LOS TRISTES

Publicado: 5 mayo, 2014 en Devaneos de cabeza, Infinita tristeza

Una vez escribí de los tristes,
de los tristes con un por qué.
Pero éstos son otros tristes,
injustificadamente tristes, es probable.

Viene el bus, les dicen. Pero se quedan anonadados, mirando a la nada, qué desgraciados ellos que no ven pasar el bus. El guachimán insiste, les toca el hombro. Oiga, que ya se va. Se quedan viendo el techo, o el cielo que ellos mismo han techado. Qué mala suerte la que tienen, comprar un boleto para perderlo, con lo caro que cuesta. Un funcionario les alerta: Ya sale, es su bus, dentro de 5 minutos. Pero ellos se detienen en esa hendidura, allá en la pared (pasa una fila de hormigas). Los arquitectos han hecho mal ese Terminal: tiene arrugas. Suena una voz. Dos. El inspector se para enfrente, da dos palmadas para llamar la atención: es el último llamado, no devolvemos el dinero y no vendrá otro más. Es el último bus hacia ninguna parte. Siempre ninguna parte será mejor que aquí, en la nada con arrugas, sin embargo, ahora no hay más camino que el de las hormigas, una tras otra, consagradas a la tarea que les encomendó su especie. Qué irresponsabilidad de servicio, el bus que no sale, en cambio las hormigas siempre saben su destino, siempre hay una hormiga delante a la cual seguir, quién fuera hormiga, una más, sin nombre. El bus se fue, le ha advertido la señora que limpia, debe retirarse. Cae una lágrima, por supuesto, siempre sobra llanto en ellos, derrochadores. El bus, quizás, era una esperanza. Al menos, haberlo visto hubiese sido una bonita historia, la gente saludando en las ventanillas, un reencuentro, alguna cara conocida, otra por conocer. Ya ni siquiera queda constancia del viaje por hacer. Es mejor romper el inútil boleto. La maleta es más afortunada, vuela en un bus al que le salieron alas. Ah, ¿se fue el bus? ¿se fue? También las hormigas han hallado refugio en la hendidura. Las arrugas tienen razón de ser en la pared. Arquitectos ecologistas. Hace frío.

Los tristes, carajo, los tristes se bañan en sus lágrimas. A los tristes se les escapan los buses y también las manos abiertas, las tardes de café, la luna redonda en el mirador. Los tristes no ven sino su tristeza en la baranda del décimo piso desafiando un equilibrio que no tiene. Los tristes se ahogan en el vaso sin agua. Los tristes tampoco es que tienen muchas figuras literarias esta noche. Demasiadas hormigas en las arrugas de la imaginación. A los tristes les pasa eso, se agotan de ellos mismos, se anudan, patean su existencia. Y el bus se va, sin duda. No aprenden de las hormigas: caminar hacia adelante sin dudarlo, sin desviarse en el color del techo, escuchar el claxon del bus en movimiento, porque aún hay chance de correr tras él.

Los tristes niegan a la primera persona. Los tristes prefieren la tercera como para que no sepan que están tristes.

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comentarios
  1. […] las mismas siempre y no hay número 7). Boto a la basura (no se lo deseo a nadie) el cargo de triste. Encierro bajo siete llaves el cargo de monstruo (hay que dejarlo allí, hibernando, que uno nunca […]

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  2. […] con piedras: Sí (somos torpes), se resbalará con las propias lágrimas: También (somos tristes), se esconderá en el rinconcito: Claro (somos tímidos), se nos ignorará entre el maremagnum de […]

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