LA MUJER MÁS BELLA DEL PLANETA TIERRA Y ALREDEDORES

Publicado: 4 julio, 2013 en Devaneos de cabeza

Se lo escribí hace días a un amigo. En realidad a dos. Sólo que a uno le detallé más el asunto por email. Conocí, le dije, les dije, a la mujer más bella del planeta Tierra y alrededores. A ver, aclaremos, porque uno de mis amigos no entendió, no es que conocí al amor de mi vida, tampoco fue que me enamoré. Reconozco que siempre he amado a seres más terrenales y, en ocasiones, rastreros. Fue que vi a la mujer más bella del planeta Tierra (y alrededores). Y por supuesto, me sentí mortal y ajeno a su imponente presencia, a su dulcísima voz, a esa sencillez de quienes lo tienen todo y no andan presumiendo de ello, sino más bien parece que les diera como un poquito de pena ser tan perfectos, tan hechos a la medida de los dioses. Esta, lo juro, caminaba flotando a unos 20 centímetros del suelo y sonreía natural y miraba de frente y escuchaba con interés las dos o tres anécdotas graciosas que pudo alcanzar a contarle este tímido disfrazado de atrevido, pero al que le quedaba tan bien el disfraz de atrevido. Quizás fue generosa, desde su altura y su aura de princesa, bajar un rato de su altísimo palacio y conversar con el más oculto de los plebeyos. Quise ser, de nuevo, Harrison Ford como amante o alguna dios parecido, para oír de nuevo la calma que produce su voz apacible, sus palabras sin soberbia, incapaces de mirar por encima del hombro a la gente normal y corriente, como yo, esos que nacemos, nos reproducimos y morimos (y en el interín tenemos altibajos, perdemos la compostura, derramamos el café sobre la camisa nueva, lloramos a moco tendido, lloramos de tanto reírnos, es decir, un clima demasiado variado, poco predecible por los meteorólogos). No me enamoré, que conste, ya alguna vez he dicho que soy un caso patológico de atracción hacia lo equivocado. Sólo me hizo constatar que la ficción –ésa, la de los cuentos de hadas y que al menos yo me obligo a no creer aunque en el fondo crea– camina en estos días por las calles de Lima, con bufanda y mirada al frente y no doy más detalles aunque no creo que lea este blog (y qué importa si lo lee, supongo que si se descubre aquí sonreirá, desde su perfección y no se sentirá más o menos perfecta, más o menos superior). Eso me mostró ella, que se puede ser perfecto sin ser superior, sin dañar, sin sacar nada en cara. Tiene, dije, la seguridad de su armonía, de su integridad, de su vida de cooperante, de la que no se exagera aunque está muy alto. La mujer más perfecta del mundo, con su sonrisa, su magia (sí) y su bella personalidad –porque para más colmo es absolutamente amable y tiene plena conciencia social– existe. Si usted –dama o caballero– la ha visto, seguro que pensará lo mismo que yo. Esa mujer existe para cuestionarnos, quizás, por qué casi siempre nos enamoramos tan mal.

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