Acabo de leer en un blog una encuesta sobre lo que mira la gente en la televisión. Esto me motivó a hacer una encuesta sobre el tema de los programas de espectáculos de la televisión peruana. En mi encuesta privada llegué a una conclusión importantísima: los programas de espectáculos son seguidos por madres y abuelas (30%), chicos en edad escolar (20%), homosexuales irónicos (17%), jóvenes que se drogan (8%), heterosexuales free lance (23%) y funcionarios públicos (3%).

 

La suma da mucho más que 100%, pero no se detengan en tecnicismos; manténganse centrados en mi teoría.

Sabemos de sobra que la estructura de los programas de espectáculos responde a una sola pregunta: «Quién ha tenido relaciones sexuales con quién».

Para ello se convoca a conductores carismáticos, se colocan periodistas veloces en las calles, en las discotecas y en los aeropuertos, se contratan a panelistas homo o bisexuales, a señoras de las llamadas MILF, y a casi ningún heterosexual masculino. Se trata de un batallón perfumado dispuesto a averiguar cómo, dónde y con quién fornican los que son considerados famosos.

La presencia de chicos detrás la pantalla (un 20%, dijimos) obliga a que no se puedan mencionar ciertas palabras en esos programas, por lo que se utilizan eufemismos. Dos ejemplos:

— ¿Ha ejercido Ud. la profesión más antigua del mundo? —significa «¿Es Ud. más puta que una gallina?».

— ¿Ha mantenido usted relaciones de tipo carnal con el ex jugador de la U que ahora está en Italia? —quiere decir «¿Se ha tirado Ud. a Juan Manuel Vargas?».

Y así todo el día…

A la sociedad le preocupan estos contenidos. Según la mayoría, el problema radica en la presencia incontrolada de criaturas frente a la pantalla. A todo el mundo le parece mal que se ventilen temas escabrosos y hasta pornográficos cuando hay menores viendo la tele.

Pero según mi encuesta, los chicos y los adolescentes de hasta dieciocho años son inmunes a estos contenidos. Son nativos digitales, por lo que esta distracción les parece estúpida y poco seria. Saben que se trata de un juego, intuyen que nada de lo que ven tiene sentido.

Los homosexuales, los drogadictos, los heterosexuales free lance y los funcionarios públicos de ambos sexos también reconocen el contenido irónico de la trama y así lo manifiestan en Twitter: «Miramos esta mierda porque nos da risa», dicen, en menos de 140 caracteres.

La única raza que consume los programas de espectáculos de verdad, creyéndose todo, es el ama de casa tirando a anciana, porque las viejas fueron bombardeadas desde chicas con revistas del corazón y ahora piensan que todo lo que pasa en “Amor, Amor, Amor” es verdad. Peor aun: piensan que es importante.

A este grupo social, las viejas, se les está practicando todo el día una lobotomía de cerebro. La señora mayor está en serios problemas —mucho más que los animales en peligro de extinción— y no lo queremos ver. Estamos todos como estúpidos cuidando a los chicos, que son despabilados, mientras dejamos solas a las amas de casa (a nuestras madres y abuelas) frente a un televisor que les vacía la cabeza y las atonta.

Por ejemplo tú, lector, ¿sabes qué está haciendo tu madre, o tu abuela, en este instante? Están viendo la tele; lo más probable es que alguien les esté explicando a qué nuevo empresario y/o modelo se ha tirado Millet Figueroa, o les estén repitiendo en cámara lenta —¡a tu mamá, a tu abuelita!— una pelea entre Susy Díaz y el Mero Loco.

No, amigos… No, señores del gobierno. No, ministro Urresti: no son las criaturas de corta edad las que están en problemas cuando ven televisión. Los chicos escapan de los programas de espectáculos conectándose al smartphone. El problema lo tienen nuestras madres… Son ellas las que están viviendo en un mundo irreal que les vende fornicación en la pantalla y libros espantosos de autoayuda en las góndolas del Metro.

Estás a tiempo de hacer algo, lector. Ve a casa de tu progenitora, o de tu abuela, y llévales algunas de las series que ves tú. No seas desconsiderado, lector.

“House of Cards” le puede gustar mucho a una vieja, ¿o crees que el único inteligente de la familia eres tú? ¿Cómo no va a gustarles, a las ancianas de tu estirpe, el monólogo mirando a la cámara de Kevin Spacey? ¿O piensas que ellas miran a Peluchín porque lo desean? ¡Lo miran porque nadie les explicó cómo se baja un .torrent!

Instruye a tu madre sobre cómo ver series y películas en una tablet; conéctale la laptop en la tele a tu abuela, nieto malagradecido… Conversa con ellas un rato sobre el primer capítulo de “Games of Thrones”.

Diles que hay una vida hermosa, llena de gente que no habla jamás del coito lubricado entre futbolistas y casquivanas. Protégelas del amor enfermo, de los hijos no abortados de Melcochita, de la violencia pasiva y de la basura bochornosa que se emite en las mañanas, tardes y noches muertas.

Salva a tu madre, lector, y salvarás el mundo.

Nota: este post es una vil copia (aunque adaptada a Perusalem) del original, pero creo que era absolutamente necesario hacerlo, a veces la realidad latinoamericana es tan exageradamente similar… Pueden ver el original en Orsai.

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