Hola, mamá. Ya sé que no hablamos mucho de política tú y yo. Ya sabes que tampoco te suelo hacer muchas confidencias. Pero o te lo cuento o reviento: me he hecho pirata.

Verás, hace tiempo que seguía el movimiento de los partidos piratas. Como quizás ya sepas, se inició en el 2006 en Suecia a raíz del acoso a The Pirate Bay como un instrumento para intervenir en la agenda política para defender, sobre todo, la libertad de expresión. Quizás te sorprenda porque damos por supuesto que existe, pero lo cierto es que está amenazada. La mayoría de los gobiernos del mundo -incluido el nuestro- han encontrado algún motivo para vigilar nuestras comunicaciones y censurar contenidos.

En algunos sitios el motivo es político: no quieren que los ciudadanos tengan acceso a información o ideas que no son convenientes; en otros se aduce la amenaza terrorista; en muchos otros, la defensa económica de los propietarios del copyright a costa, por ejemplo, del derecho de cita.

El resultado: todos de acuerdo en que el cartero no solo lea el exterior del sobre (el destinatario y el remitente de nuestras comunicaciones), sino que lea la carta entera y guarde una copia por si las moscas. El otro resultado: partidos piratas en 60 países.

Los piratas no están en contra de los derechos de propiedad intelectual, sino de que los creadores puedan escoger qué tipo de licencia quieren para cada una de sus obras. Los piratas no son ni de izquierdas ni de derechas en el sentido tradicional, ni siquiera pretenden gobernar o dividir.

Los piratas están primero por los derechos humanos; después, por un ideario claro: transparencia, gobierno 2.0, cultura libre, privacidad, acceso universal a Internet y democracia directa. Todo lo demás se decide en asamblea abierta. Incluso, cuando ya se ha tomado una decisión, la discusión sigue abierta; pueden aparecer nuevos argumentos que cambien la percepción de los participantes.

Los piratas admiramos al pueblo islandés, que seleccionó a 1,000 ciudadanos al azar para sentar las bases de su nueva constitución, y a su parlamentaria Birgitta Jonsdottir -líder del partido pirata en ese país- que defiende que cada generación debería tener la oportunidad de escribir su propia constitución o que en una sociedad madura no se trata ya de educar al pueblo para que pueda participar, basta con informar.

Quizás el nombre suene muy radical. La realidad es que son personas normales a las que les preocupa que nuestros hijos -tus nietos- no puedan tener una conversación íntima jamás o que tengan que vivir en un mundo que limite -con la vista puesta en el pasado- las oportunidades que el futuro nos brinda.

Mamá, no me mires así… ¿Te has hecho pirata?

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