EL GAS DE ESQUISTO O EL PROBLEMA DEL CRECIMIENTO INFINITO

Publicado: 22 septiembre, 2013 en Anarkías, Infinita tristeza, Mundo enfermo, Zoon Politikon
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El fracking es una burbuja como la inmobiliaria,
sólo que dura menos tiempo

Antonio Turiel, científico español

Mucho se ha venido hablando del gas de esquisto (shale gas) y de su método de extracción, el fracking, como la solución al cuasi perpetuo problema de energía de Estados Unidos pero lo que no se informa es que las compañías norteamericanas que se dedican a la extracción de gas de esquisto a través del fracking llegaron a perder 10 mil millones de dólares cada trimestre durante el 2010 y el 2011.

El fracking es una técnica de extracción de gas natural, que a diferencia de los métodos convencionales, se basa en la fractura hidraúlica de la roca madre (pizarras bituminosas) a varios miles de metros de profundidad. A través de la técnica del fracking, desarrollada por los estadounidenses, se crean fisuras subterráneas inyectando agua, arena y productos químicos para liberar el gas almacenado en las placas arcillosas. Esto permite hacer perforaciones horizontales y capturar recursos del subsuelo que antes no podían ser explotados. Lo que se obtiene es el “shale gas” o gas de esquisto, y en algunas zonas ya se ha encontrado incluso petróleo de esquisto. Este proceso utiliza peligrosos aditivos químicos, con efectos ecotóxicos demostrados, que ocultan su formulación bajo el derecho de patente. Según informó el diario El País, cada perforación requiere 200 mil metros cúbicos de agua combinados con 500 sustancias químicas. De estas últimas, 55 han sido identificadas como altamente tóxicas y otras ocho son cancerígenas. A manera de síntesis, cada perforación involucra cuatro toneladas de compuestos. Estos datos han demostrado que es necesario un cambio radical de rumbo y apostar por otro modelo económico que se aleje del crecer por crecer a ritmo desenfrenado. Las materias primas se agotan, las energías renovables no generarán suficiente rendimiento para seguir el ritmo del sistema y métodos como el fracking huelen a “estafa”. Hay que parar, analizar datos y girar el timón.

Estos proyectos que florecen en tiempos de crisis, buscan un interés económico a corto plazo sin considerar las consecuencias ambientales. Además se desmarcan de la actual estrategia energética global, que apuesta por el desarrollo y la eficiencia de las energías renovables. Su opción nos devuelve a una era energética de dependencia de unos combustibles fósiles casi agotados que finaliza. La idea de que volvemos a disponer de recursos ilimitados, no puede interpretarse más que como un recurso de marketing.

Para empeorar las cosas algunos poderes políticos y grupos económicos están presentando el fracking como la esperanza de la salida de la actual crisis económica y la reducción de las insostenibles tasas de desempleo en el Primer Mundo. Claramente han visto en el fracking su nueva forma de enriquecimiento. Todo apunta a una nueva maniobra especulativa impulsada desde las más altas instituciones.

No nos encontramos frente a una simple crisis económica, es una crisis sistémica diseñada por los que mandan, y que manifiesta sus amenazas simultaneamente en diversas áreas de nuestra realidad; social, ecológica, ética y política. El fracking no es una solución sino una propuesta oportunista que traerá nuevos problemas a los países castigados por las salvajes prácticas económicas.

Cuando se habla de los motivos de la crisis económica siempre se llega a las mismas conclusiones: que si la burbuja inmobiliaria, que si los ciclos económicos, que si las malas maniobras especulativas… Pero nadie ha planteado algo totalmente diferente: centrar las causas en el sistema energético.

El problema principal con que nos encontramos es la sostenibilidad de nuestro sistema económico. Estamos ante un modelo que se basa en el crecimiento exponencial y sistemático del Producto Bruto Interno (PBI) para generar empleo y lo aceptamos de manera acrítica. Esto implica que cuanto más tienes, más debes aportar. Es decir: con un crecimiento del 2.8% -que se consideraría normal-, duplicas el PBI cada 25 años y esto es un ritmo muy elevado.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE), entre otros, corrobora que para que haya un crecimiento de la economía debe haber un crecimiento del consumo de energía. Entonces, para poder crecer a estos ritmos exponenciales, la disponibilidad de energía que consumimos cada año debe crecer también exponencialmente.

¿Y qué pasa cuando estas fuentes de energía están llegando a sus límites?

Marcha del colectivo CCNB Action en contra de la explotación del gas de esquisto en New Brunswick, USA

Debemos entender que los problemas no comienzan el día que se agote la última gota de petróleo, lo hacen cuando la producción de petróleo no es capaz de seguir el ritmo desenfrenado que nuestra economía requiere. Y esto, de hecho, ha empezado a ocurrir ya, concretamente desde 2005, antes incluso del comienzo oficial de la crisis.

Es lo que se conoce como el peak oil, el momento en que la producción de petróleo ya no sube más y, tarde o temprano, comienza a decrecer. Es una situación que ya no se puede revertir porque para extraer petróleo, que además es cada vez más inaccesible y de peor calidad, se necesita gastar más energía y hay una cosa clara: en el momento en que cueste más energía extraer la materia prima que la que ella nos pueda devolver después, ya no tiene sentido. Y, como comentaba, hace 8 años que tocamos el límite.

Con el petróleo fue en 2005. Ahora se encuentra en una declinación ligera pero en menos de 5 años la tendencia comenzará a decrecer muy rápidamente. Aún así, existen sucedáneos del petróleo, que no tienen la misma rentabilidad, donde todavía el peak oil está un poco escondido.

El problema, por eso, no es únicamente del petróleo. ¿Qué pasa con el gas natural, con el carbón y el uranio? Estas tres materias primas aún no han alcanzado su máxima producción, pero se estima que lo hagan de aquí a 2020. Y debemos tener en cuenta que el combinado de petróleo, gas, carbón y uranio espera que alcance su máximo en 2018. Sin embargo, los especialistas creen que comenzará a disminuir antes, ya que para la extracción de estas materias primas se requiere el petróleo y este combustible es el que tiene una peor proyección.

Una de las consecuencias de este horizonte finito de las materias primas no renovables, que suponen el 92% del consumo de energía actual, es la utilización de métodos de extracción cada vez más agresivos, como es el caso del fracking.

El fracking es una estafa a gran escala. Se está intentando vender la idea de que es una fuente de energía que nos liberará de nuestra dependencia energética exterior, cuando en el fondo, específicamente en los EE.UU., se ha demostrado que ha sido una manera de arruinarse muy efectiva. Las compañías americanas que se dedican a la extracción de gas de esquisto llegaron a perder 10 mil millones de dólares cada trimestre durante el 2010 y el 2011, y en 2012, 10 millones de dólares al año. De hecho, la mayoría de empresas que se dedicaban a ello han quebrado. Parece que estos datos no llegan aquí. Más bien, los medios publican los contrario, tal como se puede apreciar en esta nota del Tromercio.

Se está intentando confundir a la opinión pública vendiendo la idea de que el gas de esquisto puede ser una salvación. Pero es un recurso de muy mala calidad, que cuesta mucho de explotar, que puede no ser rentable y que, además, dura muy poco. Y esto porque el gran problema del fracking es que tiene unas consecuencias medioambientales que no son despreciables.

El problema de fondo está claro: vivimos en un mundo finito, pero el sistema económico que nos abarca se basa en un crecimiento infinito. ¿Las energías renovables tienen la clave?

Aquí encontramos otro obstáculo. Las energías renovables están enormemente sobreestimadas. Es evidente que en un futuro a largo plazo no tendremos nada más que eso, pero haciendo las cosas muy bien podemos aspirar a que sólo nos brinden un 10 o 15% de la energía que consumimos actualmente. También hay que decir que quizás no deberíamos que consumir tanta energía por dicha razón. El problema es que nuestro sistema está viciado desde la base y es lo que tenemos que cambiar.

Resulta evidente que la única vía pasa por cambiar el sistema. Como no queremos oír hablar de modificar el sistema económico buscamos fuentes de energía milagrosas, pero en el fondo tampoco podrían sostener un ritmo infinito en un planeta finito. Acabaríamos chocando nuevamente contra algún límite. Y no nos detenemos a pensar que quizás el error de base es el propio sistema.

Aquí está la gran dificultad. Es relativamente sencillo plantear las características a las que queremos llegar: un sistema de economía estacionaria, de circuito cerrado, con energías renovables y donde todo se optimice al máximo y que se favorezca el cumplimiento de las necesidades y no el consumo por el consumo. Pero el reto es el momento de cambio. Por lo que hay que empezar por sensibilizar a la población, dado que los expertos ya son conscientes. Lo que pasa es que no se quiere sacar el debate a la calle para no generar miedo y desestabilizar los mercados aún más.

Hay pues, dos grandes retos: por una parte, romper los esquemas preestablecidos de la ciudadanía y, por otro, una cuestión de voluntad política.

No creo que el problema provenga de los ciudadanos. La verdadera resistencia es que los poderes económicos creen que tienen mucho que perder -aunque tienen más que perder aun si no se hace el cambio- y se oponen con mucha fuerza a cualquier idea que implique unos límites. Y los políticos están tan influidos por los grandes lobbies de poderes económicos que no tienen margen de maniobra y terminan actuando conforme al mandato de los grande grupos económicos de poder.

Los ciudadanos, como factor real de poder, deben exigir el cumplimiento estricto de la ley y poner sobre la mesa un debate claro de cuáles son los límites y de la necesidad de un cambio en el sistema.

Hay alternativas, pero debemos de apostar por las nuevas tecnologías que nos proveen de energías renovables, por el respeto al medio ambiente como fuente de salud bienes y servicios y por la promoción de formas alternativas de producir y de consumir.

Frente a la utopía y la insensatez de los que creen en el crecimiento infinito en un mundo cerrado, planteamos seguir abriendo el abanico de alternativas sostenibles para este hermoso territorio, que nos ofrece muchos de sus recursos naturales finitos y agotables.

Junt@s podemos evitarlo antes de que sea demasiado tarde.

Otro mundo es posible aquí y ahora.

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