PAREJAS II: LA INFELICIDAD

Publicado: 7 febrero, 2014 en Infinita tristeza
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El domingo fuimos a almorzar al “Don Enrique” mi sobrino y yo. Mi hermana prefirió quedarse en casa y pidió que le trajéramos pollo a la brasa.

Ellos se sentaron en la mesa de al lado. Sesentones, setentones tal vez. Ella muy elegante, bella, peinada y vestida de gala. Él ahí, con cualquier facha, como diría mi abuela. Ella interesada por comer. Él con cara de poto. Ella le enumeraba los platos, los iba describiendo con gusto, con ganas, con expectativa. Él la veía con odio, con deseos de matarla. Choritos a la chalaca, decía ella, pidamos una docena. Él replicó para qué. Ella comentó del tiradito, del sudado, de la jalea. Él llegó un momento en que se resignó: Haz lo que quieras. Y ella llamó al mozo, mientras él volteaba la cara, como para no escuchar. Agua, sólo oí que dijo en algún momento él.

Mientras, mi sobrino hablaba y hablaba y hablaba, feliz con sus cuentos de verano. El hombre seguía con el ceño fruncido. Estropeaba el almuerzo su rabia. Contrastaba con la felicidad de las otras gentes que disfrutaban de su comida. Contrastaba con la felicidad de mi sobrino, por ejemplo, contando y contando cuentos mientras se terminaba todo el chicharrón de calamar. La señora volteó y empezó a mirarnos, a tratar de oír a mi sobrino, a fugarse en nuestra calma. Empezaron a llegar sus platos. Ella se escapó en el crujir de las yuquitas fritas. Él siguió con esa rabia acumulada por décadas en su ceño. Existe el desamor compartido.

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