Posiblemente no te hagan falta, ¿o sí? De cualquier modo, aquí 7 motivos para aborrecer a McDonald’s por el perjuicio que provocan en distintos ámbitos.

McDonald’s, la cadena transnacional de restaurantes de comida rápida más extendida y posiblemente frecuentada del mundo, también es, paradójicamente, una de las menos queridas, sobre todo por lo que representa, una suerte de síntesis de los peores efectos de un sistema que persigue la ganancia económica a cualquier costo, arrasando en su paso lo mismo con derechos laborales que con inmuebles de valor histórico e incluso la salud de sus clientes.

Esta aversión encuentra al menos 7 motivos concretos que, compilados originalmente por Lauren Kelley en el sitio Alternet, ofrecemos a continuación para acabar de una vez con la posible simpatía para con esta compañía.

1. MACDONALD’S EXIGE A SUS EMPLEADOS TRABAJAR EN NAVIDAD Y DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS SIN PAGAR TIEMPO EXTRA.

Las políticas labores de McDonald’s son una buena parte de sus ganancias: escamoteando a sus trabajadores derechos que de alguna manera se traducen en costos para la empresa. Por ejemplo, el pago extra que estos deberían tener en fechas especiales como Navidad o Acción de Gracias (en el caso de Estados Unidos), y el cual evaden asegurando que los trabajadores van a laborar esos días voluntariamente, por lo cual no hay por qué pagar tiempo extra.

2. LOS TRABAJADORES DE MACDONALD’S NO RECIBEN UN SALARIO JUSTO.

Marx aseguraba que el capitalismo se sostiene de la plusvalía: ese margen imposible de cerrar que existe entre el tiempo que una persona dedica a un trabajo y el pago que esta recibe por dicha actividad.

Sin embargo, aun en este contexto, los niveles de explotación pueden ser francamente injustos. En el caso de McDonald’s, se calcula que el empleado promedio tendría que trabajar 1 millón de horas —poco más de un siglo— para ganar tanto como un CEO de la empresa gana en un año (8.75 millones de dólares).

3. LA PUBLICIDAD DE MACDONALD’S ES “HORRIBLE Y DEPREDADORA”.

El Center For Science In The Public Interest realizó un estudio en el que concluyó que la publicidad de McDonald’s tiene serios efectos sobre la mente de los niños, aprovechándose de la poca experiencia de su entendimiento para convertirlos en clientes cautivos, presas de sus productos desde edades tempranas.

Asimismo, una investigación conjunta de la Universidad de Missouri-Kansas City y la Universidad Kansas Medical Center encontró que “muchos niños pueden identificar los arcos amarillos incluso antes de conocer la letra M”.

4. LA ENSALADA DE MACDONALD’S TIENE MÁS CALORÍAS QUE UNA HAMBURGUESA CON PAPAS FRITAS.

Aparentando incluir en su menú alternativas saludables, McDonald’s introdujo una ensalada César que tenía más contenido calórico que una de sus hamburguesas y una ración de papas fritas, juntas: 425 calorías y 21.4 gramos de grasa contra 253 calorías y 7.7 g de grasa de una hamburguesa común y 459 calorías y 16.7g de grasa añadiendo a esta una porción de papas fritas.

Por otro lado, la avena que se vende en algunos restaurantes de la cadena tiene, como todo alimento altamente procesado, algunos de los ingredientes más perjudiciales para la salud humana.

5. LAS HAMBURGUESAS DE MACDONALD’S NO SE DESCOMPONEN.

Hace un par de años Sally Davies, artista residente en Manhattan, hizo el experimento de dejar una hamburguesa de McDonald’s durante largo tiempo a la intemperie: sorprendentemente, esta nunca ha entrado en proceso de descomposición. Se trata del The Happy Meal Project.

6. MACDONALD’S HA USADO LIMO POR AÑOS.

Esta desagradable sustancia es uno de los ingredientes más usados por McDonald’s. Conocido como “pink slime”, “limo rosa”, se le destina sobre todo a los nuggets de pollo. En Estados Unidos y el Reino Unido se le considera ilegal para consumo humano.

7. MACDONALD’S ESTÁ POR TODOS LADOS.

En Estados Unidos, la única zona donde puedes conducir por más de 100 millas (160 km) sin encontrar un restaurante McDonald’s es el desierto en la frontera de Oregon y Nevada, un fenómeno que, si bien no en las mismas proporciones, se repite en casi todos los países del mundo, en un proceso de uniformidad gastronómica —con la peor alternativa posible, además— que amenaza la distinción cultural que identifica cada país, ciudad, región, etc.

Fuente: Alternet

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