LA VOCACIÓN, EL WAKA WAKA Y EL PRINCIPIO DEL FIN

Publicado: 10 octubre, 2011 en Anarkías, Infinita tristeza, Músicas, Mundo enfermo

Desde que el primero de nuestros antepasados sintió curiosidad y salió de su caverna hacia otras cavernas entramos en el proceso de globalización. Y desde que sintió ganas de quedarse con esas otras cavernas se dio inicio al jodido imperialismo. Se puede decir que la historia ha sido siempre la misma: Romanos, Incas, Medos, Nazis, Mayas y demás, sólo que ahora la lupa de la tecnología hace todo mucho más grande y los romanos de hoy tienen todos los satélites, armas de destrucción masiva y 144 mil canales de televisión. Nada de lo que pase en estos tiempos estará libre de su influencia y ninguna explicación o análisis contemporáneo podrá ser realmente objetivo o certero. Sólo queda un interpretativo recuento de los daños.

Si se hace a conciencia se podrá observar inmediatamente la total extinción de la lógica: nos atragantamos con recursos que sabemos que se van a agotar, incurrimos en actos irreversibles contra la naturaleza y el clima, inventamos enfermedades y armas que podrían asegurar nuestro exterminio, elegimos uno tras otros a los peores gobernantes, decidimos seguir peleando, atacando, invadiendo, usurpando. Por otro lado, los valores y costumbres inculcados por la cultura líder han empezado a demostrar serias fallas: los estados engañan, el periodismo oculta, la comida mata, la medicina es adictiva, los curas meten niños bajo sus sotanas y los adolescentes ametrallan a medio colegio cada vez que pueden.

De la misma inexplicable manera gran parte de la gente que conozco dedica su vida entera a trabajos que preferirían no estar haciendo. El motivo es obvio: la plata. Porque la necesitas, porque la codicias, por que es inevitable, porque es así. La mayoría no tiene elección. Hacen lo que hacen porque si no, no comen. En el mejor de los casos el trabajo es sólo un medio que te ayuda a conseguir lo que realmente quieres y, así, eres un afortunado esclavo que trabaja de lunes a viernes como desgraciado para poder disfrutar de una merecida resaca el domingo.

Me imagino que por una cuestión instintiva asumimos todo lo que nos enseñan como cierto y lejos de cuestionarnos nada nos lanzamos a la piscina vacía con la verdad de las cosas bien memorizada: nada se hace por que te gusta sino porque significa un buen negocio. Eso es en realidad lo que importa, cuanto me van a dar, cuanto voy a tener, cuanto voy a almacenar en mis manos. Como resultado en todas y cada una de las ocupaciones a las que se dedica el hombre y la mujer, salvo la de los bomberos y otros ejemplos de altruismo, ha desaparecido el concepto de vocación.

A mi donde más me jode esta ausencia es en el arte, específicamente en la música. Hoy el mundo de la música es el negocio de la música. Lo que fue una disciplina artística es ahora una manera de hacer dinero. La música es plata. O fama (que no es más que otra forma de plata). Por un lado, la educación mediática, la única que tenemos, le dice a los jóvenes que ser un músico exitoso es ser Arjona, Shakira o Ricky Martin. Y por el otro, el nuevo sentido y provecho de la música le advierte a los hombres de negocios que esta es una manera fácil y barata de hacerse millonarios. El resultado no podría ser peor: músicos que quieren ser como Arjona, preocupados por hacer un video que venda, o tener una canción que pegue y empresarios que harán lo imposible para convertirlos en oro puro, como por ejemplo pasar sus escuetas expresiones artísticas una y otra vez por la radio, televisión y cuanto espacio, rincón y esquina haya, hasta que estemos a punto de vomitar o comprar un disco de Shakira. Y la verdad, no sé que es peor. Lo que si sé es que ambos –neomúsicos y empresarios– hace décadas trabajan incesablemente, sin pestañear. Pero no buscando como hacer mejor música sino como hacer mejor negocio y eso nos tiene CAGADAZOS. Porque por sus billeteras no sólo pasaron los Beatles y demás músicos de fama mundial. Pasaron y pasarán artistas que creías sólo tuyos, como Luca Prodan, leyendas que jamás se vendieron como Bob Marley, astutos contraculturosos como Marilyn Manson y hasta la música folklórica y vernacular que en forma de reggaeton o huayno postmodernista cae en manos de Gianmarcos y Alejandros Saens.

Tal vez, debido a que el arte es una necesidad secundaria, no sientas que esto del desempeño sin vocación es una catástrofe. Permíteme utilizar un ejemplo más urgente: TU salud. Al igual que sus compinches del negocio de la música, los hombres de blanco (o mejor dicho, de negro) del negocio de la salud han estado trabajando incasablemente, no para conseguir curarte de tus enfermedades sino encontrando la manera más efectiva y rápida de sacarte bien o secarte bien, más bien. Por eso ofrecen paliativos en vez de soluciones. Para estos señores ninguna enfermedad es buena cuando se acaba. Laboratorios y hospitales están en constante conspiración contra TU salud, escatimando con las reales soluciones a tus problemas. De la misma manera te aseguro que la gran mayoría de médicos que ahora ejercen estudiaron medicina y se hicieron médicos básicamente por la misma razón: la ficha, el mercedez, el depa. Sin médicos que quieran realmente servir y ayudar al prójimo seguiremos teniendo postas donde la gente se muere porque no hay quien los atienda porque todos los practicantes están en la cabina chateando porque en realidad no les importa, y con jefes como los que tienen moviendo las industrias seguirán existiendo pepas que te curan el hígado pero te destrozan el bobo u hospitales que se niegan a atender emergencias porque los atropellados no tienen seguro.

¿Viste? Música, salud, comida, fútbol, administración de empresas, marketing, religión. Con todo pasa lo mismo, si tienes a la gente equivocada por las razones equivocadas no puedes esperar que el resultado sea el correcto.

La ausencia de vocación ha generado una baja en la calidad de las disciplinas. Peor música, peor salud, peores gobiernos, peores seres humanos. Pero también ha generado una distorsión en el sentido y función original de las mismas. Tomemos el ejemplo del Arte. Desde tiempos inmemoriales el arte ha sido un registro emocional de los hechos. Lo que significa que si algún día descubrimos que los libros de historia se equivocan o no existen podremos recurrir al arte para entender que sentían las personas en determinada época y en determinado sitio y poder así APRENDER. En nuestro caso, el ejemplo no podría calzar mejor: casi todo lo que sabemos de nuestros antepasados y sus culturas precolombinas se lo debemos al arte. Chavín, Moche, Chachapoyas, Nazca, Paracas, etc. Incluso en épocas más recientes como la Colonia, el Virreinato o la Emancipación, el Arte sigue siendo una de las fuentes más consultadas por los historiadores.

La historia nos dice qué paso. El Arte, que sintió la gente cuando esto pasaba. Eso hasta ahora. En estos bíblicos días tenemos a nuestros muchachos tan absortos en el tema de cómo llegar a la cima, al video ganador, al hit del verano, que ya nadie toca o canta sobre lo que realmente esta pasando, sobre lo que realmente nos importa o nos debería importar. La música ha perdido esa función. Los temas que una y otra vez escupe la radio son universalmente melódicos e infaliblemente rítmicos pero no dicen absolutamente nada de nada. ¿Y así lo dijeran, a quienes se lo estarían diciendo? Cómo la música ya no cumple una función relevante, su sentido se ha vuelto superficial para nosotros. Ahora escuchamos música para bailar, para sentirnos enamorados, recordados, todas cosas muy bonitas pero minúsculas para las tremendas capacidades culturales de la música. Tanto es así que el consumo de música, un acto históricamente grupal, se ha vuelto individual. No hay nada que compartir entre los sudorosos miembros de esa masa que lo único que quiere es olvidarse que es masa mientras baila el Waka Waka. Ningún código, ningún mensaje, ningún aprendizaje pues ya no escuchamos música para entendernos sino para entretenernos. Triste verdad.

Me aterra pensar que después de una hecatombe nuclear (una rabieta de la madre naturaleza o cualquiera que sea nuestro fin) la nueva gente quiera reconstruir nuestro pasado y basándose en el arte popular contemporáneo determine que TODO NOS PARECÍA BONITO y que la estábamos pasando recontra ASEREJE-JA-JE-JE.

Cabe la posibilidad, sin embargo, de que eso sea justamente lo que este pasando. Que llevados a un abismo cultural, educados sin ética ni principios, crecidos y forjados en un desierto moral, los jóvenes de hoy prefieran entregarse por completo al vacío vacilón, a la noche superficial que se cierne sobre nuestra cultura. Sin pensar en nadie ni nadies. Sin sentirse parte de nada. Sólo fantasmas con sueldos, carros y algo que hacer el fin de semana. Tal vez en nuestra sangre esta echada a la suerte de una manada que corre sin control hacia su propio exterminio.

O tal vez somos más instintivos de lo que la razón cree y sospechamos con las manos y los pies que en la próxima esquina se acaba todo. Presentimos en el cielo y sus colores que estos son nuestros últimos pasos. Nada de esperanza, muerte en cualquier cosa que se mueva. El ser humano sabe que sólo le queda vacilar. ¿Que harías si supieras que el mundo se acaba mañana? Lo mismo que los millones y millones de cerebros adolescentes que se fríen a la MTV todos los días porque para concha éramos un culo y ahora somos más. Cualquiera de las dos teorías, nuestro fin o el fin del mundo, viene a dar lo mismo. Panorama horripilante que plantea un deterioro y erosión cada vez mayor de nuestras culturas tradicionales a cambio de un Kentuky Fried Chicken en la esquina de tu casa o un Blackberry con Facebook perpetuo.

Yo personalmente prefiero pensar que NO. Que NI CAGANDO. Que las cosas aún pueden cambiar. Que nosotros aún podemos cambiar. Entendiendo lo que nos pasa, aprendiendo de lo que nos pasa.

Entonces, espero.

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