PRIMER ENSAYO SOBRE EL FASCISMO

Publicado: 13 diciembre, 2011 en Anarkías, Mundo enfermo

Ante los últimos acontecimientos ocurridos en nuestro país a raíz de que el Gobierno decretara el estado de emergencia en la Región Cajamarca a fin de que policías y militares tomen el control de la región norteña peruana para frenar 12 días de protestas contra el proyecto minero, a todas luces inviable, Conga, este humilde blogger dedicará en los próximos días una serie de artículos referidos a una lacra que parecer estar acechándonos nuevamente: el Fascismo. Quiera el universo que NO vuelva a aparecer pero los síntomas son más que evidentes. De igual manera, quisiera plantear una pequeña interrogante: históricamente ¿ha existido algún militar que no sea fascista?

Facismo Movimiento

El fascismo ha concebido la sociedad como si se tratase de una organización militar. Había de formar organismo vertebrado, en el que cada individuo ocupase un lugar determinado y desarrollase una función específica. En el seno de ese organismo no tenían cabida las discrepancias o disensiones.

Como en toda organización militar, la autoridad, la disciplina y la fuerza relegaban la igualdad, la libertad de acción y el pacifismo. La erradicación de todo aquello que contraviniese esos principios se llevó a cabo mediante el empleo de la violencia.

Entiendo por fascismo mucho más que un modelo político surgido en Italia antes de la Segunda Guerra Mundial, liderado por Benito Mussolini y más adelante tomado en el Tercer Reich. Utilizaremos la noción de fascismo para hacer referencia a un fenómeno que llega a sobrepasar el espectro político, en sentido estricto, para constituir toda una estructura de represión y dominación que limita al individuo y lo encadena con ataduras que reposan en el interior de la estructura de carácter de los asociados y distorsionan su percepción de la realidad, al punto de permitir el afloramiento de sentimientos colectivos, movidos por la necesidad de un líder, que los salve de la supuesta hostilidad del mundo exterior e, incluso, dentro de sus propias fronteras.

Este elemento es el primero y quizá el más importante de todos, ya que implica delegar la responsabilidad y la autodeterminación en las manos de una autoridad distinta a sí mismo; por tanto, en virtud del temor y la soledad que implica la existencia misma del ser como individuo y no como parte de una masa, el individuo delega su presente y su futuro a la voluntad de un extraño, en el que se materializan todos los valores e ideales que la sociedad represiva reclama.

Esto puede entenderse como el resultado de diversos factores que juegan en una infancia represiva, a tal punto que daría como resultado, por una parte, un individuo que solo reconoce la autoridad en sí mismo y vive buscando enemigos para justificar su agresión; por otro lado, y este es un resultado más general, la formación de un individuo que necesita imperiosamente una autoridad a la cual seguir, una autoridad que lo oriente, lo acepte y, sobre todo, lo proteja; es decir, la masa de derecha vive en la constante búsqueda de un “Padre”, proyectando en él un tipo de personalidad mesiánica, para que este sea quien lo libere y lleve de la mano hacia la llamada utopía autoritaria. En relación con esta afirmación, Theodor Adorno y Max Horkheimer, en el libro titulado Lecciones de Sociología, muestran cómo “queda por verse en qué medida la transferencia de la autoridad paterna a la colectividad modificó la constitución intrínseca de la autoridad misma, pero sería absurdo, de cualquier manera, identificar la crisis de la familia con la declinación de la autoridad como tal. La autoridad, al contrario, se vuelve más abstracta, y por lo tanto, cada vez más inhumana e inexorable. El ideal del yo agigantado y colectivizado es el espejo satánico del ideal de un yo liberado” (Adorno & Horkheimer, 1996, pág. 146).

Producto de esa visión, del mundo idólatra, se desprende y naturaliza la exclusión; la masa de derecha es excluyente por naturaleza; dada la necesidad de que exista un otro bélico; ese otro, siempre constituye una amenaza constante que legitima la represión, el sacrificio, el orden, la disciplina y la agresividad que se manejan y disponen, por lo cual no es extraño ver cómo aumentaron de forma considerable las células y grupos durante la Alemania del Tercer Reich; grupos y asociaciones sin ningún valor propio, con toda una parafernalia simbólica que buscaba cohesionar y desindividualizar la colectividad, en otras palabras, hacerla una “masa”, entorno a un sentido de pertenencia dirigido a una abstracción, en la cual se enmarca el grupo, en cuyo seno existía una estructura vertical a la cual se le debía todo. Estos grupos, propios de la sociedad atomizada, que fomentan la identidad de individuos carentes de la misma, solo tienen sentido para los mismos pertenecientes.

Se presenta una absoluta distorsión de la realidad: el individuo no vale si no es parte de determinadas colectividades, al punto que “el aislamiento se convierte en proximidad, la deshumanización, en humanización, la extinción del sujeto en su confirmación”; y de esta forma, “la socialización de los seres humanos perpetúa su asociabilidad, sin permitirle siquiera al inadaptado social enorgullecerse de ser humano” (Adorno & Horkheimer, 1996, pág. 44), petrifica el vínculo afectivo, y llega hasta la abnegación entre el llamado líder y su masa.

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comentarios
  1. genial lo que estaba buscando

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