PAREJAS XXIII: LOS “PEROS”

Publicado: 1 marzo, 2014 en Devaneos de cabeza
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Iban por Lampa. Todas, quizás, de treinta, poco más, poco menos, que de por siempre la edad de las mujeres es indefinida. Todas con su uniforme de banco. Todas a almorzar juntas. Todas hablando al mismo tiempo. Sólo pasé a su lado. Sólo oí un hilo de la conversación. La frase de una de ellas: “…tenemos nuestros peros, como todas las parejas, pero…”. Entonces, en mi mente, divido la oración. “Nuestros peros” (pelean, pues, no todo es color de rosa, hay malas caras quizás en la mañana, algún malhumor nocturno, pero no habla de problemas, que suenan a mayor temporalidad, sino de peros, que aún molestos, son cortos, eventuales). “Como todas las parejas” (minimizan los peros al generalizarlos, son peros de todos y en esa democracia de peros se entiende que siempre ocurrirán, que hay cierta inevitabilidad en los peros, quizás el pero se reduce a que el hombre orina sobre la tapa del water o a que ella deja colgados los calzones lavados en la ducha). Pero viene la última parte, viene el magnífico “pero” (que por ser una conjunción adversativa, contradice lo anterior, por lo que anuncia esperanza, por lo que dice que lo otro no importa, todo se superará, que se puede seguir viviendo con un tipo que deja los platos sucios o una mujer que salga tarde de la oficina). La sencilla frase de la muchacha la conecté con una canción del disco Rodolfo de Fito Páez que cuenta como el amor supera las distintas crisis por las que pasa una pareja, los deseos de libertad de uno, el hastío del otro, la necesidad de mirar a alguna otra parte de uno, las incertidumbres del otro. Y transcurren divergencias, enamoramientos inesperados, desajustes, desconciertos.

Lo sabemos, no es el “y vivieron felices por siempre, comiendo perdices”. Una pareja es un barco que se lanza al océano, no precisamente en aguas mansas. Y hay fallas mecánicas y maremotos y tiburones. Hay buenos navegantes y los hay que naufragan y los hay que se devuelven al puerto firme de la casa de mamá y los hay que se pasan a otro barco y los hay que se ahogan. Pero eso sí, desde ese barco se ven magníficos atardeceres casi siempre, y las noches son cálidas y hay hombros y brazos y unos labios para tus labios.

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