LOS NOSTÁLGICOS

Publicado: 5 junio, 2014 en Infinita tristeza

I

¡Primer llamado, próximo tren en cinco minutos!

Los nostálgicos nos hemos quedado allí, enclavados en aquel tren insustituible, aquel tren de la infancia, de asientos reconfortables y grandes, de un terciopelo azul aún no arrugado por el uso, aquel tren que parecía reservarnos el puesto al lado de la ventanilla, con puertas puestas para la privacidad. Ese tren que se nos fue. Ese tren que huele a húmedo y a lavanda. Ese tren al que ninguno se parece.

¡Segundo llamado, tren abordando!

Los nostálgicos pensamos que después de ese tren no vendrán más trenes, o si vienen no serán así, como ese tren en particular desde donde vimos aquel paisaje de montaña, aquellas vacas en la paz que parece otorgarles el pasto, droga quizás alucinógena que aboba a esos animalotes gordos y quedos. Los nostálgicos nos enclavamos en la lejanía de ese tren y, por supuesto, qué vamos a estar oyendo los altoparlantes.

¡Ultimo llamado, tren en movimiento!

Los nostálgicos seguramente nos perdimos el tren. Pero a lo mejor éste también tenía asientos reconfortables recién forrados de terciopelo azul o rojo, qué más da. Quizás era el mismo tren, o uno mejor, uno donde María Callas en persona –revivida pues (quizás gracias a una buena doble)– canta Madame Butterfly, y no lo vimos, añorando el tren pasado de años y de historia.

Los nostálgicos mejor como que salimos corriendo, que aún hay chance de subir. Aunque el tren sea de mentirita y como viene navidad pongan villancicos (unos buenos tapones para los oídos resultan grandes aliados).

Sudamos.

Se escuchan, a lo lejos, unas notas. Y hay un ligerísimo olor a menta.

II

Porque el problema con los nostálgicos es que seguimos atados a esa primera piedra con la que tropezamos. Y no. No se tropieza con todas las piedras, qué va. Las hay que se saltan, las hay que sirven de asiento tras la dura caminata, las hay que se prestan para ser vistas en su fortaleza de piedras, las hay que sirven para lanzarse con china. Hay piedras en el camino para todos los gustos. Las piedras dan para todo.

No podemos los nostálgicos comparar las piedras del hoy –siempre más vívidas– con las piedras del pasado. Además, si tropezamos, siempre caeremos en una posición diferente. Y eso ya es avance en el arte de tropezar con piedras.

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