobresaltarán pensando lo peor. Y eso que somos los dos mayores. Van a ponerse tristes pero no importa: Nosotros queremos vivir. Allá ellos y su consentida.
Porque hay de caprichos a caprichos y de regalos a regalos, pero traer eso a casa no se puede. Así no se puede vivir por mucho que la adoremos.
Eso sí que no.
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comentarios
  1. Rosa dice:

    Interesante

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