CAPITALISMO A CIELO ABIERTO

Publicado: 12 abril, 2012 en Anarkías, Infinita tristeza, Mundo enfermo

RECUERDOS DE UN FUTURO DEMASIADO CERCANO:

Se oyen los primeros rugidos. Las cóndores parten en vuelos urgentes sin ruta planificada. Los zorros andinos corren en círculos muy desorientados. Los sapos y las culebras se entierran lo más hondo que pueden, y se llevan las manos a unos ojos llorosos que nunca vieron (el mercurio, si no los mató, los volvió casi ciegos) nada igual.

Las gentes del lugar están atrincheradas en las orillas de las lagunas. Un par de jóvenes se han encadenado a dos árboles. No importa, el primer bocado llega puntual, y la excavadora traga media tonelada de laguna, bosque, flora y fauna. Así, bocados de excavadoras y explosiones de dinamita hasta cavar en el mismo ombligo del planeta Tierra un tajo de casi dos kilómetros de diámetro y por lo menos 800 metros de profundidad.

¿Por qué un bombazo así a nuestro globo terráqueo? ¿Qué pretenden enterrar? ¿No temen que de su interior emane el fuego del averno y les carbonice? ¿Cavan su tumba? ¿No les asusta poder ser tragados en un pliegue del terreno?

No, el interés del capital y su necesidad de multiplicarse es tan intrépido como insensato y repugnante.

No, el capitalismo busca en Marte, en Plutón o en las profundidades del subsuelo cualquier cosa que le dé de comer. Ahora en Conga, es la atracción por el oro lo que mueve su maquinaria pesada.

No, no hay barreras. Para el Proyecto Conga, el Estado Peruano ha encontrado 3,000 millones de dólares de capital de la Minera Yanacocha para la succión del oro durante los próximos 13 años. Para el hambre del pueblo nunca se encuentra solución.

No, no les preocupan los problemas técnicos ni ecológicos para depositar las 26,272 toneladas de escombros en dos lagunas desecadas ex profesa y perversamente para ello, pues de entre ellas rescatarán 750,000 onzas anuales del oro deseado. En suma, una montaña de escombros y la desaparición de todo un sistema hídrico para obtener unas 9’750,000 onzas de oro.

No, no habrá sequías para que brote su metal. De las lagunas Perol, Azul, Chica y Mala que pertenecen al pueblo cajamarquino tomarán el agua, la devolverán ácidamente contaminada; y los peces morirán; y la población enfermará.

No, sus corazones metálicos y fríos como el oro, no sabrán nada de sequías río abajo. Sus camiones cargados del metal circularán entre la miseria recién nacida en el territorio.

Y 13 años después, cuando el oro esté agotado (y el planeta anémico por la herida) entonces, como monumento a la codicia, la empresa minera hará del gran socavón un lago turístico donde los nuevos ricos navegarán en sus lanchas fuera de borda. Y presumirán soberbios de una gran vista. Desde Conga otearán lo que fue la verde y fabulosa zona de los bofedales de Celendín con sus árboles endémicos y su diversidad animal y vegetal. Pero no verán nada; será tan sólo y para siempre –gris e intoxicada– el gran tajo, la gran herida abierta de Conga.

Y este proyecto es apenas el primero de una larga lista de violentas acciones megamineras en contra de la naturaleza, impulsadas por el Gobierno de nuestro más que nunca tercermundista país, que nunca entenderá que la naturaleza es también sujeto de derechos.

El pueblo cajamarquino está en las calles, y clama que el agua vale más que el oro.

Y la verdad no contamina el alma. CONGA NO VA.

Nota: las cifras vertidas en este post han sido tomadas del Estudio de Impacto Ambiental preparado por Knight Piésold Consultores S.A. para el Proyecto Conga de Minera Yanacocha S.R.L., febrero de 2010.

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