VACANTE

Publicado: 2 enero, 2012 en Infinita tristeza

Dejo mi cargo vacante. Mi cargo de torpe, basta de meter la pata e insistir en romperme el dedo gordo pateando alguna piedra, basta de insistir en tomar un bus que abre las puertas y te las cierra en la nariz y las vuelve a abrir como si nada. Mi cargo de tímido, ¿por qué el miedo de sentarme solo en un bar con una cerveza en la mano? Mi cargo de justiciero de lo imposible, siempre soy el que le cubro las espaldas a los otros que quedan mejor que yo, el sacrificado, pues. Mi cargo de justiciero, que perdí –o se me rompió– mi capa de superman. Mi cargo de invisible que nunca supe ocupar del todo –siempre dejo visible un tobillo–.

Regalo (nadie querrá comprar ¿o sí?) mi cargo de jugador de segundo tiempo en este juego de locos (el tablero siempre obliga a los mismos pasos, el dado sólo tiene seis caras, las mismas siempre y no hay número 7). Boto a la basura (no se lo deseo a nadie) el cargo de triste. Encierro bajo siete llaves el cargo de monstruo (hay que dejarlo allí, hibernando, que uno nunca sabe cuando requiere ponerse de nuevo el disfraz).

Dejo vacante (sobre todo y es comprensible) mi cargo de amador, ya basta de querer de un solo lado, o de querer a quien no valora la querencia, o de querer sin mirar a quien de veras me quiere –o a quien de veras quiero– o de no querer y seguir creyendo que quiero. O quizás el cargo que he tenido en estos tiempos tampoco es de amador sino de estatua de mármol, objeto de exhibición a la distancia que otorga sin duda la piedra.

Dejo también otros cargos vacantes. Cargos de la vida, se entiende, que los cargos profesionales debo cargarlos a cuestas. Algunos amigos saben a qué cargos, a qué cargo en singular me refiero. Otros intuyen. Soy tan evidente. Otros me piden a gritos que deje ese cargo vacante, que quizás merezco un cargo mejor en una embajada en la estratosfera, o quizás merezco más bien andar sin cargo, andar de free lance de la existencia y aceptar contratos temporales, con todos los términos que dé, no la ley, sino la verdad de unos ojos que miren de frente.

Me quedo, por los momentos, con el cargo de atrevido, a ver si me atrevo, en realidad, a ser atrevido. Me quedo con el cargo de amigo, que me viene tan bien. El de desertor lo usé y lo tengo guardado en la mochila (junto con el cargo de rabioso, junto con el cargo de indeciso, junto con el cargo de escondido) por si acaso me arrepiento, pues abrir la mochila, mirar adentro, respirar hondo y seguir adelante. Y bueno, aún es que quedan cargos por ahí a la espera de este mal actor en busca de guiones, escenografía, vestuario y público. Al menos hasta nuevo aviso y sin premuras.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s