PROHIBIDO TOMAR-TÉ

Publicado: 6 julio, 2010 en Devaneos de cabeza
 
Hagámoslo sin vaselina (pude haber escrito "digámoslo sin asco" o "hablemos sin rodeos", pero sospecho que la introducción que elegí va a rebotar más búsquedas en Google. ¡Bien!)
 
De vuelta: yo me pregunto: ¿qué onda con el té? O sea, en serio. Corría el año 2007 y dios es mi testigo (si es que realmente existe) de que nadie tomaba té en este país. De hecho, hasta hace poco se podía identificar sólo 2 tipos de bebedores típicos de té: el resfriado y el enfermo del estómago. (En esta parte algunos se alzarán a decir ¿y qué pasa con los "té de tías"?. A ellos les digo que durante toda su vida, mi tía E ha sido una ávida asistente a múltiples eventos que en su nombre llevaban la palabra "té". El té del Comité de Damas de San Borja, El té de la Junta Directiva del Club Huancayo, El té de las ex-alumnas del María Auxiliadora, El té de las esposas de los ex-alumnos de la Escuela Naval, y un largo etcétera. Por años he observado a mi tía ir y venir de esas reuniones y créanme cuando les digo que ahí nadie toma té. Dejémonos de inventar por favor).
 
Como prueba adicional, pongo los adjetivos que lanzaba a M cada vez que encontraba ocasión para beber té: posera –cuando pedía té verde en los chifas–, alcohólica –cuando le sacaba el jugo al 2×1 en Long Island Ice Tea de TGI Friday’s–, huachafa –cuando la veía comprar una caja de Passion Tea en Vivanda–.
 
Como si en este punto hubiese necesidad de más evidencia, comparto con ustedes que fue el frío bonaerense el que me hizo participar de una costumbre que antes había visto sólo en películas: el té con leche. Resulta que en la Argentina la gente no se reúne a "tomar lonche", sino que "a tomar el té". Algunos toman cualquier cosa menos té, pero hay muchos que efectivamente mezclan té, leche y el edulcorante de su preferencia. Y bueno, convengamos que de 28 millones de peruanos, un porcentaje mínimo tiene anotado en su agenda "Té a las 5 pm con fulanita o zutanito".
 
¿Pero qué pasó, entonces? Este año vino mi buena amiga A en una visita corta y me sorprendió preguntándome si quería tomar té burbuja. De inmediato pensé que se trataba de alguna bebida gasificada y como no soy fanático de la gaseosa (a menos que venga mezclada con ron), pues decliné la invitación.
 
Luego de investigar un poco, acabo de probar el famoso bubble tea. Debo decir que fue una experiencia traumática en la cual mi torturada garganta fue brutalmente desvirgada por una recatafila de pelotas de yuca (tapioca, mandioca, la misma vaina).
 
En conclusión: el té burbuja fue una experiencia para no repetir y nunca más atinada la expresión gringa de not my cup of tea.
 
Entonces, caí en cuenta que, dado el cambio de estación de ese momento, todo el mundo tomaba té helado. No me pregunten cómo, hoy en día la lista del mercado incluye al menos un six pack de Free Tea o Lipton Tea o Whatever Tea. Yo no entiendo cuál fue la estrategia de marketing (y yo ke no le encuentro gracia al marketing) y mucho menos la idea publicitaria (no tengo la más mínima puta idea) detrás del boom del té en el Perú.
 
Lo único que tengo claro es que, luego de 3 años de desmesurada ingesta de teína por parte de los peruanos, debemos ser sin duda la población más estreñida del mundo (Sólo detrás de China e Inglaterra. Esos pobres nos llevan siglos de ventaja). Y nada, que Dios y el ex-lax nos ayuden.
 
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