Duff, Izzy, Axl, Steven y Slash: la irrepetible formación original de Guns N’ Roses

¿Dónde está el nuevo grupo que haya capturado la imaginación de millones de adolescentes y jóvenes de todo el mundo y reine en la industria musical por encima de los productos prefabricados de la época? Si vemos qué grupos son capaces de congregar las mayores cantidades de público hoy en día, nos damos cuenta que son bandas muy veteranas las que actúan en los más grandes estadios: Rolling Stones, ACϟDC, U2… Cabe preguntarse por qué hace ya tantos años que no surge una banda joven a la que podamos denominar La Banda, con mayúsculas, destinada a romper moldes y reinar en la industria durante una buena temporada, desafiando a los veteranos dinosaurios ya establecidos. Tendríamos que remontarnos a 1989, cuando ese papel icónico de reyes del rock fue ocupado por una manada de desadaptados de Los Ángeles que ascendieron desde la nada más absoluta hasta la cima del negocio del espectáculo. Esta es la historia de cómo los Guns N’ Roses pasaron de tocar en tugurios y de dormir todos juntos en un garaje, viviendo del tráfico de drogas, de lo que podían gorrear a sus amantes de una noche o del dinero que mendigaban en la puerta de los clubes nocturnos, a llenar estadios y arrebatarles el trono a los grandes grupos de rock a los que ellos mismos habían idolatrado. Esta es también la historia de cómo el éxito sembró el caos entre sus miembros, estuvo a punto de matar a varios de ellos y terminó desintegrando el grupo que hubiese debido reinar durante más que unos meros cuatro o cinco años. Esta es la historia de los Últimos Héroes del Rock.

Y nada mejor para conocer el espíritu de un grupo de rock que conocer a sus integrantes.

Los inicios: Izzy y Axl junto a Chris Weber, con quien formaron el grupo Hollywood Rose, antecedente de los Guns N’ Roses.

Retrocedamos a 1980. Dos adolescentes recién llegados de la pueblerina Lafayette —en Indiana, esto es, en la América de las granjas, los campos de maíz y las iglesias evangélicas— hacen autostop para cumplir su sueño de visitar Nueva York. Sus nombres son Bill Bailey y Jeff Isbell, aunque el mundo los conocerá más adelante como Axl Rose e Izzy Stradlin. Tirando dedo de estación en estación llegan hasta la Gran Manzana y cuando ven un cartel que dice “Desvío: Manhattan” piden al chofer de turno que los dejen bajarse allí mismo. El conductor sabe que no es buen lugar para adentrarse en la ciudad: es 1980 y hablamos todavía de la Nueva York previa a la limpieza del alcalde Rudolph Giuliani. Una ciudad peligrosa, violenta, sucia, oscura, donde pueden matarte para robarte un par de botas. “¿Están seguros de que quieren bajar aquí?”. Pero la insistencia de los muchachos puede más que la prudencia y abandonan el auto para comenzar allí su aventura en la gran ciudad.

Empiezan a caminar y cuando se dan cuenta están atravesando un barrio marginal habitado únicamente por afroamericanos. Los dos muchachos de campo están completamente alucinados ante el sórdido panorama que tienen delante. En Lafayette no hay negros ni nada similar a un ghetto, así que Bill y Jeff se sienten tan desubicados como si estuviesen en otro país. Son los dos únicos blancos del lugar, llevan el pelo largo, pantalones rotos y botas de cowboy…. llaman la atención como dos ovejas entre una manada de lobos. Siguen caminando, abrumados por el paisaje urbano extraño e intimidante, completamente diferente a los plácidos campos de maíz donde han crecido. Los vecinos los miran con curiosidad, con hostilidad o con desinterés, pero nadie los molesta. Hasta que un viejo se planta súbitamente ante ellos y les grita a voz en cuello: “¿Saben dónde están?”.

Los dos muchachos retroceden, asustados. El hombre repite, otra vez gritando: “¿Saben dónde están? ¡Están en la jungla, chicos! ¡VAN A MORIR!”.

BIENVENIDOS A LA JUNGLA
Foto policial de una de las muchas detenciones de Axl Rose durante su adolescencia en la pacífica Indiana. Con el tiempo y la fama sólo iría a peor: no es buena idea tenerlo como vecino.

Foto policial de una de las muchas detenciones de Axl Rose durante su adolescencia en la pacífica Indiana. Con el tiempo y la fama sólo iría a peor: no es buena idea tenerlo como vecino.

Izzy Stradlin tuvo una infancia relativamente normal. De hecho fue el único de los cinco miembros originales de Guns N’ Roses que terminó la escuela y mientras vivió en Lafayette no causó grandes problemas. Tocaba varios instrumentos sin decidirse por ninguno y desde muy joven soñaba con formar un grupo de rock y triunfar en la música. Su carácter era tímido, reservado y tranquilo: todos quienes lo conocieron, antes y después de ser famoso, pensaban que Izzy era el sínbolo del individuo buena gente. Nunca se alteraba por nada, siempre estaba en su sitio.

Su mejor amigo, Axl Rose, era exactamente todo lo contrario. Procedía de un hogar problemático —su padre era un fanático religioso que les pegaba a él y a su madre con cualquier excusa— y el muchacho terminó desarrollando un carácter irascible y violento. Pronto comenzó a tener continuos problemas con la policía. Las cosas no mejoraron cuando descubrió que su padre biológico había sido en realidad el peor delincuente de la historia de Lafayette, un individuo tan detestable que nadie, ni su madre, quería siquiera mencionarlo (años más tarde, Axl supo que su padre biológico había sido asesinado a tiros en otro pueblo, como en los mejores tiempos del Lejano Oeste). El descubrimiento agudizó su tendencia a los arrebatos de ira incontenible y siguió engrosando su historial de delincuente juvenil, acumulando una buena cantidad de arrestos durante su adolescencia. Aunque Axl también tenía una faceta sensible —más o menos— y a menudo encontraba consuelo en la música, cantando y tocando el piano. Desde niño había cantado gospel en la iglesia y solía aprenderse discos enteros de Elton John al piano. Cuando Izzy Stradlin decidió marcharse a California para abrirse camino en la nutrida escena rockera de Los Ángeles, Axl le siguió los pasos: en parte para formar un grupo musical con su amigo, en parte para huir de los crecientes problemas legales que experimentaba en su Indiana natal.

Una vez en Los Ángeles, el apacible Izzy sucumbió a “los encantos de la gran ciudad” y se convirtió rápidamente en adicto a la heroína. Se estableció como uno de los traficantes callejeros más conocidos entre los drogadictos angelinos e incluso llegó a vender heroína a algunas estrellas de rock cuando visitaban la ciudad en sus giras. Axl, mientras tanto, vagabundeaba por las calles comiendo lo que encontraba y durmiendo donde podía. Si tenía suerte y se enrollaba con alguna chica podía pasar la noche bajo techo y saquearle la refrigeradora. Si no, se echaba a dormir detrás de un contenedor de basura o en algún callejón, debajo de unas escaleras de incendio. Los dos muchachos de campo pronto aprendieron que Los Ángeles no era un lugar tan confortable como Indiana, pero se acostumbraron a su nueva existencia de vagabundeo, drogas de mala calidad y vino barato. Vivir en las calles llegó a convertirse en una rutina normal. Un amigo de Izzy contaba después que un día lo acompañaba en auto y tras parar en un semáforo vieron a un vagabundo durmiendo en una parada de buses. Como si tal cosa, Izzy reconoció a su colega de Lafayette y simplemente dijo “mira, es Bill”… sin mostrar el más mínimo indicio de sorpresa por verlo tirado en las calles en aquellas condiciones.

El joven Slash nunca se adaptó a la mentalidad burguesa de su escuela, entre otras cosas por ser uno de los dos únicos alumnos que no eran blancos.

El joven Slash nunca se adaptó a la mentalidad burguesa de su escuela, entre otras cosas por ser uno de los dos únicos alumnos que no eran blancos.

Otra pareja de amigos, Saul Hudson —a quien todos llamaban Slash— y Steven Adler también habían abandonado sus hogares e intentaban formar una banda de rock. Ambos eran oriundos de la propia Los Ángeles (aunque Slash había nacido en Inglaterra, donde había vivido hasta los cinco años). Slash provenía de una familia bastante conocida en el negocio musical: su padre era un artista británico que había dibujado la portada de varios discos importantes y su madre diseñaba vestuario para grandes estrellas del rock, e incluso fue novia de David Bowie, quien durante un tiempo ejerció de padrastro del pequeño Slash (algo que el guitarrista recordaría años más tarde sin mucho entusiasmo). Pese a su origen acomodado, Slash no era feliz en su entorno. Acudía a una escuela privada donde todos los alumnos eran blancos excepto él —la madre de Slash era negra— y otro jovencito mulato llamado Lenny Kravitz (quien años más tarde se haría también famoso guitarra en ristre). Slash se sentía como un pez fuera del agua y terminó abandonando su casa y la escuela con la idea de abrirse camino por su cuenta en el mundo del rock. Dejó de usar su nombre real para que nadie en la industria musical pudiera asociarlo con su verdadera familia. De hecho, jamás usó ninguno de sus posibles contactos familiares para intentar llegar al éxito, más bien todo lo contrario. Cuando efectivamente consiguió hacerse famoso, a mucha gente en el negocio musical le sorprendió saber que aquel pedazo de chusma callejera provenía de una familia bien situada y había sido durante una breve temporada hijastro de David Bowie.

Por su parte, Steven Adler era el típico adolescente simplón y alegre sin más pretensiones que pasar un buen rato tocando la batería. Para él la vida era sencilla. A veces, demasiado sencilla. Cuando caminaba para visitar la casa de su colega Slash, el pequeño Steven atravesaba el más conocido barrio homosexual de Los Ángeles, el West Hollywood. Un buen día, un tipo mayor le atrapó de manera imprevista y le practicó una felación. Steven no tenía más de doce o trece años, pero a partir de entonces, cada vez que visitaba a Slash, aprovechaba la ocasión para pasearse por aquel mismo barrio (en sus propias palabras: “solía deambular por allí todo excitado”) esperando a que algún otro hombre le hiciera otro “favor”. Años después, a Steven Adler le sorprendía que la gente escuchara su relato con asombro. Él pensaba que la etapa de dejarse chupar el miembro por adultos completamente desconocidos formaba parte de la adolescencia normal de todo californiano. Pero, por lo demás, Adler era poco problemático y su filosofía vital era la de “vamos a pasar un buen rato”. Durante los primeros años de Guns N’ Roses, solía tocar su batería con una contagiosa sonrisa de felicidad que contrastaba con la seriedad de sus compañeros.

Steven Adler, o la vida hecha simple: el único "gunner" que sonreía entusiasmado durante las actuaciones, actuando más como el público de la primera fila que como un músico.

Steven Adler, o la vida hecha simple: el único “gunner” que sonreía entusiasmado durante las actuaciones, actuando más como el público de la primera fila que como un músico.

Estas dos parejas de amigos (Axl-Izzy y Slash-Steven) probaron con diferentes grupos hasta que entre la muchachada local Axl Rose se convirtió en el cantante más cotizado y Slash en el guitarrista más cool. En el ambiente de jóvenes rockeros se empezó a decir que tenían que formar un grupo juntos y así lo hicieron. Como Axl y Slash eran inseparables de sus respectivos colegas de la infancia, Izzy y Steven entraron también en el pack. A Slash nunca le gustó la idea de tener que tocar con otro guitarrista, aunque pronto hizo migas con Izzy y ambos empezaron a consumir heroína juntos, costumbre que arrastrarían durante muchos años. El grupo se completó con Michael “Duff” McKagan, un alto y carismático bajista recién llegado de Seattle, que había formado parte de la escena pre-grunge y que era el único “gunner” que tenía cierta experiencia musical “profesional”. Se ganó el respeto de sus nuevos compañeros gracias a sus conocimientos musicales y su carácter educado y amable. Eso sí, para entonces Duff era ya un alcohólico crónico que solía soplarse un mínimo de una botella de vodka al día. Era 1985: el año en que se formaron los Guns N’ Roses.

Los cinco jóvenes notaron algo la primera vez que ensayaron juntos. Como recordaba más tarde Duff, “en el momento en que rasgamos el primer acorde, allí había algo. Y todos lo supimos”. ¿Tenían un sonido limpio? No. ¿Tocaban siempre las notas correctas? No. ¿Estaban sus interpretaciones libres de errores? No. Pero tenían algo que no se puede comprar ni fabricar, y que es producto de un extraño tipo de química. Desprendían energía en estado puro, precisamente el tipo de energía que suele impactar a las audiencias jóvenes.

Aunque su (intento de) debut no pudo ser más descorazonador. Su primera “gira”, recorriendo la costa oeste hasta el norte del país, terminó convirtiéndose en una pesadilla cuando a la cochambrosa furgoneta que habían conseguido se le rompió el motor a mitad de camino. Tuvieron que caminar durante horas por el desierto, vestidos con sus ropas de cuero y llevando sus instrumentos a cuestas. El calor era terrible, sus cuerpos —que no eran un manantial de salud precisamente— estaban deshidratándose rápidamente y llegaron a pensar que iban a morir en cualquier parte. Prácticamente ningún vehículo quería parar a recogerlos debido a su desarrapado aspecto, e intentaron todas las tretas posibles para conseguir que alguien aceptase llevarles: a veces se ponía Axl a hacer autostop mientras los demás esperaban escondidos. A veces se ponían Slash e Izzy. A veces se ponían Steven y Duff. Probaron todas las combinaciones posibles. Cuando algún vehículo aceptaba recogerles, no siempre era por motivos samaritanos: un camionero intentó propasarse sexualmente con Axl, otro quiso que lo llevasen a comprar drogas. Con ese accidentado autostop llegaron finalmente a Seattle —en condiciones físicas lamentables— sólo para descubrir que en el local donde tenían que tocar había un irrisorio público de trece personas y que el resto de los conciertos que tenían se habían cancelado. Comieron y bebieron gracias a la caridad de las camareras, que se apiadaron de ellos cuando vieron su penoso estado. Sólo Duff pudo dormir bajo techo, ya que era originario de Seattle y su familia vivía allí; el resto tuvo que arreglárselas como pudo hasta que reunieron dinero suficiente para costearse el regreso a California. Como primer concierto aquella fue una experiencia bastante deprimente (ellos mismos bautizaron aquella abortada gira como el “tour del infierno”) pero cimentó la relación entre los cinco miembros del nuevo grupo y creó un ambiente de camaradería y hermandad que marcaría la vida del grupo… hasta la llegada del éxito, claro.

SEXO, DROGAS, ROCKANROLL… Y CUCARACHAS, MUGRE Y EYACULACIONES EN LA PIERNA

Izzy Stradlin subsistió varios años ejerciendo como traficante, hasta convertirse en una de las caras más conocidas en la escena heroinómana de las calles de Los Ángeles.

Sin oficio ni beneficio —aparte del tráfico de drogas de Izzy o los esporádicos y poco exitosos trabajos temporales del resto— los Guns N’ Roses decidieron alquilar un almacén de tamaño similar a un garaje para un solo auto para guardar allí sus instrumentos, sus amplificadores… y para vivir allí los cinco hacinados. En el almacén ensayaban, dormían, tenían sexo con sus primeras “groupies”, comían (cuando tenían algo que comer) y consumían toneladas de drogas y alcohol. En el almacén donde vivían solían reunirse sus primeros fans, adolescentes desorientados en busca de emociones, miembros de otras bandas y todo un muestrario de junkies, dealers y chusma callejera en general. Los Guns N’Roses organizaban fiestas a diario: el sexo indiscriminado, la música a todo volumen, la heroína, el alcohol, las peleas y un caos total eran el pan de cada día en el almacén y la calle adyacente. Axl seguía metiéndose en problemas con la policía, Izzy llevaba con toda tranquilidad su negocio de venta de heroína, Duff bebía cuanto podía, Slash bebía cuanto podía y además se inyectaba cuanto podía también y Steven —cuyo consumo de drogas aún era relativamente “normal”— seguía pensando que la vida era sencilla y se sentía inmensamente feliz por tocar la batería en un grupo tan cool, aunque para ello tuviese que malvivir en un mugriento almacén. Cohabitar tan estrechamente un espacio tan reducido reforzó los lazos de camaradería entre los miembros del grupo —sólo unos músicos jóvenes pueden ser todavía más amigos después de convivir en semejantes condiciones— pero el lugar no era demasiado cómodo y el concepto “intimidad” estaba sencillamente fuera de discusión. Un buen día Slash estaba haciendo el amor con una chica en el estrecho almacén, e Izzy, que hacía el amor con otra a muy poca distancia, intentó evitar un posible embarazo con la técnica del coitus interruptus… eyaculando sin querer sobre la pierna de Slash. Fue el día en que empezaron a pensar que necesitaban una nueva casa.

Eso sí: pese a todas las fiestas y el absoluto descontrol en que vivían, cuando había que ensayar o escribir nuevas canciones se lo tomaban muy en serio. En sólo unos meses tenían ya un buen repertorio, incluidos muchos de los temas que aparecerían en sus cuatro primeros discos. Aunque no gozaban de ningún tipo de promoción empezaron a ganar una buena base de fans a base de apabullar con su poderío a los jóvenes que acudían a verlos tocar. De reunir sólo a sus amigos pasaron a atraer a decenas de espectadores en cada concierto, más tarde cientos y finalmente lograron tener un público constante de dos o tres mil personas… algo insólito para un grupo que no tenía manager y que era totalmente ignorado por la prensa musical local. Su vigor en escena, su carisma callejero y la contundencia de sus canciones habían provocado un imparable boca a boca entre la juventud de la ciudad. Pronto, en todos los colegios e institutos de Los Ángeles se hablaba de los Guns N’ Roses y de su aplastante furia rockera. Las leyendas que circulaban en torno a los “chicos malos” de la escena musical de la ciudad no hacían más que acrecentar su atractivo.

Izzy (heroinómano y traficante de drogas), Axl (neurótico y violento) y Duff (botella de vodka diaria como mínimo): los novios que todo padre querría para sus hijas.

Las compañías discográficas pronto empezaron a recibir ecos de todo ese revuelo juvenil. Un día, un ejecutivo quedó sorprendido cuando al llegar a casa su hijo le preguntó por qué su compañía no contrataba a unos tales Guns N’ Roses. Cuando le dijo al muchacho que era la primera noticia que tenía sobre ellos, su hijo bufó despectivamente, casi escandalizado ante la idea de que su padre trabajase en el negocio musical y no conociese al grupo de moda entre la juventud de la ciudad. El nombre de Guns N’ Roses empezó a ir de oficina en oficina: había un fenómeno juvenil en torno a ellos, aparecido al margen de los cauces normales del mundillo discográfico y digno de ser investigado. Los cazatalentos de las compañías empezaron a interesarse por ellos y los Guns, ya fuese por sus conciertos en vivo o por sus maquetas, comenzaron a impresionar a la gente de la industria. Un ilustrativo ejemplo: Poison, uno de los grupos más prefabricados de la escena “sleazy” angelina, estaban por entonces grabando un disco, en un rápido proceso de ascensión hacia el éxito. En un descanso de la grabación, los miembros del grupo, junto a su productor, acudieron a un concierto de los todavía desconocidos Guns N’ Roses. Llegaron al club, pidieron unas cervezas y vieron el concierto. El productor permaneció en silencio mientras contemplaba el explosivo espectáculo de los Guns vaciando su furia sobre el escenario. Cuando la noche avanzó y las copas lo hicieron ser más locuaz, el productor abandonó su mutismo y se sinceró con los Poison: “no importa lo famosos que se vayan a ser o los discos que vayan a vender y no importa que estos Guns N’ Roses no sean nadie, que no tengan manager o que no tengan contrato discográfico… nunca, nunca, serán tan buenos como ellos”.

El grupo en los tiempos en que nadie quería parar a recogerles en una autopista. Aunque en realidad nunca nadie quiso parar a recogerles en una autopista ni aun cuando tiempo después se convirtieron en estrellas.

El grupo en los tiempos en que nadie quería parar a recogerlos en una autopista. Aunque en realidad nunca nadie quiso parar a recogerlos en una autopista ni aun cuando, tiempo después, se convirtieron en estrellas.

THE NEXT BIG THING O CUANDO LOS GUNS PUDIERON CENAR GRATIS

Los “gunners”, como se solía llamar a los miembros de los Guns N’ Roses, habían pasado varios años arrastrándose por las calles de Los Ángeles en una existencia miserable, siempre bordeando el hambre porque gastaban su escaso dinero en drogas e instrumentos, pero descubrieron un nuevo filón cuando las compañías discográficas empezaron a cortejarlos. Cada vez que un agente encargado de fichar nuevos talentos se citaba con ellos para una reunión de negocios, los invitaba a un buen restaurante. ¡Comida gratis! ¡Bebida gratis! E incluso a veces, si el agente era cool, ¡¡cocaína gratis!! Para los harapientos Guns esta era una oportunidad única… así que empezaron a reunirse con todos los agentes discográficos a la vista, dejándose invitar a todos los restaurantes que podían y dejando tras de sí considerables cuentas por concepto de comida y bebida. Jamás antes habían probado cosas como la langosta o el vino caro y no desperdiciaron la ocasión. Pero nunca llegaban a un acuerdo con los agentes y no firmaban con ninguna de aquellas discográficas. Estaban tan acostumbrados a vivir en las cloacas que sus miras eran muy cortas: comer gratis era mucho más importante que firmar algún tipo de contrato. Aunque, por su parte, los agentes solían quedar horrorizados cuando conocían a los miembros del grupo y descubrían de cerca la realidad: que dos de los músicos eran heroinómanos —uno de ellos dealer—, otro era un alcohólico irrecuperable… y el cantante, que parecía tener las drogas bajo control, tenía sin embargo una personalidad imprevisible y violenta. Los Guns N’ Roses aún no habían abandonado el local de ensayo, eran totalmente desconocidos excepto para los adolescentes de la ciudad… pero ya llevaban un autodestructivo tren de vida, como los grupos que ya han triunfado y vendido millones. Los cazadores de talentos se preguntaban si merecía la pena firmar un contrato con unos músicos que parecían condenados a una temprana muerte por sobredosis o a una inminente condena de cárcel… incluso antes de haber salido del anonimato.

Tampoco los propios Guns N’ Roses la ponían fácil para firmar un contrato; no parecían tener ninguna prisa por comprometerse con nadie o por grabar un disco. No estaban preparados para ver la música como un negocio. Por ejemplo, abandonaron una reunión desencantados porque el agente de turno no sabía quién era Joe Perry, guitarrista de Aerosmith (unos de los grandes ídolos de Guns N’ Roses). En otra reunión les ofrecieron una buena cantidad de dinero como adelanto y les prometían el oro y el moro, pero los “gunners” se limitaron a preguntar: “¿nos has visto tocar?”… y cuando el agente respondió que no, que nunca les había visto tocar, sencillamente se marcharon de la oficina sin firmar nada. A otra agente, una atractiva ejecutiva, le dijeron que firmarían con su compañía si ella accedía a pasearse desnuda por una calle de Hollywood. Los Guns N’ Roses podían no tener un céntimo, pero no estaban dispuestos a venderse fácil. Por entonces la música era lo más importante para ellos y los cheques no les interesaban lo más mínimo si para ello tenían que pasar por el aro de una compañía. Esta actitud despectiva hacia las posibilidades de progresar en la industria creó en torno a ellos un aura de autenticidad, de pasarse por el rabo las reglas del negocio mientras el resto de grupos de la ciudad estaban desesperados por firmar contratos y se prestaban a cualquier cosa. Los Guns no eran nadie pero se comportaban con altivo orgullo y anteponían su música al dinero, lo cual no hizo más que disparar su prestigio entre la juventud angelina.

Tom Zutaut, “descubridor” de Guns N’ Roses, junto a  Izzy, Slash, Axl y una groupie.

En esa época encontraron finalmente algo remotamente similar a una manager en la figura de Vicky Hamilton. Contactaron con ella porque era una de las pocas personas en Los Ángeles que podía conseguirles conciertos a los grupos noveles. No era fácil encontrar un sitio donde tocar sin tener que pagar por el alquiler del club y los Guns sencillamente no podían pagar el alquiler de un club. Axl Rose se presentó ante ella con un cassette en el que habían grabado varias canciones. Ella, bastante impresionada por lo que había escuchado, los amadrinó. Los dejaba dormir en su casa —ellos lo agradecieron transformando la casa en un basural— e invirtió tiempo y el dinero que no tenía para conseguirles un contrato. Cansada de ver cómo el grupo dejaba pasar oportunidad tras oportunidad —ya que, como decíamos, para los Guns las reuniones con discográficas eran poco más que la ocasión para comer de gorra— Vicky Hamilton organizó un concierto al que invitó de golpe a todos los agentes discográficos y cazadores de talentos de la ciudad. Ya era hora de que todos ellos vieran en directo cuál era el verdadero potencial del grupo.

Por aquel entonces estaba en Los Ángeles Tom Zutaut, el mayor cazatalentos de la compañía Geffen. Era uno de los agentes con más reputación del negocio debido a su conocimiento musical y su buen ojo para descubrir nuevos grupos (logró que Motley Crüe, Metallica y Dokken firmasen por Elektra). Había acudido a la ciudad con una orden clara de su jefe, el millonario David Geffen: encontrar un grupo de Los Ángeles al que mereciese la pena producir. Así que nada más llegar, Zutaut entró en una tienda de discos y preguntó al vendedor qué nuevas bandas de la ciudad debería ir a ver. El vendedor respondió: “sólo una”. Zutaut acudió a ver a los Guns N’ Roses en el concierto que había organizado Vicky Hamilton, junto a todos los demás cazatalentos de la ciudad. Estuvo viendo el concierto durante unos minutos, tras lo cual abandonó el club diciendo que los Guns N’ Roses eran una mierda y que no iban a llegar a ninguna parte. Muchos de los otros agentes se rascaron la cabeza: si lo decía Tom Zutaut, cuyo gran ojo para descubrir nuevas estrellas era bien conocido, es que probablemente era cierto. Así que los Guns N’ Roses no debían valer tanto como decía la gente.

La actitud, por así decir, “desenfadada” ante la vida de los Guns N’ Roses supuso un considerable escollo en la relación con las discográficas que querían contratarlos. En la foto, Slash y Axl con una amiga.

Pero Tom Zutaut sabía que muchos agentes no tenían realmente criterio a la hora de evaluar el potencial de grupos de rock, que no sabían distinguir una banda prometedora de una banda mediocre. Su escena en el concierto de los Guns diciendo que el grupo apestaba había sido una triquiñuela para despistar a la competencia y hacerles perder el interés. Zutaut quería a los Guns N’ Roses para él. Sentía que había visto algo grande. Para él, los Guns podían ser unos nuevos Led Zeppelin o unos nuevos Rolling Stones. Sí, tenían un sonido casi demasiado crudo, pero ¡aquella energía! ¡Aquellas canciones! Sobre el escenario de aquel club había visto el futuro de color de dólares. Al día siguiente de decir abiertamente ante los demás cazatalentos que los Guns eran basura, Tom Zutaut invitó al grupo a una reunión. Haciendo una vez más gala de su astucia no les habló de dinero, ni de contratos, ni les hizo grandes promesas. Sacó unos tragos y les habló de música, contándoles anécdotas de primera mano sobre Aerosmith o los Sex Pistols. Habló a los cinco jovenzuelos en su propio lenguaje y con ello se ganó su confianza. A la mañana siguiente, los Guns N’ Roses ya habían decidido firmar con Geffen… aunque pidieron a Zutaut que no lo hiciese público para poder seguir comiendo gratis a cuenta del resto de cazatalentos.

[La primera actuación de los Guns N’ Roses que fue retransmitida por TV tuvo lugar en un club neoyorquino, el Ritz, y fue grabada durante los meses de ascensión del grupo. Solían abrir sus conciertos con ”It’s So Easy”, la canción punk del bajista Duff McKagan con la que el grupo arrancaba como una locomotora, apabullando al público con su tremebunda energía. Como aún tocaban en escenarios pequeños, Axl todavía no pegaba carreras de un lado a otro—se limitaba a su célebre “snake dance”— y el contagioso entusiasmo de Steven Adler tras la batería era una de las grandes cartas visuales del grupo: VER VIDEO]

APPETITE FOR DESTRUCTION

Tras firmar el contrato, los Guns cobraron 75,000 dólares en concepto de adelanto por la grabación de un primer LP. Era la primera vez en sus vidas en que tenían algo de dinero, aunque como es de suponer no les duró demasiado. Axl ni siquiera pudo cobrar el cheque porque había firmado como W. Axl Rose en vez de con su nombre real, William Bailey. Tuvo que cambiarse legalmente el nombre para poder llevarse el cheque: después metió el dinero dentro de una media y lo escondió bajo el colchón: las viejas costumbres de vagabundo no se pierden fácilmente. Claro que al día siguiente no recordaba dónde lo había puesto y montó un alboroto considerable.

La compañía alquiló un departamento para que los cinco miembros siguieran viviendo juntos y abandonaran su antihigiénico garaje. Aunque la mugre los seguía allá donde iban: a las pocas semanas la casa que les habían cedido era ya tan inhabitable que un ejecutivo de Geffen estuvo a punto de vomitar cuando atravesó la puerta y vio el panorama. Los Guns N’ Roses acababan de firmar un contrato pero eso no los cambió lo más mínimo. Izzy seguía vendiendo heroína. Slash seguía usando su encanto callejero para mendigar dinero por los bares angelinos (algo que seguiría haciendo ¡incluso después de hacerse famoso!). Duff bebía cada vez más y nunca se iba a dormir sin tener a su lado una botella de vodka para poder empezar a beber nada más despertar. Axl seguía creando problemas allá donde iba, provocando peleas y engrosando su ficha policial; además de que su relación con su nueva novia, Erin Everly (hija de uno de los Everly Brothers) empezaba a mostrar serios indicios de violencia. Los Guns N’ Roses seguían siendo chusma, sólo que ahora que tenían un contrato firmado su prestigio en las calles era todavía mayor: tenían acceso a mejores drogas, empezaron a satisfacer sus fantasías con strippers y actrices porno y básicamente empezaron a llevar vida de estrellas del rock pese a seguir sin dinero, sin fama… y con un disco aún por grabar. Iba a resultar difícil encarrilarlos.

Mike Clink (junto a Steven Tyler de Aerosmith) no sólo sacó el mejor sonido posible de los Guns sino que fue uno de los escasos individuos que consiguió meterles en cintura.

Mike Clink (junto a Steven Tyler de Aerosmith) no sólo sacó el mejor sonido posible de los Guns sino que fue uno de los escasos individuos que consiguió ordenarlos.

Axl Rose rompió el vínculo del grupo con su primera manager, Vicky Hamilton. La compañía empezó a buscar un manager más profesional, pero resultaba casi imposible encontrar a alguien que quisiera encargarse de semejante muestrario de decadencia juvenil. David Geffen insistía ante los posibles candidatos en que los Guns N’ Roses iban a convertirse en la banda más grande de la Tierra, pero dichos candidatos sólo veían a una pandilla de junkies, alcohólicos y pendencieros que habían pasado años vagando sin control por las calles y que no tenían el más mínimo indicio de cómo comportarse de manera civilizada. Los Guns hacían que una banda de degenerados como Mötley Crüe pareciera casi gente sensata. Se probó entre otros con Tim Collins, manager de Aerosmith, que habían superado sus pasadas adicciones y habían vuelto a tener éxito: cuando le habló al guitarrista Joe Perry de la posibilidad de convertirse también en manager de unos tales Guns N’ Roses, Perry le respondió: “¿Estás seguro? Uno de ellos era el dealer que solía venderme heroína cuando la gira pasaba por Los Ángeles”. No hubo trato. Tampoco era fácil encontrar a alguien que quisiera producir la grabación de su disco. Un productor que Geffen quería contratar visitó al grupo en su nueva casa y nada más entrar encontró a Izzy y Slash, recién llegados de un fugaz viaje en coche a México, repartiéndose botellas de tequila y bolsas de heroína mexicana. El productor entró, contempló la escena y se marchó sin pronunciar una sola palabra. No volvieron a saber de él. Zutaut la estaba pasando mal, hasta que recordó la pasión de Axl por Nazareth (Axl cantaba con su voz “normal” hasta que Slash alucinó cuando le oyó entonar un día en la ducha el Hair Of The Dog, con su peculiar falsete, proponiéndole cantar siempre de esta manera). Así, hicieron venir de Escocia a su ya curtido guitarrista Manny Charlton. Todos respetaban su trabajo con Nazareth, pero no había química con él. Literalmente, era un tipo mayor y aburrido. Tras grabar las Sound City Demos, le dijeron el clásico “ya te llamaremos”.

Geffen, ya un poco asustado, propuso a Spencer Proffer, conocido por sus trabajos con Quiet Riot. Según Proffer, todo iba bien hasta que “esa noche iba a ser padre por primera vez, así que exigí a los chicos que fueran puntuales por una vez en su vida. Quería estar con mi esposa en un momento así. Quedamos a primera hora de la tarde, pero obviamente llegaron con retraso. Slash puso a mear en medio del estudio, mientras que Axl, tras vomitar en la mesa de controles, me suelta: “Spencer, vámonos de fiesta”. Indignado, le recordé lo de mi paternidad. Axl me contestó “Eres una mierda, o trabajas con Guns N’ Roses o eres un papi, las dos cosas no puedes ser”. Los eché a patadas de mi estudio y así finalizó mi relación con la banda”. ¿Y que tal Paul Stanley y Gene Simmons de KISS? A los 10 minutos de entrevista, cuando Simmons recomendó retocar Welcome To The Jungle, fueron mandados a la mierda. Geffen tenía un problema: pensaba —con razón— que tenía entre manos al grupo con más potencial del país, pero los Guns eran escoria y ningún profesional serio quería mezclarse con escoria. Se acabó, Appetite For Destruction no tendría productor. Sólo tendrían un ingeniero, lo harían figurar como productor en los créditos, y punto. Mike Clink, ingeniero en uno de los discos favoritos de Axl, el mítico Strangers In The Night de UFO, fue llamado a filas. Y, de paso, Alan Niven como manager, ambos básicamente porque nadie más los querían.

La grabación del primer LP de Guns N’ Roses, como era de esperar, requirió de un delicado trabajo de doma y reeducación. Los miembros del grupo empezaron la grabación concentrados e ilusionados y llegaron a comportarse de manera casi profesional. Pero pronto empezaron a dispersarse. Slash llegó a encerrarse en su habitación durante semanas, inyectándose heroína sin parar y saliendo sólo para comprar cigarrillos, mientras sus compañeros le esperaban en el estudio. La grabación empezó a retrasarse y fue un milagro que el productor Mike Clink consiguiera volver a ponerlos en marcha, pero lo hizo. Conforme la grabación avanzaba, el poderosísimo sonido del grupo y la calidad de su repertorio hizo que Geffen se frotase las manos: los Guns, efectivamente, podían convertirse en un bombazo.

La idea para el nombre Appetite For Destruction salió de una ilustración que le gustaba a Axl Rose: compraron los derechos para la portada original, pero fue censurada y cambiada al poco de salir el disco a las tiendas.

Pero una vez editado el disco, el triunfo no llegó fácilmente. De hecho, pocas veces —si es que ha sucedido alguna otra vez— una grabación de tanto éxito tardó tantísimo tiempo en empezar a vender. Cuando Appetite For Destruction salió a la venta en julio de 1987, no ocurrió absolutamente nada. La radio no lo pasaba. MTV se negó a emitir el videoclip original del primer single, Welcome To The Jungle, por considerarlo demasiado violento. Pasaron meses, Llegó 1988. Seguía sin suceder nada. El que suele ser considerado como uno de los mejores discos de rock de la historia estuvo a punto de quedar condenado a desaparecer del mercado sin pena ni gloria.

Entrado 1988, sin apoyo alguno de los medios, había funcionado un cierto boca a boca y se había vendido una cantidad honrosa, pero bastante discreta, de ejemplares. Pese a que las escasas críticas que la prensa se había dignado dedicarle al disco hablaban maravillas y efectivamente se comparaba a los Guns N’ Roses con varios de los grandes pesos pesados del rock (Led Zeppelin, Rolling Stones, Aerosmith) Appetite For Destruction estaba siendo sometido al ostracismo de los medios y el grupo continuaba siendo desconocido. Como último recurso, Geffen decidió convertir Sweet Child O’ Mine en el nuevo single de Guns N’ Roses. Grabaron un videoclip al efecto: si esa canción no tenía éxito, el disco no tendría éxito, porque era lo único parecido a una “balada” en el disco y estaba claro que los medios y la todopoderosa MTV habían rechazado el rock sucio y callejero que componía el 99% restante de la grabación. Mientras rodaban el clip, incluso el director del video pensaba que los Guns no llegarían a ninguna parte: sólo veía al típico grupo de melenudos de Los Ángeles con la típica canción de “somos chicos malos pero tenemos corazoncito”. Sin embargo tuvo que admitir que ante sus ojos estaba pasando algo cuando vio que varias de las chicas que trabajaban en el plató se agolparon en torno a los monitores comentando lo cool que era aquel grupo y lo buena que era la canción. Una vez más, resultaba evidente que la gente joven estaba viendo algo en Guns N’ Roses que algunas personas del negocio no eran capaces de captar.

Al principio MTV ignoró también el nuevo video, lo que prácticamente condenaba a los Guns N’ Roses al fracaso total. El éxito del grupo estaba teniendo un parto interminable y agónico, bordeando ya el aborto. El propio David Geffen, que nunca antes había intervenido directamente en la carrera de un grupo de su compañía, llamó a la famosa emisora de televisión para protestar: ¿por qué estaban dejando de lado a su nuevo grupo? La llamada de Geffen surtió efecto y el video comenzó a ser emitido por MTV… aquello lo cambió todo. La respuesta de los televidentes del canal fue inmediata… y explosiva. Se transformó rápidamente en el video más solicitado en la historia del canal. Siguiendo la estela, las radios empezaron a pinchar la canción y obtenían una reacción similar entre sus oyentes. Sweet Child O’ Mine empezó a sonar en todas partes y con ello las ventas del disco empezaron a aumentar espectacularmente.

Mientras Sweet Child O’ Mine iba derribando las barreras, Guns N’ Roses habían estado haciendo una gira de presentación como teloneros de The Cult, y cada noche habían barrido del escenario a los cabezas de cartel, hasta el punto de que los roadies del grupo inglés llegaron a boicotear el equipo técnico de los “gunners” para que no siguieran humillando a sus jefes (en honor a The Cult, hay que decir que aquel sabotaje fue idea de su personal, no suya, y que los músicos de “el culto” tuvieron buena relación con los teloneros; no en vano su batería de entonces terminaría formando parte de los Guns N’ Roses). También telonearon a Iron Maiden y nuevamente barrieron a los artistas principales hasta el punto de que los promotores empezaron a decir que los Guns deberían haber sido los cabezas de cartel y no los famosísimos Maiden. Estos, incapaces de admitir que sus teloneros los estaban aplastando ante su propio público, les retiraron por completo la palabra. Los Guns también tocaron junto a sus ídolos, Aerosmith, y también les robaron el show, aunque los Aerosmith —que atravesaban un buen momento en directo y fueron superados, pero no barridos— lo tomaron más deportivamente que Iron Maiden e incluso solían disfrutar los conciertos de los Guns desde un lateral del escenario. Eso sí, no se mezclaban con ellos en los camerinos: los veteranos rockeros de Boston intentaban mantenerse sobrios y alejados de las drogas, y los Guns N’ Roses no eran la compañía más recomendable con la que permanecer limpios y centrados. Con todo, Aerosmith, con cuyo sonido se les solía comparar a menudo y que eran probablemente su máxima influencia, fue uno de los grupos que mejor relación tuvo siempre con los Guns.

[Enlace: otra de las primeras apariciones de los Guns en televisión, tocando la semiacústica “Used To Love Her” en un talk show nocturno, con Axl Rose haciendo varios cambios de intensidad, en lo mejor de su poderío vocal. Se puede notar la histeria que ya empezaba a causar el grupo por la forma en que les recibe el público del estudio y por el graciosísimo gesto de incontenible curiosidad de la invitada que les ha precedido en el programa: VER VIDEO]

Izzy Stradlin, pese a su tendencia a la discreción en los escenarios, escribió el 80% de la música de Appetite For Destruction y mucha gente opina que sin él los Guns N’ Roses perdieron completamente la esencia.

Tras la explosión de Sweet Child O’ Mine, las ventas de Appetite For Destruction empezaron a contarse por millones. Guns N’ Roses empezaron a copar las listas de éxitos de muchos países. Toda una generación de adolescentes quedó prendada por la fuerza, el carisma y el apabullante halo de autenticidad e inmediatez del grupo. Tras una década en que los productos prefabricados habían dominado —y seguían dominando— las listas de éxitos, la música sincera, sucia y rabiosamente espontánea de los Guns N’ Roses era lo que los jóvenes de medio mundo querían escuchar. Incluso la prensa musical, finalmente, se rendía a los pies de lo que ya nadie negaba era el mejor disco de rock que había sido editado en mucho tiempo. Muchos grandes artistas de diversos estilos, desde Madonna y Tom Petty hasta Elton John o Metallica (antes del sonoro conflicto entre Axl y James Hetfield, claro) comenzaron a elogiar públicamente a los Guns e incluso a interesarse por colaborar con ellos, como Michael Jackson. David Geffen había tenido razón: dijo que los Guns N’ Roses iban a convertirse en la banda más grande del mundo y los Guns N’ Roses terminaron convirtiéndose en la banda más grande del mundo.

En sólo unos meses habían pasado de merodear por las calles de Los Ángeles —sin manager, sin dinero, sin casa y sin ningún atisbo de comportamiento civilizado— a aparecer en las portadas de las revistas musicales, transformados en iconos del rock. Como es lógico, semejante transición no podía suceder de manera tranquila y natural. Con la llegada del éxito, todas las disfunciones personales de la banda iban a explotar ante la atónita mirada del público y la prensa de todo el planeta. La chusma de las calles angelinas estaba ahora en lo más alto del negocio musical… que se vaya preparando el negocio musical.

Así pues, los Guns N’ Roses, tras haber tocado el cielo con los dedos, empiezan a descomponerse en una caótica espiral autodestructiva: sobredosis, cirrosis, chantajes, despidos, traiciones, tumultos en conciertos y muertes entre el público, detenciones, multitudes furiosas destruyendo escenarios, peleas y amenazas frente a otros grupos musicales, megalomanía y grandilocuencia a niveles surrealistas, videoclips ridículos, pianos colgando de ventanas, racismo, homofobia… todo lo que hizo que los Guns N’ Roses clásicos desaparecieran para siempre de la única manera en que podían desaparecer: provocando el Apocalipsis a su alrededor. Veamos.

«Yo tan sólo quería tocar en una banda de rock. Ninguno de nosotros pensó que un día estaríamos tocando más allá de Los Ángeles. Te aseguro que éramos gente realmente simple y que no había manera de prepararnos para el éxito. La única faceta de la estrella del rock que conocíamos era el drogarnos. Ya antes nuestra forma de vida era muy extraña y, cuando empezamos a tener éxito, esa forma de vida fue sencillamente peor. Volvimos de la gira, todos nos compramos casas… y empezamos a drogarnos todavía más. Antes de la gira no teníamos dinero, pero al volver nuestras cuentas bancarias estaban rebosantes y todo el mundo quería vendernos drogas, armas y toda clase de cosas increíbles». (Izzy Stradlin)

Agosto de 1988. El primer LP de los Guns N’ Roses, Appetite For Destruction, ha llegado al número uno de las listas mientras ellos giraban como teloneros de The Cult, Iron Maiden y Aerosmith. El repentino éxito del disco se ha producido de manera bastante insólita y repentina cuando ya parecía que no iba a llegar a ninguna parte, nada menos que un largo año después de su publicación. Pero a finales de aquel verano las ventas se cuentan ya por millones a nivel mundial y todo lo que los cinco jóvenes músicos habían soñado mientras ensayaban y vivían juntos en un garaje de Los Ángeles parece a punto de hacerse realidad. Sin embargo descubren que el estrellato era algo para lo que no estaban preparados. El dinero y la admiración de millones de individuos es sólo una de las caras de la moneda; la otra cara traerá sorpresas inesperadas y bastante desagradables. Entre otras, el incesante acoso periodístico: un grupo que meses antes había sido completamente ignorado por los medios iba a convertirse en un valioso material con el que confeccionar titulares escandalosos. Una noticia o una portada dedicada a los Guns N’ Roses pasó a ser en uno de los recursos más socorridos de los periodistas de medio mundo. El grupo iba a convertirse, literalmente, en “cebo” para la prensa.

MUERTE EN DONINGTON

En aquel verano del 88, los Guns N’ Roses viajaron a Europa por primera vez para tocar en el festival británico Monsters Of Rock, celebrado en Donington, en el Reino Unido. Los Guns se sentían muy excitados por la oportunidad: ninguno de ellos había pisado jamás el extranjero, excepto Slash, que había nacido en Inglaterra y había pasado allí sus primeros cinco años de vida (aunque después nunca había regresado). Era un momento especial: su primer concierto fuera de su país, ante una gran audiencia, justo cuando se estaban transformando en un fenómeno internacional. Ni siquiera eran cabezas de cartel en el festival, pero eran sin duda la banda más esperada y el público británico les recibió con tanta o más histeria que el americano. Un triunfo anticipado.

[Enlace: Axl Rose en una entrevista previa a su actuación en Donington, cuando aún se mostraba algo tímido frente a las cámaras y su ego aún no se había descontrolado. Aunque lo mejor es el final, cuando la entrevistadora pregunta a Izzy Stradlin “y tú, Izzy, ¿no vas a decir nada?”: VER VIDEO]

Donington 1988: desde el escenario Izzy y Axl contemplan con preocupación el caótico comportamiento del público.

Donington 1988: desde el escenario Izzy y Axl contemplan con preocupación el caótico comportamiento del público.

Los jóvenes que acudían a Donington —la irreductible turba de metaleros ingleses de los ochenta— constituían un público complicado. Las peleas eran algo común, así como los lanzamientos de objetos a los grupos que no eran de su agrado. Pero los Guns tenían al público de su lado, eran la sensación del momento y su concierto comenzó ante una multitud exaltada completamente entregada de antemano. Mientras tocaban, los cinco músicos vieron desde el escenario cómo se abría un hueco circular en el mar de espectadores, lo cual significaba que un grupo de ellos había caído al suelo y corrían el peligro de ser pisoteados por la fogosa muchedumbre. Preocupados, los Guns detuvieron el show, pidieron que se rescatara a los que habían caído y apelaron a la tranquilidad. Incluso el usualmente conflictivo Axl Rose apeló a la serenidad a través de su micrófono. Cuando el problema parecía resuelto, volvieron a tocar. Pero el público seguía fuera de sí (algunos veteranos de aquel festival describirían después el ambiente durante la actuación de los Guns como “una locura”) y el incidente se repitió un par de veces más, obligando al grupo a volver a detener el concierto. Asustados por lo que estaban viendo, los Guns N’ Roses decidieron tocar varias baladas para tranquilizar el ambiente. Al finalizar el show Axl se despidió del público con un elocuente “¡intenten no matarse!”. Los músicos caminaron hacia el backstage y pasaron junto al puesto de primeros auxilios, donde vieron a varios jóvenes sangrando como producto de peleas y tumultos. Pero nadie parecía herido de gravedad. Pensando que ahí había quedado todo y que el resultado final era triunfante —la mayoría del público y la crítica consideró su concierto lo mejor del festival, por encima de algunos pesos pesados del heavy metal que encabezaban el programa— se encaminaron al aeropuerto para emprender el regreso a los Estados Unidos.

Horas más tarde, mientras estaban esperando para embarcar en su avión, el manager Alan Niven deambulaba con el rostro desencajado en una mueca de aflicción; parecía casi a punto de llorar. Los “gunners” le preguntaron qué le sucedía y fue entonces cuando conocieron la noticia: poco después de haber terminado su concierto, mientras se esperaba la actuación del siguiente grupo, alguien en el público de las primeras filas había visto lo que parecía una mano sobresaliendo del barro. Empezaron a oírse gritos de terror. La mano pertenecía al cadáver de un joven espectador que había muerto pisoteado por la multitud y estaba semienterrado en el fango. Casi al instante se descubrió otro cadáver en idénticas condiciones, que sólo pudo ser identificado por la familia gracias a sus tatuajes. Eran las víctimas de los tumultos que los Guns habían contemplado con preocupación desde el escenario. La prensa y TV británicas se hicieron inmediato eco del suceso y automáticamente culparon al grupo de las muertes, acusándoles —falsamente— de no haber interrumpido el concierto para detener la escalada de violencia. La noticia llegó instantáneamente a Estados Unidos y al resto del mundo. Los medios de comunicación fusionaron los términos “Guns N’ Roses” y “escándalo” y ya no dejarían de hacerlo en lo venidero. Aunque por una vez se les acusaba de algo de lo que no eran culpables, los “gunners” —les gustase o no— iban a convertirse en un filón mediático durante los siguientes años. Los cinco músicos regresaron a su país con la tragedia en mente. Estaban horrorizados y abrumados por los sentimientos de culpa:

«Lo que cualquiera escriba o diga sobre el incidente no podría hacernos sentir aún peor. Está pesando mucho sobre nosotros. Nos importa una mierda el que los medios quieran convertirnos en el chivo expiatorio. Pero esto es algo me va a perseguir el resto de mi vida». (Duff McKagan)

«Lo que más me hunde es que, quien quiera que fuese, estaba de pie… encima de alguien. No puedes estar de pie pisando a alguien y no darte cuenta de que está ahí. Están tan preocupados de sí mismos y son tan egoístas que tenían que estar cerca del escenario, aunque alguien fuese a sufrir por ello y tuviese que morir bajo veinticinco centímetros de barro». (Slash)

…bienvenidos a la jungla.

HEMOS LLEGADO A LA CUMBRE, Y LA CUMBRE ESTÁ VACÍA

Tras la repentina y descomunal eclosión de su éxito, el grupo estuvo durante muchos meses casi totalmente alejado de los escenarios, aunque su aparente inactividad no impidió que su fama siguiera creciendo como la espuma. Era casi como una nueva “beatlemania”: se hablaba de ellos en todas partes, ocupaban portadas en todo el mundo, la televisión no dejaba de mencionarles con cualquier motivo (generalmente incidiendo en sus facetas más turbulentas), las radios emitían sus canciones constantemente. Musicalmente les empezaban a llover los premios y los elogios pero, en la faceta personal, el grupo estaba viniéndose abajo.

Duff McKagan sirvió de inspiración para la cerveza favorita de Homer Simpson.

Duff McKagan sirvió de inspiración para la cerveza favorita de Homer Simpson.

Ahora que estaban ganando dinero a espuertas ya no necesitaban convivir en un mugriento almacén y cada uno de ellos pudo comprarse una buena casa. Pero también podían comprarse más y mejores drogas para llenar el inesperado sinsentido de su nuevo estilo de vida. Todo cuanto habían conocido hasta entonces era el tocar música, beber y drogarse. Ahora, en los periodos en que estaban sin tocar, ¿qué les quedaba? Sólo beber y drogarse. El alcoholismo de Duff McKagan pasó a un estado más grave. Tenía veinticuatro años y su hígado era ya el de un anciano a punto de abandonar la tierra. Había aumentado su consumo mínimo de vodka de una a dos botellas, que más tarde se convertirían en tres. Duff, literalmente, no pasaba un minuto del día sobrio. Llegó a tener una botella de vodka en la mesita de noche para poder beber nada más despertar. Su colega de borracheras, Slash, solía apodarle públicamente “Duff, el rey de la cerveza”. De hecho, el creador de una nueva serie de televisión llamó por teléfono a Duff y le pidió permiso para usar su apodo como marca de una cerveza ficticia que aparecería en la serie. El tipo se llamaba Matt Groening y su nueva serie se titulaba The Simpsons.

Slash, por su parte, también estuvo fuera de control durante aquellos años. Su consumo de alcohol y heroína lo convirtió en una completa calamidad humana. Solía vérsele en los clubs de Los Ángeles mendigando dinero para copas y drogas —aferrado a sus viejas costumbres callejeras pese a que ahora ¡era millonario!— y más de una vez le encontraron completamente inconsciente, desprovisto de sus botas y demás pertenencias, que alguien le había robado mientras yacía sin sentido. Sufrió frecuentes sobredosis, a menudo en casas ajenas, poniendo a sus anfitriones en un serio compromiso además de poner en peligro su propia vida. Llegaba a desmayarse sobre su plato mientras cenaba en algún restaurante, ante la boquiabierta mirada de todo el mundo. Slash era básicamente un deshecho y quienes le conocían de cerca sólo se preguntaban cuánto tardaría en morir.

Por si alguien pensaba que el alcoholismo de Slash y Duff era un invento de la prensa, ambos acudieron completamente borrachos a una importante entrega de premios —los American Music Awards— retransmitida en directo para todo el país. Era el primer gran reconocimiento de la industria musical hacia los Guns N’ Roses, donde se les concedieron dos premios; Slash y Duff subieron al estrado a recogerlos tambaleándose visiblemente y balbuceando ante los micrófonos. En ambas ocasiones los discursos de agradecimiento de Slash (quien, literalmente, no sabía hablar sin decir “fuck”, “fucking” y “shit”, especialmente cuando tenía que sobreponerse a su timidez para hablar en público) fueron cortados rápidamente con una cortina musical. Sus groserías televisadas se hicieron célebres y Slash, de hecho, tiene el honor de ser el responsable de que las retransmisiones televisivas norteamericanas tengan un retraso de siete segundos respecto al verdadero directo. En el mismo evento, durante la rueda de prensa posterior, Slash y Duff comparecieron ante las cámaras todavía trago en mano y completamente ebrios, hablando entrecortadamente y a la vez, mientras los periodistas contemplaban atónitos el espectáculo (no se puede negar que Slash y Duff resultaban bastante hilarantes estando borrachos; parecían los típicos melenudos descerebrados que aparecen en algunas comedias estudiantiles norteamericanas). La excusa de ambos para justificar su embriaguez fue decir que no sabían que les iban a dar un premio ni que estaban nominados (¿qué?) y que por eso habían querido disfrutar de la fiesta…. como si no fuese ya de dominio público que ambos iban siempre borrachos a todas partes.

[Enlace: la cómica aparición de Duff y Slash ante los medios en los American Music Awards, balbuceando y hablando al mismo tiempo. Sabiendo la tragedia que el alcoholismo supuso para ambos, sobre todo para Duff, puede considerarse una escena triste en el fondo, pero francamente resulta difícil no reír contemplándoles porque son como dos carismáticos personajes de dibujos animados… en una entrega de premios, llegaron a subir al estrado ¡agarrados de la mano! He de admitir que la paso en grande cada vez que los contemplo en acción: VER VIDEO]

Durante los largos meses de para, el batería Steven Adler estaba tan desesperado por la inactividad que incluso llegó a pedir trabajo como ayudante de gira al grupo Great White (¡una estrella del rock que salía en las portadas y que estaba ganando fortunas, pidiendo trabajar como “plomo” para un grupo mucho menos conocido que el suyo!). La idea, obviamente, no tenía ningún sentido así que Adler, que se había mantenido alejado de la heroína, terminó sucumbiendo al aburrimiento y empezó a inyectarse también. Se dejaba ver por Hollywood disfrutando de su nueva fama y sumergido en una fiesta continua. Con los años, Steven Adler sería el “gunner” con más problemas en dejar las drogas y recuperar un estilo de vida normal.

Los problemas con las drogas provocaron la expulsión de Steven Adler. Años más tarde, Izzy comentó lo hipócrita que resultaba haberle echado cuando el consumo masivo de drogas era "la principal actividad del grupo"

Los problemas con las drogas provocaron la expulsión de Steven Adler. Años más tarde, Izzy comentó lo hipócrita que resultaba haberle echado cuando el consumo masivo de drogas era “la principal actividad del grupo”

Los Guns N’ Roses intentaron empezar a grabar su siguiente disco, pero Axl no solía aparecer por el estudio y Steven Adler sencillamente no estaba operativo: a menudo era incapaz de mantenerse erguido en el asiento de su batería a causa de sus constantes “viajes”. Los demás empezaron a considerar la idea de echarle (excepto al parecer Izzy Stradlin, quien comentó años después que le había parecido absurdo expulsar al batería por drogadicto cuando el consumo de drogas era “la principal actividad de nuestro grupo”). Sea como fuere, los Guns salieron de su ostracismo para actuar en el festival benéfico Farm Aid, que Willie Nelson y Neil Young organizaban en favor del sector agrícola estadounidense, sumido en una honda crisis. Guns N’ Roses eran ya la banda más grande del momento y accedieron a tocar dos canciones para la causa. Pero, según la versión de Steven Adler, Axl decidió cambiar el repertorio sobre la marcha anunciando, sobre el mismo escenario, que iban a tocar Down On The Farm (“la única canción sobre granjas que conocemos”), un viejo tema punk de los británicos U.K. Subs. Todos en el grupo se sabían la canción… excepto Steven, quien sentado tras su batería escuchaba cómo tenía que tocar una canción que ni siquiera había oído. Era, según Adler, la forma de Axl Rose de hacer que la cagase delante de todo el país y así tener una buena excusa para expulsarle de la banda. La jugada no salió: Adler, aterrorizado, pidió ayuda a Duff McKagan (“¡Duff! ¡Duff! ¿Qué hago?”) y el bajista se acercó a él y le indicó el tempo de la canción: “simplemente haz esto: bum, bum, bum”. Steven Adler, ayudado por el instinto, sacó el tema adelante. Los Guns sonaron como un trueno, atacando la canción con su característica energía: Axl vomitó la letra con un falso acento británico y el grupo hizo una gran actuación. Aunque Steven Adler salvó su reputación en aquella ocasión, eso no impidió que fuese finalmente expulsado. El Farm Aid fue la última vez en que los Guns N’ Roses originales se juntaban sobre un escenario. En opinión de muchos —incluido el propio Izzy Stradlin—, tras la expulsión de Steven Adler, los Guns nunca volvieron a sonar igual.

[Enlace: el festival Farm Aid, la última canción que la formación original de los Guns N’ Roses interpretó sobre un escenario. En la filmación, antes de empezar a tocar el tema y si uno se fija bien, puede verse al fondo cómo Duff e Izzy le dan alguna indicación al batería. Duff también parece decirle algo al finalizar el solo de Slash, cuando la batería tiene que parar y también se acerca a indicarle el final de la canción. Una poderosísima actuación, el canto del cisne de los Guns ‘N Roses originales y el repentino fin de una banda que sólo aguantó íntegra un año de éxito… “good fuckin’ night!”: VER VIDEO]

Tras el despido de Steven, ficharon a un baterista mucho más profesional, Matt Sorum, quien pese a su evidente superioridad técnica sobre Adler nunca consiguió reproducir el “feeling” original de los Guns N’ Roses. Steven Adler era un batería mucho más limitado, pero por algún motivo tenía el pulso correcto para la música del grupo: sus ritmos tenían más “groove”, eran más orgánicos y bailables que la seca perfección de metrónomo de Sorum.

LA TIRANÍA DE AXL ROSE

Compartir escenario con los Rolling Stones supuso para Izzy Stradlin cumplir el sueño de toda una vida. Mientras, Axl Rose tomó nota del sistema dictatorial impuesto por Mick Jagger en su banda.

Axl Rose seguía siendo el único “gunner” que no tenía grandes problemas con las drogas o con el alcohol, pero eso lo compensaba con el hecho de que tuviese problemas con prácticamente todo lo demás. La fama disparó sus neuras a niveles absurdos y comenzó a rodearse de terapeutas, consejeros, chamanes y mediums, mientras desarrollaba una extraña relación de amor-odio hacia la prensa y sus volátiles cambios de humor empezaban a dinamitar la imagen pública —ya de por sí mala— de la banda, causándoles serios dolores de cabeza a sus compañeros. Empezó a adquirir la infame costumbre de elegir el momento menos indicado y el lugar menos preciso para soltar los trapos sucios delante de todo el mundo. Por ejemplo, cuando los Guns N’ Roses recibieron una oferta única: telonear a los Rolling Stones en el largamente esperado retorno del legendario grupo británico, en cuatro conciertos seguidos que tendrían lugar en el Coliseum de Los Ángeles. Un verdadero sueño: los Guns, en su propia ciudad, iban a telonear a unos de sus mayores ídolos.

Pero el primero de los cuatro conciertos se convirtió en un espectáculo esperpéntico cuando tras un par de canciones Axl dijo ante el público y las cámaras que si “ciertas personas” en el grupo —refiriéndose sobre todo a Slash— no dejaban la heroína, aquella sería la última actuación del grupo. Lo soltó así, en directo, ante miles de espectadores, sin que sus compañeros supieran una palabra de antemano. Nunca antes en la historia del rock de estadios alguien había aireado trapos sucios de aquella manera sobre el mismo escenario. Incluso Mick Jagger aludió a ello durante la posterior actuación de los Stones, dedicándole irónicamente una canción a Axl diciendo “mocoso, cierra la boca”. Eso sí, si Axl Rose pretendía robarle las portadas a los Rolling Stones en su esperadísimo retorno la verdad es que lo consiguió, aunque a sus compañeros de grupo no les hiciera ninguna gracia. Pese a la amenaza del cantante de disolver el grupo aquel mismo día, las cosas se arreglaron y los Guns tocaron las tres fechas restantes (de no haber cumplido su contrato hubiesen tenido que pagar una millonada en concepto de indemnización a los Stones). Axl e Izzy incluso salieron a acompañar a los Stones durante el cuarto y último concierto: algo que nunca se habían atrevido a imaginar durante su adolescencia en la pueblerina Lafayette. Para Izzy Stradlin, particularmente, tocar con los Stones y ensayar en el camerino con Keith Richards era la culminación del más absurdo de sus sueños.

El tiburón Axl dándole un bocado a una rosa... una perfecta metáfora de lo que hizo con el grupo.

El tiburón Axl dándole un bocado a una rosa… una perfecta metáfora de lo que hizo con el grupo.

Durante esos cuatro conciertos, Axl Rose observó el funcionamiento interno de la legendaria banda británica y se percató de cómo Mick Jagger controlaba hasta el último detalle de las giras en plan dictador. Rolling Stones eran una empresa en la que Mick Jagger era el jefe mientras el resto —incluido Keith Richards— ejercían como simples empleados. Esa visión dictatorial del negocio así como la grandilocuencia que rodeaba las giras de los Stones marcaron profundamente a Axl: decidió que eso era lo que él quería para los Guns N’ Roses. Cuando los Guns viajaron a Brasil para participar en el megafestival Rock In Rio, el cantante llevó a cabo su plan para controlar definitivamente al grupo. El concierto en Brasil era uno de los más grandes de los Guns hasta la fecha: un público de centenares de miles de personas, cobertura televisiva mundial, ¡no podían fallar!… sólo que justo antes de salir a tocar Axl apareció ante sus compañeros con un contrato en el que, básicamente, se le cedían a él todos los derechos de propiedad de la marca “Guns N’ Roses”. Les dijo sencillamente que o firmaban todos aquel papel o él no salía a cantar. Eso, a minutos de empezar el concierto, con los rugidos del público de fondo y con el enorme nivel de estrés que se experimenta justo antes de un acontecimiento de esa magnitud. Sus compañeros no podían creerlo, pero pensando que era una mera bravuconada, empequeñecidos por la presión del momento, sin saber muy bien qué clase de documento era aquél y pensando solamente en que era urgente salir a tocar y cumplir con su actuación, firmaron. Pero no, no era una bravuconada. Era un contrato cuidadosamente redactado por los abogados de Axl. Su cantante les acababa de apuñalar por la espalda, acababan de cederle la propiedad exclusiva del grupo. Axl ya era un nuevo Mick Jagger, tal y como había querido.

No sería, ni mucho menos, la única jugada de Axl a sus compañeros en aquello tiempos. Cuando se publicó un disco recopilatorio con canciones antiguas y algunos temas acústicos, titulado G N’ R Lies, Axl Rose se empeñó en incluir la canción One In A Million, cuya letra era bastante peliaguda debido a sus alusiones despectivas hacia negros, inmigrantes y homosexuales. Aunque el cantante insistía en que había que interpretar aquellas frases en su contexto, todos en el grupo se oponían a que la canción fuese publicada. Podía haber estado bien como canción irónica si hubiesen seguido siendo una banda desconocida de Los Ángeles, pero ¿ahora que tenían a toda la prensa mundial detrás se iban a arriesgar a ofender a miles, incluso millones de personas? ¡Mala idea!

Slash junto a su madre, una de las muchas personas de raza negra ofendidas por la letra de Axl Rose en One In A Million. El guitarrista se sintió dolorosamente avergonzado por todo el asunto.

Pero Axl, como ya empezaba a ser costumbre, se salió con la suya. Mediante su habitual mezcla de chantajes y manipulaciones, consiguió que sus compañeros accediesen a editar One In A Million a cambio de incluir una nota aclaratoria en la carátula del disco. La nota era una especie de disculpa previa por si a alguien le ofendía la letra de One In A Million y se aclaraba que el grupo no era ni racista ni homófobo. El propio David Geffen, jefazo de Geffen Records, era homosexual y de hecho había sido una de las primeras celebridades americanas en salir públicamente del armario. Pero como es obvio una nota en letra pequeña no iba a servir de nada si la prensa decidía convertir la controvertida canción en noticia. Y, claro, la prensa la convirtió en noticia. El escándalo fue considerable —especialmente por la inclusión del término racista “niggers”— y más aún cuando el recopilatorio, que era el primer disco que publicaban desde Appetite For Destruction, llegó también al Nº 1 de las listas. Mientras Axl seguía justificando la letra de One In A Million e insistiendo en que estaba siendo incomprendida, el resto de los Guns se sentían penosamente avergonzados cada vez que el grupo era acusado de racismo, homofobia e intolerancia. Slash —que es medio negro, por si alguien no se había dado cuenta— fue quien peor lo pasó. Habló por teléfono con su madre —que era no medio, sino completamente negra— y ella sólo le dijo que no había oído la canción (después, el hermano pequeño de Slash le dijo que en realidad su madre sí había escuchado One In A Million pero que había sufrido tal shock que no había sabido qué decirle a su famoso hijo). El guitarrista no sabía dónde meterse; él, que había sufrido racismo en la escuela, estaba ahora en las noticias porque su grupo era acusado de despreciar a los negros, a su propia sangre. No menos abochornado estaba Duff McKagan, uno de cuyos hermanos estaba casado con una mujer negra. Axl empezaba a hacer las cosas “a su manera” y a sus compañeros ya sólo les quedaba seguir sintiendo vergüenza ante sus madres, sus hermanos, sus cuñadas y básicamente ante todo el resto del planeta. Empezaba la Era de Axl.

LA GIRA MÁS CAÓTICA DE LA HISTORIA

En 1991, la aparición del segundo LP del grupo, Use Your Illusion (cuyo título, al igual que el de Appetite For Destruction, procedía de una ilustración que le gustaba a Axl) volvió a sacudir las listas de éxitos. Los dos discos dobles, Use Your Illusion I y Use Your Illusion II coparon los dos primeros puestos de las listas de ventas estadounidenses y fueron también un gran éxito en el resto del mundo. Guns N’ Roses, el grupo que tres años antes malvivía en un almacén californiano, eran ya oficialmente una máquina de fabricar dinero. Aunque la crítica no fue benevolente con los Use Your Illusion y a muchos fans les descolocó la grandilocuencia del “doble disco doble”, buena parte del poder y la energía de su música seguía estando allí. Sólo se echaba de menos el groove de Steven Adler. Ni siquiera la inminente explosión de Nirvana y el “grunge” afectó el estatus de Guns N’ Roses como banda más grande de la Tierra

A Axl, los disturbios de San Louis le costaron una detención y un juicio, como durante su adolescencia en Indiana.

A Axl, los disturbios de San Louis le costaron una detención y un juicio, como durante su adolescencia en Indiana.

Eso sí, cuando decidieron volver a salir de gira —por primera vez como cabezas de cartel— Axl Rose se las arregló para seguir haciendo del nombre del grupo un sinónimo de caos y titulares escandalosos. Su personalidad irascible, su creciente megalomanía y la incapacidad para contener sus impulsos incluso en mitad de una actuación empequeñecieron las hazañas del que hasta entonces había sido el más imprevisible “bad boy” del rock sobre un escenario, Jim Morrison. La lista de incidentes relacionados con aquella gira es espectacular. Axl no se conformaba con llegar siempre tarde a los conciertos (a veces dos horas tarde, a veces tres, a veces cuatro…) sino que en ocasiones se largaba del escenario por cualquier motivo, se peleaba con alguien del público, lanzaba largos monólogos entre canción y canción insultando a su “enemigo de la semana”, se enfrascaba en ridículas peroratas en las que desgranaba sus traumas y neuras del momento ante la perplejidad del público, y básicamente se encargaba de garantizar un titular escandaloso en cada ciudad que pisaban, ante la desanimada resignación de sus compañeros.

El incidente más célebre tuvo lugar en St. Louis. Axl Rose, al parecer, ya estaba de malas antes de empezar el concierto. Durante el show, mientras tocaban Rocket Queen y Axl berreaba el estribillo con su característico tono chirriante, vio a alguien en las primeras filas que llevaba una cámara. De repente Axl empezó a decir por el micrófono: “¡Agarren a ese tipo! ¡Quítenle eso! ¡Quítenle eso! ¡Yo se lo quitaré, maldita sea!” y se lanzó (literalmente) hacia donde estaba el individuo. Mientras el resto del grupo seguía tocando —no era la primera vez que veían a Axl lanzarse al público— hubo un intercambio de golpes. Otra cámara grabó el incidente, aunque no se ve la pelea en sí, sólo a Axl pegándole en la cara a un tipo que le dice algo mientras vuelve al escenario. Una vez sobre las tablas de nuevo, el cantante hizo que el grupo parase de tocar y dijo: “gracias a la seguridad de mierda , ¡me voy a casa!”, estampando el micrófono contra el suelo y largándose del escenario. En un primer instante el público se quedó frío, porque el golpe del micrófono había sonado casi como un disparo (y ya sabemos que en los Estados Unidos uno nunca puede estar seguro de que efectivamente no haya sido un disparo). Sin embargo, Slash se apresuró a aclararlo: “acaba de tirar el micrófono. Nos vamos de aquí”. El grupo desaparece del escenario.

En el backstage cunde la histeria. Se intenta que Axl acceda a volver y terminar el concierto, pero el cantante se niega. El público espera fuera, gritando. Entonces, viendo que no tenía nada que hacer para convencer a Axl, el promotor del concierto comete el error de su vida: enciende las luces, signo de que el espectáculo definitivamente ha terminado, para que el público se dé por enterado y abandone el recinto. Y sí, se dieron por enterados: viéndose privados del espectáculo, la gente de St. Louis se volvió completamente loca. Habían soportado retrasos y el maltrato de algunos “bouncers”, y todo ¿para qué? ¿Para que su grupo favorito desaparezca sin darles el show por el que habían pagado? Había llegado la hora de vengarse. Los espectadores invadieron el escenario y lo destrozaron todo, haciendo retroceder al cuerpo de seguridad y a los policías que fueron llamados como refuerzo. Causaron cuanto estropicio pudieron en el edificio y siguieron con el tumulto en el exterior, enfrentándose con la policía antidisturbios. Los propios Guns N’ Roses tuvieron que esconderse en un vehículo, agachándose en los asientos, para poder abandonar sanos y salvos el recinto, cosa que hicieron de milagro. El caos se apoderó de las inmediaciones del lugar y la noche terminó con veinte detenidos y sesenta heridos, además de cuantiosos daños materiales y todo el equipo técnico de la gira de los Guns hecho añicos (tuvieron que cancelar varios conciertos posteriores mientras buscaban a toda prisa material de repuesto). No hubo muertos de milagro. Pero sí hubo titulares y el asunto apareció en los noticiarios de medio mundo. Y todo iniciado por Axl Rose.

En días posteriores, Axl reunió a los demás miembros del grupo y a todo el personal de gira en una cena. Pidió disculpas por su comportamiento en la gira, por los disturbios de St. Louis, por sus constantes retrasos, achacando su comportamiento a las presiones a las que se veía sometido y a sus problemas personales. Prometió cambiar. Todos lo aplaudieron. Las cosas parecían arreglarse. La semana siguiente el grupo reanudó la gira… pero a la hora del concierto, Axl no estaba allí. Pasaron diez minutos, veinte, treinta, una hora… Slash, Izzy y Duff se miraban cabizbajos en el camerino. Matt Sorum, que tenía más experiencia profesional que ninguno de ellos, reventaba de cólera e incluso se le oyó amenazar con darle una paliza a Axl. Nada había cambiado y nada iba a cambiar. Para bien, al menos.

[Enlace: las surrealistas —y por qué no admitirlo, espectaculares— imágenes de Axl Rose lanzándose al público en St. Louis. En el minuto 1:15 puede verse la cara de sorpresa de Izzy en plan “¿qué demonios pasa? cuando Axl empieza a vociferar repentinamente: VER VIDEO]

EL PRINCIPIO DEL FIN: IZZY ABANDONA EL BARCO

«Un día, mientras no estaba todavía drogado, pensé “Izzy, algo va mal. La estamos cagando”. Axl ni siquiera estaba haciendo su trabajo. Los otros estaban tan drogados que no pude conseguir ni que se aprendieran algunas versiones. Podríamos haber tocado versiones cada vez que esperábamos a que Axl apareciera en el escenario y así haber entretenido a los chicos del público. Pero no. Pusimos un solo de batería. ¿Hay algo más aburrido que un solo de batería? Y luego todo lo demás: lo de Donington, cuando dos chicos murieron durante el concierto. ¿Qué carajo significa eso? ¿Es eso el rock n’ roll? ¿Estar esperando en el aeropuerto y leer en el periódico que ese joven ha muerto durante uno de tus conciertos? ¿Dónde está la diversión de tocar cada noche en estadios y organizar un tumulto en St. Louis porque tu cantante está jodido?» (Izzy Stradlin)

Izzy Stradlin fue el único que supo abandonar la mala vida a tiempo y aprovechar su fortuna para viajar, ejercer sus hobbies y vivir tranquilamente con su novia y su perro.

Hasta ahora no hemos hablado de la evolución personal de Izzy Stradlin tras el éxito y hay un buen motivo para ello. No siguió el camino de alienación de sus compañeros, o no durante mucho tiempo. Remontémonos de nuevo a 1989: Izzy protagonizó un último incidente sonado cuando viajaba en avión completamente borracho: le entraron ganas de orinar pero el baño estaba ocupado. Montó una trifulca —algo inusual en él—, insultó a las azafatas y meó en un rincón del compartimento de pasajeros. El piloto hizo un aterrizaje de emergencia a mitad de trayecto (un rockstar que consigue detener un vuelo comercial, ¡no está mal!) e Izzy fue detenido nada más pisar tierra, aunque finalmente se le puso en libertad condicional. Eso sí, debido a sus antecedentes pesaba sobre él un serio aviso: era su última oportunidad. Una tontería más —una pelea, una trifulca, ser sorprendido con drogas— e iría de cabeza a la cárcel.

Izzy tuvo una revelación. Ahora tenía éxito y se había hecho rico, pero estaba tirando su vida al tacho e, incluso, estaba a punto de ser encarcelado. Dejó la heroína y el alcohol. En las etapas de inactividad del grupo, mientras los demás se drogaban, él viajó a Europa intentando alejarse de las tentaciones de Los Ángeles. Durante la gira del Use Your Illusion no quería viajar en el avión privado del grupo —que era lógicamente un reducto de vicios varios para sus compañeros— y se alquiló un autobús de gira propio en el que viajaba tranquilamente con su novia. No se quedaba de fiesta tras las actuaciones y se marchaba temprano para poder hacer actividades durante el día o simplemente visitar las ciudades por donde pasaba el tour. Había sido el primero en consumir heroína y había introducido en ella a sus amigos, había ejercido como dealer durante varios años, pero ahora estaba cansado de tanta mala vida. Empezó a ver las cosas de otra manera. Ya no estaba contento con el grupo, con el ambiente de conflictos y drogadicción. Incluso le fastidiaban cosas del nuevo disco, como los arreglos pomposos de algunas baladas o el tener que aprenderse los diez minutos de Coma, un épico tema compuesto por Slash que tenía una compleja estructura: nada menos que diez minutos repletos de constantes cambios. Y lo peor era la conducta de Axl. Como el propio Izzy decía, cuando ya no estaba drogado, las dos o tres horas de espera antes de cada concierto se hacían muuuy largas. Escuchaba al público rugiendo “¡Bullshit! ¡Bullshit!!” a través de las paredes del backstage y siempre estaba temiendo que se desencadenase otro tumulto: una tensión constante difícil de soportar estando sobrio. A Izzy no le gustaban los tumultos estilo St. Louis. Como él mismo dijo: “no quiero volver a salir en la CNN.

Digámoslo así: la fama no ayudó a hacer de Axl Rose una mejor persona.

Digámoslo así: la fama no ayudó a hacer de Axl Rose una mejor persona.

Para colmo, Axl le citó a una reunión con los abogados de rigor. Le dijo que ahora tocaban en estadios y que tanto Axl como Slash corrían de un lado a otro, dando espectáculo a las masas, mientras Izzy seguía inmóvil, como cuando tocaban en clubs. Eso mermaba, según el cantante, el show que ofrecía el grupo. Quiso que Izzy firmase un contrato donde básicamente perdía dinero e influencia porque su aportación sobre el escenario era menor (¡Axl se lo estaba diciendo al hombre que había compuesto el 80% de la música del grupo!). Izzy estaba atónito. La tensa reunión acabó entre gritos e Izzy se negó a firmar. Aquello era más de lo que el segundo guitarrista y principal compositor de Guns N’ Roses podía soportar. Le costó tomar la decisión de dejar el grupo: empezó por negarse a aparecer en el primer rodaje de un videoclip de gran presupuesto para la balada Don’t Cry (helicópteros, rascacielos, escenas dramáticas de la vida de Axl… nada que ver con la sencillez de sus videos anteriores). A Izzy, la pretenciosidad de aquel videoclip le parecía ridícula y no quiso formar parte de ello, así que envió una carta avisando de que no asistiría al rodaje (de hecho en el videoclip aparece un cartel que dice “¿Dónde está Izzy?”). La carta también decía que sólo “quizá” seguiría de gira con los Guns N’ Roses. Aquello sonaba a amenaza de abandono y Axl empezó a llamar por teléfono a Izzy una y otra vez, intentando convencerlo para que se quitase la idea de la cabeza. No funcionó. Dos semanas más tarde, Izzy anunciaba que dejaba los Guns N’ Roses, tras haberlo meditado mucho e incluso haber considerado la idea del suicidio porque estaba abandonando el grupo de su vida, lo que era en realidad lo único que había conocido en sus veintinueve años. Los Guns N’ Roses lo eran todo para él, pero Izzy no podía más:

«A veces la situación era grotesca; Axl abandonaba el escenario tras la segunda canción y yo pensaba “hey, ahora parecemos unos malditos estúpidos”. Pero aún no estaba decidido a abandonar, la música nos seguía uniendo. Slash, Steven, Duff y yo vivíamos muy cerca unos de otros y tocábamos mucho. Así que quise grabar otro disco y eso hicimos: era doble, o triple… ni siquiera lo sé. Tras la primera parte de la gira de Use Your Illusion, Axl pretendió hacerme firmar un contrato que significaba que yo tendría menos influencia y ganaría menos dinero. No me lo podía creer. ¡Ese contrato venía de alguien con quien yo había crecido, mierda! Siempre habíamos considerado Guns N’ Roses como un grupo de grandes amigos y ahora Axl me decía “son sólo negocios”. Así que, ¿por qué debería haber seguido? ¿Dónde estaba la diversión? Eso fue la gota que colmó el vaso». (Izzy Stradlin)

Axl Rose se enteró de la deserción en un lugar que es la perfecta metáfora del abismo abierto entre él e Izzy. Axl conoció la noticia mientras posaba con su nueva novia —la top model Stephanie Seymour— para la portada de la revista del jet set Interview. Muy significativo.

Aunque en su día casi nadie pensó que la marcha de Izzy era un final anunciado para los Guns. A muchos fans les molestó que Izzy fuese sustituido por un guitarrista bastante menos carismático como Gilby Clarke, pero Gilby tocaba correctamente las partes de guitarra de Izzy y el grupo siguió adelante con las giras. A fin de cuentas, Izzy siempre se había mantenido en un segundo plano y el público identificaba a los Guns sobre todo con la imagen de Axl y Slash. Pero la realidad era simple: desde la marcha de Izzy los Guns N’ Roses no volvieron a publicar material original. Todo cuanto pudieron hacer sin él fue un disco de versiones, The Spaghetti Incident? Sin Izzy Stradlin no hubo más música de los Guns N’ Roses. Slash y Duff podían aportar dos o tres canciones por disco, muy buenas canciones de hecho, pero eso era todo. Y Axl sólo escribía baladas. La mayor parte de la música había provenido de Izzy. Él era el hilo conductor del grupo, quien le daba un toque clásico al rock de Guns N’ Roses, era el alma de la banda. Y ahora se había ido, condenando a los Guns a una muerte anunciada, pero al mundo le llevaría algunos años más darse cuenta de ello.

DERRIBANDO (Y DINAMITANDO) EL MITO

«Mis hijos fueron a ver a los Guns N’ Roses a Wembley. Cuando volvieron, vestían polos negros y esos malditos pañuelos. Les pregunté qué parte del concierto les había gustado más. Mi hija Stella dijo que lo que más les había gustado era Live And Let Die. Entonces le dije:

— Oh, pero ¡yo escribí esa canción!

Y me respondieron:

— Sí, ya, papá. Seguro. Ahora cuéntanos otra». (Paul McCartney)

Convertido en el último gran “guitar hero”, Slash se encargó de salvar la imagen del grupo frente a las continuas estupideces de Axl Rose.

Eran los reyes. Mientras existieron, los Guns N’ Roses nunca dejaron de tener éxito. Habían alcanzado ese estatus de dioses del rock que les hacía inmunes a las modas, como en su día los Beatles, los Rolling Stones, The Who, Pink Floyd o Led Zeppelin. El “grunge” no les afectó comercialmente —mientras que para otros grupos de hard rock significó verse condenados al ostracismo— y seguían midiendo sus fuerzas con los grandes poderes de la música pop: Michael Jackson, Madonna, etc. Eran intocables.

Pero Axl Rose se las arregló para perjudicar seriamente el prestigio que los Guns se habían ganado a base de poderío musical y escénico, y una actitud rebelde ante la industria. Decidió promocionar tres baladas consecutivas, creando una ridícula trilogía de videoclips que abochornaron a muchos de sus fans, mientras sus camaradas participaban en ello con servil resignación, los críticos se revolcaban por los suelos muertos de risa e Izzy Stradlin lo contemplaba todo con tristeza desde el exterior. Aquellos videoclips eran cada vez más ridículos: secuencias de Axl casándose con una top-model en una lujosa ceremonia, llorando ante un ataúd, Duff y Slash brindando como si fuesen lores ingleses, Axl posando con delfines, secuencias de Axl con su psiquiatra… aquello no era precisamente lo que necesitaban los jóvenes fans del grupo para reafirmar su aprecio a la banda. La gente seguía escuchando su música y acudiendo a sus conciertos —los Guns N’ Roses podían hacer el ridículo con ciertas cosas pero no se habían vendido y su música seguía siendo poderosa— pero esa misma gente también tenía claro que Axl Rose se había transformado en un personaje decadente y estaba arrastrando el nombre de la banda por el fango. Cuando Nirvana triunfaron y el “grunge” se apoderó de la mentalidad juvenil, se puso de moda entre los nuevos adolescentes menospreciar abiertamente a los Guns y considerarlos unos dinosaurios pomposos y pasados de moda (la misma clase de desprecio generacional que los “punks” de finales de los 70 habían sentido hacia Led Zeppelin o Pink Floyd). La actitud cada vez más sobreactuada de Axl en los escenarios y el contratar a coristas y secciones de viento hicieron que mucha gente dejase de considerarles “auténticos”. Incluso Mike Patton, cantante de Faith No More —que telonearon a los Guns durante un tiempo— se permitió el lujo de burlarse de ellos en plena gira hasta que un buen día Axl lo amenazó en los camerinos y Patton depuso su actitud.

La relación entre Guns N’ Roses y el auge del grunge y el “rock alternativo” fue ambigua y problemática. Duff McKagan era de Seattle y había pertenecido a aquella escena, donde alguno de sus grupos había sido bastante influyente a nivel local, y de hecho tocó la batería para Pearl Jam en la primera visita de estos a Los Ángeles. Pero al público “grunge” poco les importaba esta conexión: para ellos, los Guns eran “el mainstream”. Inicialmente, Axl Rose se interesó mucho por la música de Nirvana y quiso que fuesen teloneros de los Guns, pero Kurt Cobain rechazó la oferta y habló públicamente de los Guns con algunos comentarios más bien despectivos. Axl podría haber manejado bien el asunto, a fin de cuentas era Cobain quien se metía con él y no a la inversa, pero ¿desde cuándo manejaba bien los problemas Axl Rose? En una entrega de premios encontró a Cobain entre bastidores y lo encaró en plan amenazante. Cuando la mujer de Cobain, Courtney Love, trató de mediar, el siempre simpático Axl le dijo a Kurt: “dile a tu zorra que se calle o la estampo contra el suelo”. Cobain, que podía ser bocón pero era inteligente y estaba más que acostumbrado a tratar con individuos como Axl —a fin de cuentas, eran sujetos como Axl quienes le habían hecho la vida imposible en su etapa escolar— simplemente sonrió y miró a su mujer diciendo: “cállate, zorra”, causando las carcajadas de todos los presentes, mientras Axl se sintió repentinamente ridiculizado por la ingeniosa salida de Cobain y se marchó enfurecido. Axl Rose y Kurt Cobain no estaban hechos para entenderse y habría más cruces de declaraciones. Paradójicamente, una de las últimas personas que hablaron con Kurt Cobain antes de su suicidio fue Duff McKagan, cuando ambos tomaron el mismo vuelo a Seattle y se sentaron juntos.

Slash (gran fan de Metallica) presta su chistera a Lars Ulrich (batería de Metallica y gran fan de Guns N' Roses). Ya se encargaría Axl de arruinar la relación entre ambos grupos.

Slash (gran fan de Metallica) presta su chistera a Lars Ulrich (batería de Metallica y gran fan de Guns N’ Roses). Ya se encargaría Axl de arruinar la relación entre ambos grupos.

Axl Rose también se ganó la enemistad con el otro gran grupo de rock del momento, Metallica. Una enemistad innecesaria, puesto que Slash era un gran fan de Metallica —a quienes escuchaba continuamente— y Lars Ulrich, el batería de Metallica, era probablemente el mayor y más entregado fan de Guns N’ Roses dentro de la propia industria musical. Pero de nuevo los cantantes de ambos grupos lo convirtieron todo en una guerra personal cuando hicieron una gira juntos. Un tour conjunto de Guns N’ Roses y Metallica era el acontecimiento más grande concebible en el rock de aquellos años. Y sucedió, pero no sin incidentes, Metallica pidieron tocar siempre en primer lugar, sabiendo que con los Guns podía ocurrir cualquier cosa: retrasos, anulaciones, disturbios. Y las poses de divo de Axl empezaron a cansar a James Hetfield, “frontman” de Metallica, quien apareció ante las cámaras burlándose de la lista de peticiones para el camerino de Axl Rose. El neurótico cantante no se lo tomó demasiado bien. En uno de los conciertos conjuntos, en Montreal, James Hetfield resultó quemado por la pirotecnia del escenario al poco de empezar el show y tuvo que ser llevado urgentemente al hospital. Sus compañeros explicaron la situación al público, diciendo que el concierto de Metallica no podría continuar, y la audiencia lógicamente lo entendió. Ahora tocaba esperar la actuación de los Guns, para la que aún faltaban dos horas. El promotor, desesperado, llamó a los Guns N’ Roses al hotel rogándoles que apareciesen antes para cubrir el hueco y evitar la espera. Todos acudieron a toda prisa al recinto: Slash, Duff, Gilby, Matt, las coristas, las trompetistas, los tecladistas… todos menos Axl. Pasaron dos horas. Axl no aparecía. Pasaron tres. Axl no aparecía. Todos estaban desesperados. A las cuatro horas Axl se dignó aparecer. Empezó el concierto. Pero de repente se le cruzaron los cables, no le gustaba el sonido de uno de los monitores… y se largó del escenario. No habría concierto. Se organizó un auténtico caos. Como en St. Louis, los asistentes destrozaron todo: escenario, puertas y ventanas, autos de los alrededores, incluso quemaron carros de policía. Axl lo había vuelto a hacer. Como dijo más tarde James Hetfield, “yo me prendí fuego durante mi concierto así que él tenía que superarlo”. Dicho y hecho. Slash contó después que sentía tanta vergüenza que no pudo volver a mirar a los miembros de Metallica a la cara durante todo lo que quedaba de gira.

Por aquel entonces ya nadie en el mundo tenía una imagen positiva de Axl Rose. Se le parodiaba continuamente y las historias que protagonizaba resultaban cada vez más hilarantes. En uno de sus arrebatos de furia, intentó tirar un piano de cola por la ventana de su mansión. Resultado: el piano de cola se quedó atascado en la ventana y Axl tuvo que rendirse y llamar para pedir ayuda a su manager, creando una ridiculísima situación que era como la antítesis cómica de Keith Moon lanzando televisores desde su habitación de hotel (¿a quién se le ocurre intentar tirar un piano por una ventana?). Axl era “white trash”, un tipo sin educación que ocupaba una posición social muy visible que sólo ayudaba a poner de manifiesto sus numerosas disfunciones y su incapacidad para desenvolverse en sociedad. La gente seguía admirando a Slash y a Duff, pero había algunos seguidores que pensaban que los Guns debían deshacerse de su cantante porque terminaría acabando con el grupo. No les faltaba razón.

[Enlace: momento surrealista a más no poder. Axl Rose soltándole los perros —infructuosamente— a la supermodelo alemana Claudia Schiffer, que seguramente estaba buscando la mejor manera de salir huyendo: VER VIDEO. Mientras tanto, el talento de Slash con la guitarra servía para mantener el prestigio de la banda y entretener al público cuando Axl se marchaba de escena para sus rituales y descansos de rigor, por ejemplo con su sorprendente versión del tema principal de la película “El Padrino”: VER VIDEO]

LA GLORIOSA DECADENCIA
Slash y Duff, totalmente ebrios en los American Music Awards. años más tarde pagarían las consecuencias de su kamikaze estilo de vida.

Slash y Duff, totalmente ebrios en los American Music Awards. años más tarde pagarían las consecuencias de su kamikaze estilo de vida.

Como decíamos, los Guns nunca dejaron de tener éxito, aunque sus giras eran cualquier cosa menos rentables. Contratar a tantos músicos extra y a tanto asistente innecesario era un gasto elevado. Organizar lujosas “fiestas temáticas” después de cada concierto era otro gasto innecesario. Alquilar yates para dar fiestas era otro gasto innecesario. Todo era decisión de Axl, pero todo se pagaba con los ingresos comunes del grupo. Tras más de dos años de agotadora gira, los Guns N’ Roses apenas habían hecho dinero con sus conciertos. En sus últimos shows volvieron al formato de quinteto y sólo así tuvieron algo de beneficio. En esa última época Gilby Clarke se accidentó una mano y se produjo un rayo de esperanza cuando Izzy Stradlin aceptó volver a tocar con los Guns N’ Roses en algunos conciertos. Pero los fans se frotaron las manos demasiado pronto: Izzy había puesto un precio, había participado en los conciertos correspondientes, había cobrado y se había vuelto a marchar. No quería involucrarse de nuevo en Guns N’ Roses y su apocalíptica rutina. Aquello fue un breve espejismo que por desgracia no se materializó.

Finalmente, la maquinaria se agotó por sí misma. Pasó el tiempo, publicaron el disco de versiones, pasó más tiempo, dejaron de actuar en directo y empezaron a grabar un supuesto nuevo disco, pasó más tiempo, no había noticias del nuevo disco, pasó más tiempo… sólo entonces la gente empezó a darse cuenta del incierto futuro de la banda: el único hombre que podía escribir música para sacar al grupo adelante, Izzy Stradlin, se había marchado para no volver. Slash y Duff no estaban en condiciones de aportar música. Axl estaba demasiado ocupado intentando tirar pianos por la ventana y yendo al psiquiatra.

Los excesos empezaron a cobrar su precio. Slash sufrió sobredosis cada vez más graves; en una de ellas llegaron a encontrarlo tirado en mitad del pasillo del hotel, completamente azul, literalmente muerto. Su corazón estuvo parado durante varios minutos y sólo un milagro hizo que los médicos pudieran reanimarle con una inyección de adrenalina en el esternón (quien haya visto la película Pulp Fiction probablemente recuerde “esa” escena de la jeringa: pues lo mismo). Tras sobrevivir a semejantes experiencias, Slash se dio cuenta de que tenía que dejar la heroína, aunque tras su rehabilitación le quedaron secuelas, como un problema cardíaco que le obliga a llevar marcapasos hasta hoy. No menos grave e incluso más dramático fue el “aviso final” de Duff McKagan. Cuando había llegado a beber cuatro botellas diarias de vodka, intentó moderarse bebiendo vino, pero pronto llegó a beber diez botellas de vino diarias, combinadas con una fuerte adicción a la cocaína. Finalmente, tras los años de alcoholismo salvaje, su páncreas reventó, liberando ácidos gástricos sobre los órganos de su abdomen, que empezaron literalmente a quemarse (los únicos tejidos capaces de soportar esos ácidos son el interior del páncreas y del estómago). Duff se despertó en su cama presa de un agonizante dolor. No sabía qué le pasaba y a duras penas logró arrastrarse hasta el teléfono para llamar a su mejor amigo y susurrar “ayúdame, algo va mal”. Literalmente, sus órganos internos estaban siendo derretidos por el ácido. Su amigo llegó a la casa y le encontró tirado en el suelo, pensando que estaba muerto; Duff le oyó decir “¡Oh, mierda, finalmente ha ocurrido”. Pero fue llevado al hospital y tras pasar varios días en cuidados intensivos se le pudo salvar la vida. Los médicos fueron tajantes: si volvía a beber una copa más, simple y llanamente moriría. Duff dejó el alcohol; por eso sigue vivo hoy día.

El primer baterista de los Guns, Steven Adler, también sufrió varias sobredosis y ataques cardíacos. Tras ser expulsado de los Guns N’ Roses se vio deambulando por la ciudad, teniendo que hacer cola en los mismos clubs donde antes se le había permitido el acceso directo debido a su estrellato. Su estilo de vida fue de mal en peor. La cocaína le produjo un ataque que hizo que, hoy día, Steven Adler tenga serios problemas para articular el habla. Los tres, Slash, Duff y Steven, siguen hoy vivos de milagro. Literalmente.

Axl se enfrentaba a sus propios problemas, esto es, su cerebro. Se encerró durante años en su mansión, saliendo sólo en ocasiones puntuales, como cuando tenía que acudir a un juicio porque su ex-mujer Stephanie Seymour lo acusaba de maltratos. Con el auge de Internet, pasaba horas y horas mirando todo lo que se publicaba sobre él. Empezó a obsesionarse con la grabación del nuevo disco de los Guns, disco que nunca llegaba y en el que estaba invirtiendo fortunas. Empezó a cambiar a los miembros de la formación. Metió como guitarrista a su amigo Paul Huge, a quien Slash y Duff odiaban porque lo consideraban un lameculos de Axl que había entrado en el grupo sin tener ni idea de tocar. Con él grabaron una versión de Sympathy For The Devil para la banda sonora de Entrevista Con El Vampiro, versión que no satisfizo realmente a casi nadie, ni siquiera a ellos mismos. La espera por un disco que no llegaba, la casi total ausencia de relación personal con Axl y la necesidad de una nueva vida hicieron el resto: Slash abandonó oficialmente unos inexistentes Guns N’ Roses en 1996 y Duff hizo lo propio un año después.

El resto es historia. Slash y Duff han formado varios proyectos, entre ellos los célebres Velvet Revolver. Izzy Stradlin sigue con sus discos de rock sencillo y directo, y con los años la gente ha terminado entendiendo cuál era su importancia en los Guns N’ Roses. Steven Adler sigue con su vida problemática y haciendo giras con Adler’s Appetite, una manera como cualquier otra de vivir del pasado, aunque suele despilfarrar cuanto dinero sea capaz de recaudar. Axl Rose ha “reunido” a unos “nuevos Guns N’ Roses” en los que militan buenos músicos pero que son simplemente The Axl Rose Band. Ha editado finalmente el disco que estuvo mezclando y remezclando durante quince años y que cuya producción casi hizo que le embargaran los bienes, incluida su mansión. La calidad del disco en sí, Chinese Democracy, ya queda al gusto de cada cual; personalmente, nunca me ha fascinado. No es un mal disco, tampoco es un buen disco. Y una cosa es cierta: lleva el nombre de los Guns N’ Roses pero no suena a Guns N’ Roses y no es un disco de los Guns N’ Roses. Es un disco de Axl Rose en solitario, aunque la portada diga otra cosa.

No sabemos si algún día se reunirá —de verdad— una formación a la que realmente podamos llamar Guns N’ Roses, pero, entretanto, sólo nos queda confiar en que el milagro ocurra aunque sólo sea durante una gira. Hay algo que sí sabemos: desde que los Guns clásicos se autodestruyeron, el trono generacional del rock está vacío. Han pasado más de veinte años desde la publicación de Appetite For Destruction y no hemos vuelto a ver a una banda joven que llene los estadios y apabulle a toda una generación con un disco. Nirvana tuvieron el Nevermind, pero no era un grupo destinado a reinar: era un grupo pequeño que se hizo grande, el vehículo del talento de un individuo aislado, pero no era El Grupo. Las razones por las que el mundo del rock está huérfano quedan para otro artículo. Aquí, en este, sólo nos queda preguntarnos cuándo volverá a suceder algo así, cuándo surgirán unos nuevos Guns N’ Roses. Porque, hasta el día de hoy siguen siendo la Última Gran Banda.

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