VOTAR O NO VOTAR: YA NO HAY DILEMA

Publicado: 3 octubre, 2014 en Anarkías, Infinita tristeza, Mundo enfermo, Paranoias

Me quitaron el dilema, no tengo que pensarlo más. Quería votar, soy de los que se responsabilizan y asumen, pero la verdad es que no sabía por quién. Las caras en los afiches poco me entusiasmaban –algunas son francamente risibles– y las caras no conocidas me causaban desconfianza cierta porque no veo teorías bajo esos rostros sonrientes para la foto, desconfío sobre todo cuando pienso en el sueldo de los alcaldes, en esas licitaciones con nombre propio o comiendo en las Brujas de Cachiche o jugando a la conspiración.

Yo quería votar porque creo en las decisiones de la mayoría. Claro, puestas tan en duda desde las elecciones del 2000, ya no se sabe de qué es mayoría uno, creo que somos más bien una mayoría de huevones. El caso es que, no sé, me gustaba la ilusión de revolver entre el basurero y votar por alguien honesto. Alguien que fuera de la oposición y no estuviera alienado viendo monstruos verdes o alguien que fuera del gobierno pero que no tendiera trampas o corruptelas, que fuera capaz de disentir, de criticar, de desmentir.

Quisiera –en mi país utópico (y quizás de los equivocados)– un gobierno plural, donde estuviera reflejada la sociedad y sus voces, donde los miembros no pasaran semanas discutiendo cuál es el nuevo sueldo que se van a poner ellos mismos. Quisiera un alcalde, por ejemplo, que luchara por una ley por la legalización de las drogas, por ejemplo. Puro primer mundo. Un alcalde que se fajara por un mayor presupuesto para la educación y la cultura y la ciencia y la salud. Un alcalde que emprendiera una investigación seria contra la corrupción. Un alcalde que pugnara por leyes que protejan a los excluidos. Un alcalde que no permitiese de ningún modo –sobre mi cadáver, diría– que entre ni un artículo en ninguna ley contra la libertad de expresión, contra los derechos humanos, ni un artículo que permita abusos de poder ni discriminaciones de ninguna clase. Unos tipos que no se durmieran en sus puestos, pues, que no se tomaran día y medio para almorzar, que no se chuparan una botella de whisky etiqueta azul, que creyeran. Unos obreros que tiraran pa’lante. En realidad unos hombres y unas mujeres que hicieran su trabajo y que creyeran en él. Pero me quedo sin votar, no porque nunca haya creído en el sistema, sino porque pienso que ahora no tengo opciones ni siquiera para el de tin marín. Saldré con mis amigos a beber al Queirolo. Comeré pollo en el Begui. Me refugiaré en la ficción.

Y seré, a mi pesar, abstencionista y no podré quejarme después. Seré cómplice.

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