MEMORIAL DE AGRAVIOS (O DE LAS COSAS QUE HAN PASADO EN ESTA TIERRA)

Publicado: 3 diciembre, 2010 en Litera-turas

Más aun. Pensemos
en la reproducción mecánica. Casi una montaña rusa. Casi
una noria. Un ensayo de
poética circular. Una cascada como
una piedra, un bloque, un cuento
de nunca acabar.

I

Transparencias. Fugas. Esmalte. Brillos. La superficie agotada, estallada. Toda latitud habitada. Toda pasión… (Berenice, no huyas). El sobresalto del gato: a cada rechinar de la madera, la montaña pare un ratón.

II

La nave sin timón y el pez sin espada. Algo se mueve bajo los pies, que algunos llaman Duda. Como si la tierra se encaminara a algún lado. Reacción de inercia. Oxímoron, o más: Paradoja. Sentado en la cresta de la ola, una pluma en el sombrero del huracán. ¿Asociación libre? Te diré. ¿Quién eres? Lo que seas lo serás por un error de cálculo. No necesariamente una equivocación sino, más bien, lo que se dice un margen.

III

Un irse como quien cierra la puerta para dormir la siesta (pijama y bacinilla). Algo como un ritual privado, intrascendente. Una caja sin zapatos o una bota. Cerrar la puerta de un cuarto de una casa vacía, en un edificio vacío, en la desierta capital de un país abandonado. Imperfección lograda – diferencia.

IV

No abraza, no acaricia, no muerde, no mira. Apenas muy, muy de vez en cuando, se le retuercen las tripas. Rememora. Extraña ¡oh! echa de menos
el poder –el país– de la sugestión.

V

The Draughtsmans’s Contract

Un andar apresurado, torpe, confundido, feliz, desorientado. Un pisar firme, seguro, alegre, decidido. Un darse de narices contra el cielo.

VI

Ciudades como mapas de ciudades, ángeles como pegasos, una iglesia, una veleta, y a un costado el guitarrista, como un mar enamorado de su nave.

VII

Hay un lugar, me temo, donde ella descansa. Ni un cuarto ni un vergel. Apenas un tiempo donde el tiempo pasa, una invisibilidad donde nadie mira –ni ella. O una perceptibilidad sin concesión. Plenitud. Lo mínimo in/com/partible –”como esas pelusitas que se encuentran en el fondo del bolsillo…”, esas grandes tareas que quedarán en la nada, una lista de nombres, un color, esa especial densidad que a veces cobra el silencio.

Aun así, algo, fuera, suena a castigo.

VIII

Cansancio de recién llegado. Una demora transparente, pertinaz, domesticada por la familiaridad, la convivencia, el día – a día. Hasta que la incertidumbre se vuelve una segunda piel –¿o una máscara? Ese bajo continuo, tan grave que apenas se oye. Pero está. Una suerte de armónico o pilar o perspectiva. L’e enfant terrible

En el fondo del bosque, espera siempre siempre
una bruja
y una manzana deliciosa.

IX

Como por arte de magia… Pero sin razón. Como por arte de magia pero sin razón hallo y no encuentro y vuelvo y persigo sin buscar. Tampoco hallas. Digo: alucino, ilusiono, creo, desaparezco o hago desaparecer. Rechazas. Todo cuanto es condescendiente distancia, cuanto vivo a modo de exquisito rechazar. Paranoia… Aun así… Tengo enemigos. ¿Crees? No. Siento, aun cuanto no entiendo y lo que ignoro. Que es… Un mar donde me ahogo. ¿Y resurges? Como el Fénix. Entonces ¿qué temer? Que el sabor de la ceniza opaque cada vida como el temor del sueño ha enrojecido cada uno de tus ojos.

X

La realidad se ofusca
no en la revuelta
sino en la herida perturbada
–quizás más clara–
visión de casandras.

XI

Exabrupto confesional

Recuerdos –vagos– de esos poemas de Baudelaire que empiezan –todos– “Esta mañana, Su Majestad la Reina…” y con el mismo tono impasible, casi de cuento de hadas, con una ceremoniosidad digna, contenida, pasan a referir el espectáculo de la más desmedida corrupción.
No es la anécdota. Es ese oxímoron entre forma y contenido lo que hace de esos poemas un hecho necesario, útil, social: el poema como mito –en el sentido de síntesis y aglomeración de sentido–, como atajo para pensar y sentir en todo su estridor un fragmento, la intersección de dos ejes cualesquiera de una realidad que, de otro modo, se diluiría en los detalles de su propia indecencia.

XII

“The friend of the wolf is the lazy shepherd”
Llywarch Hen, The Red Book of Hergest

(¡No le dijeron nada! –musitado esto [voz baja y queda]) Todo en silencio, en secreto, en comidilla o conspiración. Secreciones. De buey, de asno, de búho o huracanado horizonte en lontananza. Rojo como el mar. El cielo. Como cazar un rayo o atrapar un rayo de sol en una red. Dánae de oro o fuego o gestación de
iniquidades
pequeñeces
destinos trocados como cartas
[u n a n o c h e u n v i a j e r o]
en un castillo.
Medieval. (¿Otra vez?)
Te dije. Te lo dije. No dirían nada. Nunca.
Jamás
confesarían
haber caído
presa
de tanta devoción
tanta pereza

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