(DES)BALANCE DE FIN DE DÉCADA

Publicado: 30 diciembre, 2009 en Infinita tristeza
 
REFLEXIONES INCONEXAS ACERCA DE UNA DÉCADA INFAME MÁS (PERO BRILLANTE EN CIERTAS OCASIONES)
 
I. PLANES
 
Si –como yo– eres una persona que piensa mucho las cosas, los fines de año son etapas en las que haces un balance de los hechos vividos durante los últimos 12 meses. Te pones a meditar sobre las cosas que hiciste mal o te faltan, y te sientes todavía peor cuando ves que esas mismas cosas son las que motivaban tu tristeza los fines de año anteriores. En ese momento te das cuenta que el paso del tiempo no te está enseñando nada. Si a ese análisis tan característico de esta época del año le sumas que una serie de irregularidades cícilicas ocurren más o menos por esas fechas, la idea del balance negativo se potencia. Y si al fin de año no sólo le sumas tu personalidad meditabunda y tus problemas de mierda sino que encima todo el mundo anda más feliz que maricón con dos potos, el resultado es ciertamente funesto. En tal contexto, cuando tus amigos te preguntan qué vas a hacer para el año nuevo, es difícil explicarles que no tienes ni siquiera ganas de pensarlo. Que ponerse a decidir si prefieres una reunión en casa de algún amigo o salir a alguna playa es ocupar tu mente en algo que quueres evitar pensar. La idea de no ir a celebración alguna te tienta. Pero sería injusto no festejar porque implicaría concentrarse solamente en las cosas que no pudiste mejorar, dejando a un lado aquellas que sí cambiaron. Es cierto que las mejoras se produjeron solamente en aspectos que no son los que consideras más sustanciales, pero algo mejoró. Entonces te das cuenta que tienes un blog y que puedes largar una consigna: "Muchachos, ¿qué hago para el año nuevo?"
 
II. CAMBIO DE NOMBRE
 
El cambio de nombre de este blog obedece a circunstancias harto conocidas para mis amigos más cercanos, incluso, para personas a las cuales no me ata más que un simple "hola" y un simple "chau". ¿Que qué significa? Por favor, la respuesta está en cualquiera de los interminables desbandes a los que me sometí desde mi regreso de Argentina. Y es que una pena entre dos es menos atroz decía la contundente Angélica Zapatini en el Correo Sentimental (espectacular Esmeralda Checa en el recordado sketch propalado en mi Risas y Salsa de los ’80). Y bueno, nuevos horizontes, nuevas perversiones y nuevas ansiedades me esperan, yo que pensaba que una buena porción de mi vida se estaba terminando para mejor, pero ya está hecho, ni vuelta que darle, a seguir dándole, a seguir equivocándome, a recuperar de nuevo lo que jamás voy a tener, gracias por todo K, por el amor, por la complicidad, por la paciencia, por la decisión, por el desengaño, por el bellísimo futuro que se me acaba de escurrir de las manos cual arena… Pero dejo para el final el obvio resultado de haber bebido en las fuentes vulgares de la verdad: nunca seremos más jóvenes que hoy; jamás volveremos a ver a nuestros muertos; el tiempo no retrocede; el amor perfecto no existe; hay un verso que está siempre a punto de revelársenos y que no escribiremos nunca. Para los hombres de verdad, este no es el final de sus sueños, sino más bien el principio.
 
III. VIAJES
 
He descubierto (o mejor dicho, he redescubierto) que hay algo que estoy buscando en algún lugar. Algo que no se qué es, y un lugar que aún no conozco. Es en la misma búsqueda que me siento cerca… caminando sobre el barro, viendo siluetas dibujadas en el altiplano, sintiendo ese aroma de selva, o conociendo gente tan amigable y tan diferente. Todo ha sido tan motivador. Pero mi lista de recuerdos, que es extensa, no es lo que me ha motivado viajar, sino saber que lo que he visto aún sigue siendo poco. Ahora sé que viajo para conocer mejor las culturas, el mundo, mi entorno y las personas con las que convivo en el planeta. Viajo para seguir marcando huellas en la ruta, y a la vez quedando marcado por las huellas que la ruta deja en mi vida. Solo soy un chico simple que se interesa por disfrutar las cosas elementales de la vida. Admito ser muy sensorial, me gusta la música, el arte, la vida y por eso hace mucho decidí ser viajero. Al mismo tiempo he desarrollado muchas aptitudes que aparentemente no son rentables pero que, en la práctica, lo son y lo mejor de todo, es que me encantan. Tengo gatos, no tengo ataduras, tengo un berimbau y muchas ganas de cantar. Pero de lo que se trata realmente es solamente viajar. Viajemos de una vez. Salgamos a buscar pelea, a defender causas nobles, a recobrar tiempos olvidados, a despilfarrar lo que hemos ahorrado, a luchar por amores imposibles. A que nos peguen, a que nos derroten, a que nos traicionen. Cualquier cosa es preferible a esa mediocridad eficiente, a esa miserable resignación que algunos llaman madurez.
 
IV. LA TRISTEZA
 
Los vendedores de ilusiones nos invitan todos los días a olvidar las penas y mantener jubiloso el ánimo. El Pensamiento Oficial del Mundo ha decidido que una persona alegre es preferible a una triste. La medicina aconseja cosmovisiones optimistas por creerlas más saludables. Al parecer, la verdad perjudica la función hepática. La tristeza es la única actitud posible que podemos adoptar ante un universo que no se nos acomoda. Toda alegría no es más que un olvido momentáneo de la tragedia esencial de la vida. Puede uno reírse del chiste de los supositorios, pero este es apenas un descanso en el camino. Uno juega, retoza y narra historias picarescas, solamente para no recordar que ha de morirse. Ese es el sentido original de la palabra diversión: apartar, desviar, llamar la atención hacia una cosa que no es la principal. Conversar acerca de estos asuntos es considerado de la peor educación. Los comerciantes se escandalizan, las personas optimistas huyen despavoridas, los maximalistas declaran que la angustia ante la muerte es un entretenimiento burgués y los escritores comprometidos gritan que la preocupación metafísica es literatura de evasión. Al respecto, le juro que todo lo que se escribe es de evasión, menos la metafísica: las noticias políticas, los libros de sociología, los horarios de los aviones, los estudios sobre las reservas de petróleo, no hacen más que apartarnos del tema central, que es la muerte. Cuanto más inteligente, profunda y sensible es una persona, más probabilidades tiene de cruzarse con la tristeza. Por eso, las exhortaciones a la alegría suelen proponer la interrupción del pensamiento: es mejor no pensar… Casi todos los aparatos y artificios que el hombre ha inventado para producir alegría suspenden toda reflexión: la pirotecnia, la música bailable, las discotecas, el fútbol, los concursos de la televisión, el pollo a la brasa. Y entienda que la tristeza tiene más fuerza que la alegría: un hombre recibe dos noticias, una buena y una mala. Supongamos que ha acertado en la lotería y se ha muerto su hermana. Si el hombre no es un canalla, prevalecerá la tristeza. El premio no lo consolará de la desgracia. Byron decía que el recuerdo de una dicha pasada es triste, mientras que el recuerdo de un pesar sigue siendo pesaroso. No haga caso de los sofistas risueños. Tarde o temprano alguien le dirá: si un problema tiene solución, no vale la pena preocuparse. Y si no la tiene, ¿qué se gana con la preocupación? Confunde esta gente las arduas cuestiones de la vida con las palabras cruzadas. La soledad, la angustia, el desencuentro y la injusticia no son problemas sino tragedias, y no es que uno se preocupe sino que se desespera.
 
Lloraba Solón la muerte de su hijo. Un amigo se le acerca y dice:
 
– ¿Por qué lloras, si sabes que es inútil?
– Por eso –contestó Solón– porque sé que es inútil.
 
No está mal ser triste, señoras y señores. El que se entristece se humilla, se rebaja, abandona el orgullo. Quien está triste se ensimisma, piensa. La tristeza es hija y madre de la meditación. Aprovecharé para confesarle que suelo elegir a mis amigos entre la gente triste. Y no vayan a creer que nuestras reuniones consisten en charlas lacrimógenas. Nada de eso: concurrimos a bailongos deleznables, amanecemos en lugares desconocidos, cantamos canciones obscenas, nos enamoramos de mujeres desvergonzadas que se estiran el escote y hacemos sonar los timbres de las casas para luego darnos a la fuga. Los muchachos tristes nos reímos mucho, les aseguro. Pero eso sí: a veces, mientras corremos entre carcajadas, perseguidos por víctimas de nuestras ingeniosas bromas, necesitamos ver un gesto sombrío y fraternal en el amigo que marcha a nuestro lado. En el gesto noble que lo salva a uno para siempre. Es el gesto que significa atención, muchachos, que no me he olvidado de nada.
 
V. LA COMUNIDAD
 
Lo que podría describir de todo esto es que se formó una comunidad unificadora, pacifista, global, sincrética, amiga, misionera, naturista, ecológica, simpática, artesanal, cabalística, real, humilde, próspera, positiva, inspiradora, educadora, consejera, viajera que surcó todas las rutas de Sudamérica para confluir en un lugar marcado por el tiempo y que llegó a nuestras vidas para formar un solo sonido y un solo mensaje a través de esta familia que nunca tendrá nombre pero si una eterna existencia en nuestros corazones. Después de esta somera descripción, todo lo demás queda sobreentendido y relegado a un plano netamente espiritual. Gracias al amor, al no tiempo y las sonrisas. Ahora sé que la clave y el secreto de todo esta en mi.
 
VI. HABLA ANA
 
Yo que sostuve la agitada trama
del verso escrito al borde del abismo,
siempre volví la espalda al cataclismo.
Yo soy la que no está. La que no te ama.
Yo que alumbré con pertinaz ausencia
tu visión de poeta endemoniado
respondí a cada agónico llamado
con la misma estelar indiferencia.
Soy Hidra que venció, fiera salvaje
que al héroe despedaza y atormenta
pero recibe a cambio un beso tierno.
Te pregunto: ¿No es cruel el homenaje?
¿No esconde acaso la mayor afrenta?
Muchas puertas, mi amor, dan al infierno.
 
VII. SUEÑO
 
Yo he soñado con un cielo. Contaré lo que vi en mi sueño, agregando algunos goces que faltaban. Me vi saliendo con mis amigos más queridos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Don José Antonio Ñique De La Puente acababa de darnos clase. Caminamos por un sendero arbolado. A cada instante nos saludaban señoritas maravillosas. Una de ellas nos invitó a una fiesta para esa misma noche. Supe el nombre de algunos invitados: El hermano Platón, el hermano Vallejo, el hermano Hermann Hesse, el hermano John Lennon. Al cabo de un rato comprendí que el paraíso estaba lleno de deliciosos problemas. Que existía la incertidumbre y la esperanza y aun el desengaño. Pero que todo asumía la más noble de sus formas. Me crucé con mi tío Julio Jaguande, que manejaba el enorme auto de mi abuelo José. Iba a buscar a mi padre para ir al Estadio Nacional. Supe que la noche anterior habíamos visto cantar a Chabuca Granda. Ya cerca del despertar, al final del camino arbolado, me esperaban unos ojos que ya no existen. Y entonces tuve la certeza de que ese era el paraíso que Alguien había pensado para mí, el único posible.
 
VII. LA FOTOS
 
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