PAREJAS XII: VIRTUALES

Publicado: 18 febrero, 2014 en Delirios
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Ella ha leído muchos blogs, desde hace tiempo. Ha leído –como lo he hecho yo– a Hernán Casciari –siempre supo que no era ninguna mujer gorda–, a los blogeros españoles, a los que se esconden en blogs bullangueros, a los que subliman en blogs eróticos. Ahora ya no lee a casi nadie. Sólo ese blogger la conmueve de una forma extraña. Me dice a mí que él tiene “algo”. “Algo” que ella ve, que yo no veo y que otras personas que no lo han leído ven menos aún. Yo le pido que me defina eso que llama “algo”. No sabe qué, sólo “algo”, me dice, “algo” en el tono, algo que no está en la distribución de sustantivos, adjetivos o verbos. “Algo” que tampoco tiene que ver con los temas. “Algo” que mucho menos tiene que ver con la interacción, porque no tienen ninguna. Y ese “algo” la entristece, la alegra, la enamora. Ese “algo” la conecta directamente de las palabras a algún lugar de quiebre, como si hubiese un código secreto que sólo ella puede entender –y es mentira, porque no hay ningún código secreto–. La verdad es que yo creo que ella se inventa todo, pero lo siente, lo siente como si fuera real. Por ende, podemos crear la paradoja del amor virtual. Es decir, si hay realidad virtual, hay virtualidad real, es decir, puede haber realidad en lo virtual. Entonces, amiga, Ud. no está loca. Claro, la virtualidad –como la realidad misma– puede distribuirse en dos categorías: virtualidad real –de a de veras, pues– y virtualidad irreal. Y la suya, querida, no es más que la peor y más intangible de todas: virtualidad irreal, sin sostén ni brazos.

A lo mejor hubo ciertos atisbos de realidad en algún momento, ella cree que hace un año –pistas, claves, torpezas–, pero a mí me da la impresión de que no había nada, que no hubo nada nunca –esta chica es muy imaginativa, la verdad–. Sólo casualidad. Pero en todo caso, ahora sí que no hay nada de nada. Esa “nada” y ese “algo” mezclados en la misma página web, la entierran más en su terquedad solitaria.

Lo cuento porque después de leerlo hoy, ella me ha dicho que ha decidido ponerle fin a esa “relación” (y todavía la llama relación) suya con la palabra de él. Cree que es mejor dejarse de eso. Debe construir una realidad menos virtual, menos platónica, debe deconstruir una irrealidad más bien.

Y tiene razón.

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