Sin asco: LA INFIDELIDAD

Publicado: 26 junio, 2011 en Devaneos de cabeza

La infidelidad física es la señal, el aviso dado,
de que todas las fidelidades ya han sido socavadas.

Katherine Ann Porter

Dejémonos de estos y de aquellos. Ninguno de nosotros es fiel. Y no nos referimos únicamente a las personas que leen estas líneas, sino al entero de la población mundial. La fidelidad es un paradigma, una utopía, algo que los seres humanos no somos capaces de cumplir y bonjour tristesse.

De arranque, pedimos a la teleaudiencia que no malentienda el asunto. Las líneas que siguen no procuran ser una apología caradura al engaño del ser amado ni menos una disculpa en nombre de la asociación de individu@s cuyos pies se sienten más cómodos estando fuera del plato.

Aquí lo que tratamos de postular es que aunque existen múltiples formas de ser impío dentro de una relación, la hipocresía natural que poseemos nos hace convenientemente ciegos a todas ellas y sólo nos deja ver como terrible, procaz e innombrable a la infidelidad física; dicho esto, entiéndase lo siguiente: tú calat@ y revolcándote con una persona que no deberías. ¡Rexuxa!

Aunque no todos hemos practicado la infidelidad física, ninguno de los habitantes de este planeta puede aseverar que no engañó a su amor de alguna otra manera. Ninguno. Y si dices que no, vos no existís, say no more.

Pongamos como ejemplo a un bebé de pecho. Tan bonito, rosadito y cachetón. ¿Han notado como este cuchi cuchi precioso se va a los brazos de la tía tetona sin que le rueguen mucho? Bueno, considerando que la madre es el primer amor de todo bebé, la satisfacción oral que siente el bebé goloso al tratar de mamar una teta nueva es sin lugar a dudas la primera infidelidad en la vida del ser humano. El pobre lactante no tiene ni idea de que esa curiosidad bucal que lo tienta y le provoca cosquillas es el inicio de una larga y onerosa vida de engaños al ser amado. La vanguardia es así.

También podemos levantar nuestro dedo para señalar a los niños de pre-escolar que se enamoran perdidamente de la Miss de su salón. ¿No se siente la madre un poco vejada por esto? ¿Acaso no piensa “ay, mi gordito se enamoró de esa zorra de mandil de cuadritos”? Bueno, la zorra en poco tiempo probará de su propia medicina cuando el chibolo pipiléptico la deje por su maestra de primer grado de primaria. Karma is a bitch, you know.

Luego, conforme vayan avanzando los años, notaremos que la adolescencia es por supuesto otra etapa de mucha infidelidad. A nuestra compañera de aula la engañaremos fantaseando con la chica del parque y a ésta le pondremos los cachos cuando sintamos calores por esa primita rica a la que le aparecieron caderas de un momento a otro. Como si fuera poco y porque estamos hablando de la pubertad a todas las anteriores les sacaremos la vuelta con la calata full color que tenemos escondida debajo del colchón y a ella con alguna porno y a la porno con algún corto explícito de Internet y al corto con un video casero del celular de nuestro vecino y así y así; un círculo vicioso de ebullición juvenil.

Ahora, si nos ponemos a hablar de géneros, las mujeres también cubren satisfactoriamente su respectiva cuota de engañadoras. Y es que todas han sido en algún momento esa coqueta, coqueta, coqueta, que tiene su novio y no lo respeta. Desde el compañero de la oficina al que saludan con especial cariño y sacudiendo el cuerpo como si fueran una Hiroshima con patas, hasta el chico del gimnasio por el cual quisieran volverse bicicleta de spinning a ver si de una vez las monta en la velocidad que le requiera mayor resistencia. ¿Sonó ofensivo eso?

Cuento aparte, evidentemente, son las infidelidades 2.0 auspiciadas por el siempre revolucionario mundo de la tecnología. ¿Calientas tus frías tardes de invierno con el álbum “Cuba 2011” de la practicante del área legal? ¿En tus ratos libres –o peor aún en los de trabajo- te dedicas a ser stalker del chico nuevo de la oficina y le pones ME GUSTA incluso al status donde dice que se tiró un pedo? ¿Mandas mensajes de sentido múltiple a través del Blackberry Chat? ¿Sigues en Twitter a ese personaje con el/la que quisieras tener una aventurilla caliente en la vida real?

No nos hagamos los tontos. Momentáneamente deseamos a estas personas y lo sabemos. ¿Nos parece mal? Ni un poquito. Lo vemos como un desfogue natural, una alternativa inofensiva para contrarrestar la clásica monotonía en la que puede caer una relación feliz. Para bien o para mal, los affaires imaginarios son vistos como un libre albedrío, una facultad del ser humano o una práctica inocente que lo último que hace es daño. Por eso mismo no existe el primer condenado únicamente por ser un onanista dedicado y feliz. Y si algún día llegase esta práctica a ser penada, todos iríamos derechito a la cárcel porque, no me van a dejar mentir, podremos estar libres de polvo, pero jamás de los jamases lo estaremos de paja (si nos consultan, opinamos que el creador de aquel desafortunado refrán –libre de polvo y paja ha tenido que ser un eunuco y además doblemente manco).

Pero no desesperemos. Cristo, sus clavos y la Virgen de la Macarena están totalmente enterados de que lo último que quisiéramos es abandonar nuestro confortable estado de novi@, espos@ o it’s complicated para arrojarnos al peligroso mundo del engaño y la doble vida.

Sin embargo, nunca estará demás tener una alegría brindada por el límite de lo permitido o gozar de una efervescencia gratuita que incluya un happy ending solitario. Y es que nada, amig@s mí@s, se disfruta más que la travesura personal de mirar al objeto de nuestro deseo prohibido y pensar para nuestros adentros: te dediqué una pajita esta mañana, baby.

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