¿NATURALIZACIÓN DE LA POBREZA Y LA RIQUEZA? REFLEXIONES EN TORNO A DOS ARTÍCULOS DE ALFREDO BULLARD Y GONZALO PORTOCARRERO

Publicado: 24 mayo, 2013 en Anarkías, Infinita tristeza, Mundo enfermo, Zoon Politikon
Por Carmen Ilizarbe

Esta semana apareció en El Comercio un artículo de título provocador y tono polémico de Alfredo Bullard “La sabiduría es causa de la ignorancia” en respuesta a un artículo de Gonzalo Portocarrero, publicado también en El Comercio: “El espejismo de las rentas”. Creo que ambos textos proponen temas de discusión importantes (definitivamente más importantes -aunque menos mediáticos- que el pseudo-debate alrededor de las preferencias culinarias de un escritor en su faceta de blogger) que conviene rescatar. Ambos artículos elaboran sobre la relación entre riqueza y pobreza ofreciendo visiones muy distintas al respecto.

Empiezo por reseñar brevemente el texto de Portocarrero. El punto central del artículo es que alrededor de la propiedad o apropiación de la renta (definida como “una ganancia desproporcionada que surge cuando los precios de un producto están muy por encima de sus costos de producción”) se generan conflictos que involucran a empresas privadas, al Estado y a la ciudadanía; pero también se vulnera la ética del trabajo y las posibilidades de construir una economía sostenible. ¿Cómo así? Pues porque cuando existe un excedente descomunal sobre los costos de producción (el valor del oro en el mercado -$1.600 la onza- en relación a su costo de producción -$300 la onza- es un clarísimo ejemplo ofrecido por Portocarrero) la pugna por la apropiación de ese excedente es inevitable pues no es obvio a quién debe -ética y políticamente, no sólo jurídicamente- corresponder esa renta. “¿Por qué la empresa habría de quedarse con la parte del león? ¿Por qué no la región o el Estado? ¿O los propios trabajadores?” se pregunta con razón Portocarrero. Las distintas respuestas corresponden a distintas posiciones en el conflicto por la renta. Y Portocarrero no asume ninguna de estas posiciones; más bien anota otro elemento que hace complejo el escenario de la disputa incluyendo en su análisis a los políticos que defienden políticas de redistribución estatal aprovechando el descontento por la privatización de la renta. Y cita a renglón seguido el caso de Venezuela en el que políticas estatistas han alimentado más bien la corrupción y el clientelismo erosionando así la ética del trabajo (tan importante para el desarrollo socio-económico) y extendiendo la corrupción con lo cual se atenta contra la posibilidad de construir una economía sostenible. El colofón del artículo es que sólo una sólida institucionalidad democrática que garantice una redistribución equitativa de la renta y la prioridad de la inversión social de la misma, permite el desarrollo social y económico. Portocarrero sitúa así el conflicto por el proyecto minero Conga en el terreno de la pugna por la redistribución de la renta de la producción minera y a la vez en el contexto de la práctica corrupta y populista que ha caracterizado (¿y caracteriza?) a los gobiernos del Perú. Propone entonces ampliar la discusión al terreno de la redistribución económica y al de su manejo político, y no sólo en el plano del impacto ambiental.

Interesantes puntos que ciertamente merecerían mayor debate. Los temas de los patrones de redistribución económica, de la apropiación de la exorbitante renta de actividades extractivas de productos no renovables, de la capacidad de estados centralistas, ineficientes y de manejo poco democrático de dichos recursos, son definitivamente clave en la discusión sobre el desarrollo socio-económico en países con altos niveles de pobreza y enormes brechas de todo tipo entre pobres y ricos. Podríamos añadir que hay también importantes distorsiones que se originan en el mercado y que afectan los precios de los productos e indirectamente los patrones de redistribución y el manejo político de las ganancias. O que una economía sostenible en el siglo XXI no puede separar el tema de la producción y redistribución de la riqueza del tema del cuidado del medio ambiente. Y también que existen desde las ciudadanías del siglo XXI interesantes cuestionamientos tanto a las empresas privadas, cuya mano bien visible interviene groseramente en los mercados, como a los sistemas políticos (no sólo el Estado) que permiten y ayudan a reproducir la plutocracia en el contexto de democracias puramente procedimentales.

Pero no son estos los temas que escoge Alfredo Bullard para responder en su artículo. Más bien su texto utiliza una cita en el artículo de Portocarrero para afirmar que la pobreza y la ignorancia son naturales, mientras que la riqueza se originaría en el esfuerzo y la innovación de “alguien” y gracias a la creación de instituciones como la propiedad privada, los contratos y las empresas (no necesariamente el Estado o el sistema democrático) que incentivan el esfuerzo y la innovación.

Bullard responde a una cita de Jurgen Schudt (“somos pobres porque, paradójicamente, somos ricos”) en el artículo de Portocarrero con la cual el autor hace referencia a la paradoja de que la cuantiosa riqueza financiera producto de las actividades extractivas no redunda en menores niveles de pobreza de las sociedades productoras. Es decir que las economías primario-exportadoras (como es y ha sido el caso del Perú) están asociadas a patrones de acumulación y de no-redistribución que contribuyen directamente a la reproducción y no reducción de la pobreza. Dicho de otro modo: el aumento de la riqueza no genera un decrecimiento de la pobreza.

Bullard ignora (no sabemos si voluntariamente o por ignorancia) esta alusión para más bien interpretar la frase en los siguientes términos: “la riqueza es la causa de la pobreza”. Es decir que no reconoce la paradoja ni la explicación detrás de ella, evitando toda referencia al tema de la apropiación y distribución de la renta ,para quedarse con el sentido más burdo posible de la frase. [Para ser justa, también lo hace El Comercio que pone como encabezado al artículo de Portocarrero el texto “Paradoja: ¿riqueza, causa de la pobreza?”.] Y a continuación ofrece una explicación inverificable sobre la existencia y persistencia de la pobreza:

“Es absurdo buscar la causa de la pobreza, como es absurdo buscar la causa de la ignorancia. La pobreza y la ignorancia son incausadas (sic). Ambas son el estado natural del hombre. Así aparecimos en la tierra. Nada causó ese estado. Al nacer estamos desnudos y somos ignorantes. Si luego de nacer no hacemos nada, permaneceremos en ese estado. Nada lo causó. Por ello, si somos pobres, es porque no generamos riqueza.”

Este es el corazón del artículo y conviene analizarlo en detalle. Ya dije que tiene poco que ver con el texto de Portocarrero y añadiré que su propósito evidente y principal es normalizar la pobreza y de paso asociarla a la ignorancia, a través de su naturalización conjunta. Bullard afirma que la pobreza es inherente al ser humano, y añade que la ignorancia también lo es. Encuentra evidencia en el hecho de que nacemos desnudos, asociando desnudez a pobreza, y probablemente la falta de lenguaje a la falta de conocimiento. Dejando de lado el argumento de que nacemos ignorantes (después de todo, cuanto conocimiento genéticamente transmitido e intuitivo traemos al mundo al nacer), lo primero que hay que decir es que aunque efectivamente todos nacemos desnudos (incluso en un comercial pro-minería en el que todas las personas de un pueblo tienen un casco puesto) no nacemos necesariamente en la pobreza. Los seres humanos somos seres sociales tanto como somos individuos y nacemos casi siempre en una familia y también en un grupo social. Es decir que aunque nacemos desnudos en términos estrictos, no lo hacemos en términos sociales puesto que nacemos en un sector socio-económico, en una cultura y hasta en una religión. Estos factores no son determinantes, claro que no. Pero sí es cierto que mientras algunos nacen en familias ricas otros nacen en familias con mediano ingreso y otras nacen en familias pobres y hasta paupérrimas. Algunos nacen en clínicas carísimas con todos los cuidados médicos posibles y otros en la calle, algunos son arropados con mantas finísimas y otros son incluso abandonados a su suerte, etc. Pongo etcétera porque creo que el argumento no es tan complicado y todos podemos entender el asunto de fondo: no existimos en un vacío a-social y a-histórico ni somos simplemente individuos desconectados de las complejas relaciones sociales, económicas y políticas que explican la existencia y reproducción de brechas sociales y económicas en nuestras sociedades. Es evidente que mucha gente rica no es ni innovadora ni se esfuerza, y que mucha gente pobre lo es y aun así no puede salir de la pobreza. No es pues absurdo buscar las causas de la pobreza como fenómeno social ni tampoco tratar de identificar los mecanismos sociales y políticos que permiten su reproducción y persistencia entre grupos sociales con características particulares. Lo absurdo es querer hacernos creer que no hay nada que hacer en el terreno de lo social y político y que todo depende de que empecemos a hacer algo simplemente como individuos.

El artículo de Alfredo Bullard no es en realidad una respuesta al artículo de Portocarrero sino más bien un pretexto para defender una creencia que cada vez parece más instalada en nuestro medio: que los pobres lo son porque no se esfuerzan lo suficiente, o porque son ignorantes, o porque no tienen capacidades creativas o innovadoras. Una afirmación que busca naturalizar también la riqueza, asociándola a la creatividad y el esfuerzo individuales implicando que todo es cuestión de voluntarismo, como si querer (y ser capaz) fuera poder, y como si el contexto histórico, social, económico y cultural no existiera. Sin estar necesariamente de acuerdo con todos los aspectos planteados por Gonzalo Portocarrero, pienso que en su texto se llama la atención sobre complejos e importantes problemas de distribución y redistribución económica, a su vez asociados a prácticas sociales y políticas, que inciden fuertemente en la brecha entre ricos y pobres que tan persistentemente se ha instalado en nuestra sociedad. El artículo de Alfredo Bullard carece más bien de análisis y referencias concretas mientras afirma sin mayores argumentos que la pobreza es natural y por lo tanto aceptable. ¿Por qué la mayoría de pobres viven en zonas rurales en el Perú? ¿Por qué son en promedio las mujeres más pobres que los hombres? ¿Porqué la lengua materna de los pobres no es principalmente el castellano en el Perú? ¿Por qué la violencia política causó más víctimas entre los y las pobres en el Perú? No son preguntas que tengan respuestas simples o únicas, pero sería interesante saber como podrían responderse desde el enfoque “naturalizador” de la pobreza y la riqueza de Alfredo Bullard.

Fuente: En Las Ramas (escrito hace 1 año aprox.)

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