A Tasurinchi
porque él es nosotros
y todos nosotros somos él

Son tribus no contactadas por nuestra civilización, viven aisladas y no quieren contaminarse con nuestra forma de vida. Son el último vestigio del estado natural del hombre. Y lenta e inexorablemente, la codicia del hombre parece empeñada en exterminar a los pocos centenares de indígenas que aún no han tenido contacto con la civilización moderna.

Se calcula que en la Tierra existen aún alrededor de un centenar de pueblos indígenas que, aunque conozcamos su existencia, no tienen contacto con ninguna población fuera de su propio grupo. Se reparten entre Latinoamérica, la isla de Nueva Guinea (en el Océano Pacífico) y el archipiélago de Andamán (en el Océano Índico).

En la mayor parte de los casos, son ellos mismos los que, voluntariamente, no desean ser descubiertos. La razón habría que buscarla en la violencia brutal que sufrieron sus antepasados o la que siguen sufriendo sus vecinos contactados. Según demuestra la historia, el contacto con nuestra sociedad dominante ha supuesto para ellos, casi siempre, el desarraigo, la marginalidad, la prostitución y la desaparición.

«Sin estrés, sin hambre, sin mendigos, sin cárceles… y los llamamos primitivos».

La introducción de enfermedades es la principal causa de muerte entre los pueblos indígenas aislados. Ellos no han desarrollado inmunidad contra virus como la gripe, el sarampión, la varicela o el resfriado común. Por regla general, estos pueblos llevan viviendo en su tierra muchas generaciones y seguirán ahí si nosotros los dejamos. Tienen lenguas propias, son los herederos de sus bosques y los depositarios de formas de vida ya casi desconocidas para nosotros. Sus conocimientos sobre el entorno, sus modelos de adaptación al medio, sus formas de aprovechar los recursos naturales, su sabiduría sobre animales y plantas, su respeto y empatía con la naturaleza… suponen un auténtico tesoro para nuestra sociedad actual, tesoro que debería ser sin duda preservado.

Habitan, por lo general, en áreas de muy difícil acceso y ricas en recursos naturales –maderas preciosas, hidrocarburos y minerales, además de ecosistemas, fuentes acuíferas, flora y fauna– esenciales para su supervivencia, pero que, a su vez, excitan la codicia de los ‘pueblos civilizados’. Como dice la campaña antirracismo de Survival International, la ONG que lucha por los derechos de la población indígena del mundo: «Sin estrés, sin bombas, sin hambre, sin mendigos, sin cárceles, sin comida basura, sin contaminación, sin deuda externa… y los llamamos primitivos».

AMAZONÍA PERUANA

Al menos 15 poblaciones indígenas aisladas están ubicadas en la Amazonia peruana, según cálculos de Survival International. En 2012, Diego Cortijo (miembro de la Sociedad Geográfica Española) captó imágenes, sin necesidad de contacto, de una de estas tribus en peligro, los Mashco-piro, en el transcurso de una expedición para localizar antiguos yacimientos arqueológicos.

No se sabe mucho de este pueblo que vive en el sureste de la Amazonia peruana desde hace muchas generaciones. Gracias a que algunos han sido contactados, se sabe que hay varios grupos de entre 20 y 50 personas cada uno, la mayoría en el Parque Nacional del Manu (en Alto Purús), donde se crearon reservas para ellos.

Casi todos los indígenas aislados en la zona son nómadas y se desplazan por la selva, dependiendo de las estaciones, en pequeños grupos de familias extensa. Los huevos de tortuga son una fuente importante de proteína para ellos y son expertos en encontrarlos y desenterrarlos. Además, se alimentan de gran variedad de carnes y pescados, de plátanos macho, frutos secos, bayas, raíces y larvas. Entre los animales que cazan para abastecerse están el tapir, el pecarí, los monos y los venados.

Se sospecha que han llegado nuevos grupos a esta zona, desplazados por la presencia de madereros ilegales y compañías petroleras que los acosan en sus propios territorios. Survival Internacional ha lanzado una campaña, con más de 150,000 firmas recolectadas, para exigir al Gobierno de Ollanta Humala que asuma acciones firmes contra los madereros, que sobornan a autoridades locales para entrar. Los madereros van en busca de caoba, conocida como el oro rojo por el alto precio que alcanza en el mercado internacional. La selva peruana tiene parte de la última madera de caoba comercialmente viable que queda en el mundo. Otro peligro al que se enfrentan es al de los cultivadores de hoja de coca, que están apropiándose de territorios y hacen vuelos rasantes con helicópteros por la región.

Pero el peor de los desastres puede que esté por llegar. El Gobierno de Humala ha dado luz verde recientemente a la expansión del Proyecto Camisea, la ampliación del mayor gaseoducto de la Amazonia peruana, que se adentra en las tierras pertenecientes a indígenas aislados. Aquí se encuentra la Reserva Nahua-Nanti, dentro del Parque Nacional de Manu, una de las áreas teóricamente más protegidas del mundo, con una diversidad biológica superior a la de cualquier otro lugar de la Tierra.

Varios pueblos indígenas no contactados viven en esta reserva, especialmente creada para protegerlos. Entre ellos, los Nahua, los Nanti, los Matsigenka y los Mashco-piro. Todos ellos, como el resto de tribus aisladas, dependen de la selva para su supervivencia. El Proyecto Camisea implica llevar a cabo pruebas sísmicas en la selva, con la detonación de miles de cargas explosivas, la perforación de una veintena de pozos exploratorios y la entrada de cientos de trabajadores a la Reserva Nahua-Nanti, ubicada a solo 100 kilómetros de Machu Picchu.

Ya a comienzos de los años ochenta, la multinacional Shell realizó exploraciones petrolíferas en la zona que resultaron devastadoras para otro pueblo aislado, los Nahua. Se produjeron epidemias, neumonías y una tremenda escasez de alimentos. Se estima que casi un 60% del pueblo murió. «Muchas, muchas personas murieron. La gente moría por todas partes, como les ocurre a los peces después de envenenar el río. Dejaron que la gente se pudriera por las riberas del río, en la selva y en sus casas. ¡Esa terrible enfermedad!», recuerda Tomás, un hombre nahua. Lo mismo pasó con los Murunahua, a mediados de los noventa, tras ser contactados por la fuerza por madereros ilegales que buscaban caoba.

Unas veces se defienden con flechas y otras se ocultan en la selva.

El Gobierno peruano no está respetando el derecho internacional y tampoco lo hacen las empresas que invaden las tierras indígenas. La prospección petrolera es especialmente peligrosa para estas tribus, porque abre además zonas antes remotas a madereros y colonos.

BRASIL

En la Amazonía brasileña viven gran parte de los pueblos no contactados del mundo. En este aislamiento voluntario se ve la huella de desastrosos encuentros del pasado, pero también la actual invasión y destrucción de sus tierras. Unas veces se han defendido de los contactos con flechas; en otras ocasiones han huido, ocultándose en la profundidad de la selva.

Desde 1987, la FUNAI (Fundación Nacional del Indio) dispone de un departamento dedicado a los indígenas aislados. Su actividad trata de demarcar y proteger sus tierras de los invasores, con puestos de protección. Su política propugna no entrar nunca en contacto si no es en caso de que su supervivencia esté en peligro.

PISTOLAS CONTRA ARCOS Y FLECHAS

Los Awá son la tribu más amenazada de la Tierra y uno de los pocos pueblos indígenas de cazadores-recolectores nómadas que quedan en Brasil. Pueden construir una casa en unas horas y abandonarla después. Son aproximadamente unos 450 individuos, de los que un centenar rechazan el contacto con el mundo exterior. Más del 30% de su territorio ha sido destruido por madereros ilegales y ganaderos, y corren un serio peligro de extinción. Viven en las selvas devastadas de la Amazonia oriental. Actualmente se encuentran acorralados por gigantescos proyectos agroindustriales, ranchos de ganado, asentamientos de colonos y madereros ilegales, en una lucha desigual de pistolas contra arcos y flechas.

Después de una intensa campaña de Survival International para dar a conocer la desesperada situación de este pueblo (con la participación de personajes conocidos como los actores Colin Firth y Belén Rueda, o el fotógrafo brasileño Sebastião Salgado), el Gobierno de Brasil ha enviado a la zona, hace un mes, a soldados, trabajadores de FUNAI, agentes especiales del Ministerio de Medio Ambiente y agentes de Policía para notificar y expulsar del territorio indígena de los Awá a colonos, terratenientes ganaderos y madereros ilegales, muchos de ellos fuertemente armados. El director de Survival, Stephen Corry, declaró: «Esta es una ocasión potencial y crucial para salvar las vidas de los Awá. Sus miles de simpatizantes repartidos por todo el mundo pueden estar orgullosos del cambio al que han contribuido. Pero todas las miradas están puestas ahora en Brasil, para asegurarse de que completa la operación antes del comienzo de la Copa Mundial de la FIFA en junio y protege la tierra de los Awá de una vez por todas».

LA GENTE MARIPOSA

Otros pequeños grupos de no contactados viven sobre todo en los Estados de Rondonia, Mato Grosso, Marañón y Acre; estos últimos son, probablemente, los sobrevivientes de la fiebre del caucho del siglo XIX, que supuso el exterminio y la esclavización de miles de indígenas cuyos recuerdos pueden estar todavía muy vivos.

Los Piripkura (o gente mariposa, como los llaman sus vecinos por su manera constante de moverse por la selva) viven en Mato Grosso y también han sido masacrados por los blancos. Los Kawahiva del río Pardo, también en el Mato Grosso, eran un grupo de 50 individuos hace unos años, según la FUNAI, aunque hoy pueden ser muchos menos. Como su tierra aún no ha sido protegida, su supervivencia está en peligro. Se cree que han dejado de tener hijos y de cultivar, porque están constantemente huyendo de los madereros.

LOS CINCO ÚLTIMOS

Los Akuntsu son un pueblo que habita en el estado de Rondonia y del que solo quedan cinco individuos. Hoy ocupan una pequeña parcela de bosque reconocida por el Gobierno brasileño, rodeada de plantaciones de soja y haciendas de ganado. La construcción de una gran carretera en los años setenta, la BR-364, trajo consigo oleadas de ganaderos, madereros, especuladores de tierra y colonos que ocuparon el estado.

Los lingüistas trabajan ahora con los Akuntsu para registrar y entender su idioma, con la esperanza de que un día puedan contar su historia al resto del mundo. A menos que decidan unirse a algún otro grupo indígena, lo que parece poco probable, este pequeño pueblo desaparecerá de la Tierra para siempre en no mucho tiempo, y se completará así el genocidio de los Akuntsu.

PARAGUAY

Los Ayoreo-Ttoblegosode viven en el Chaco paraguayo. Son un pueblo nómada de cazadores-recolectores que habitó antaño una extensa región de bosque bajo y cuyo territorio ha ido siendo adquirido por terratenientes y especuladores para talar el bosque de madera valiosa y así poder introducir ganado. Un estudio de la Universidad de Maryland ha desvelado que el bosque del Chaco paraguayo, último refugio para los indígenas Ayoreo no contactados, registra la tasa más elevada de deforestación del mundo.

El Gobierno paraguayo ha otorgado dos licencias para deforestar su tierra –a pesar de estar dentro de una reserva de la biosfera de la UNESCO– a dos empresas, una brasileña (Yaguareté Pora S.A.) y otra española (Carlos Casado S.A.). Los Ayoreo han protegido su bosque durante miles de años y dependen de él para su supervivencia. Ahora viven en una huida constante de las excavadoras.

OCÉANO ÍNDICO

No se sabe cuántas tribus no contactadas puede haber en el oeste de la isla de Nueva Guinea, en Papúa (Indonesia). Se ha contactado con algunas en los últimos cuarenta años, pero otras muchas se mantienen voluntariamente aisladas en sus remotos bosques selváticos de difícil acceso. Tanto organizaciones pro derechos humanos como periodistas tienen el acceso prohibido a estas tierras, por lo que las posibilidades de investigación son escasas.

100,000 ASESINADOS

El oeste de la gran isla de Nueva Guinea pertenece a Indonesia desde el año 1963 y, lamentablemente, padece un racismo endémico hacia las tribus indígenas (sobre todo respecto a los que viven aislados). Desde la ocupación, se calcula que unos 100,000 indígenas han sido asesinados por el Ejército indonesio, profundamente racista, que piensa que los indígenas son primitivos y viven en la Edad de Piedra, sin valorar el conocimiento privilegiado que tienen de su entorno y, particularmente, de plantas y animales.

Se cree que las tribus de los Jarawa, los Onge, los Granandamaneses y los Sentineleses llevan viviendo en el océano Índico desde hace 55,000 años. Los Onge y los Grandamaneses fueron diezmados por la colonización británica en el siglo XIX y apenas quedan un centenar entre ambas tribus.

DIVIDIDOS EN DOS

Los Jarawa son recolectores cazadores y pescan con arcos y flechas en los arrecifes coralinos. Su situación se vuelve cada día más precaria, pues sus tierras están divididas en dos por una carretera que construyó la administración de las islas. Aunque siguen viviendo aislados, hay un flujo constante de autobuses de colonos, cazadores furtivos que entran en la selva tropical donde está su reserva y en muchas ocasiones tratan de abusar sexualmente de las mujeres y robar la caza que la tribu necesita para vivir. Además están los turistas, que los tratan como animales de safari.

Tras una larga batalla, el Tribunal Supremo de la India ordenó al Gobierno local cerrar la carretera, decretando que su construcción había sido ilegal y ponía en peligro la vida de los Jarawa. Pero el Gobierno de las islas ha desafiado al tribunal y mantiene la carretera abierta.

LOS MÁS AISLADOS (Y HOSTILES)

Los Sentineleses son el pueblo más aislado del planeta. Viven en una pequeña isla, Sentinel del Norte (en la India), y nunca han sido contactados, aunque sí fotografiados desde el mar y el aire. Se cree que descienden de los primeros pueblos que salieron de África y probablemente llevan viviendo en la islas Andamán desde hace unos 60,000 años. Incluso su lengua es diferente a la de los otros isleños de Andamán, por lo que se supone que han tenido poco contacto con otros pueblos por miles de años. Prácticamente todos los contactos que se han intentado han sido recibidos con grandes dosis de hostilidad por parte de los isleños.

La isla Sentinel del Norte no solo está defendida por sus guerreros, sino también por imponentes mares y un casi ininterrumpido anillo de traicioneros arrecifes de coral que la hacen inaccesible por mar durante gran parte del año. La isla estuvo en el trayecto índico del tsunami el 26 de diciembre de 2004. El epicentro estaba muy cerca, en Indonesia. Algunos arrecifes se hundieron y otros fueron elevados, cambiando la fisonomía de la isla, su ecosistema y los recursos de pesca. Tres días después del desastre, un helicóptero sobrevoló el terreno en busca de supervivientes. Fue recibido por los guerreros sentineleses con flechas y piedras. Los conocimientos ancestrales de estos isleños sobre los movimientos del océano pudieron salvarles la vida. Habían sobrevivido al desastre y solo querían que los dejaran en paz. Hasta hoy lo han conseguido.

EPÍLOGO

Quisiera finalizar este post reseñando las palabras que Mario Vargas Llosa puso en boca de Saúl “Mascarita” Zuratas, entrañable y disruptor personaje de la novela (¿de anticipación?) “El Hablador”:

«No, no soy un indigenista a la manera de esos de los años treinta. Ellos querían restablecer el Tahuantinsuyo y yo sé muy bien que para los descendientes de los Incas no hay vuelta atrás. A ellos sólo les queda integrarse. Que esa occidentalización, que se quedó a medias, se acelere, y cuanto más rápido acabe, mejor. Para ellos, ahora, es el mal menor.Ya ves, no soy un utópico. En la Amazonía, sin embargo, es distinto. No se ha producido todavía el gran trauma que convirtió a los Incas en un pueblo de sonámbulos y de vasallos. Los hemos golpeado mucho, pero no están vencidos. Ahora ya sabemos la atrocidad que significa eso de llevar el progreso, de querer modernizar a un pueblo primitivo. Simplemente, acaba con él. No cometamos ese crimen. Dejémoslos con sus flechas, plumas y taparrabos. Cuando te acercas a ellos y los observas, con respeto, con un poco de simpatía, te das cuenta que no es justo llamarlos bárbaros ni atrasados. Para el medio en que están, para las circunstancias en que viven, su cultura es suficiente. Y, además, tienen un conocimiento profundo y sutil de cosas que nosotros hemos olvidado. La relación del hombre y la naturaleza, por ejemplo. El hombre y el árbol, el hombre y el pájaro, el hombre y el río, el hombre y la tierra, el hombre y el cielo. El hombre y Dios, también. Esa armonía que existe entre ellos y esas cosas nosotros ni sabemos lo que es, pues la hemos roto para siempre».

Fuente: 20minutos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s