NIÑOS GRANDES

Publicado: 23 diciembre, 2013 en Infinita tristeza, Próxima Estación: Esperanza

Esta mañana, no podíamos entrar con el auto en el estacionamiento. Una multitud de hombres se agolpaba en la entrada. Eran decenas de tipos, de 20, de 30, de 40, de 50, de 60, mirando algo que yo no podía ver porque me tapaban. Estaban los del internet, los de la tienda de celulares, los de la fotocopiadora. Toda esa gente seria que uno ve todos los días tras los mostradores. Era tal el nivel de concentración, de interés y de angustia en los hombres que no tuve menos que pensar que algo había pasado. Atropellaron a alguien, creí en principio. O chocaron. O un vehículo se incendió. O se desprendió el ascensor del edificio. Era como para pensar lo peor, porque todos estaban boquiabiertos, atontados y callados. Pero nada me daba indicios de lo que pasaba. Nadie se percataba de nuestra presencia. Por fin, uno de los hombres se dio cuenta de que teníamos la intención de estacionar. Entonces nos dieron paso y vi el objeto del interés colectivo: un carrito a control remoto de 20 o 25 centímetros que se desplazaba a toda velocidad dirigido a la distancia por su dueño y que tenía el poder de convertir a todos sus admiradores, de nuevo, en niños.

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