EL PROBLEMA NO ES LA CARNE, EL PROBLEMA ES QUE NO ENTENDEMOS LO QUE LEEMOS

Publicado: 2 noviembre, 2015 en Delirios, Devaneos de cabeza, Infinita tristeza, Mundo enfermo, Paranoias, Televisão
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Hace un par de días no se hablaba de otra cosa y el hashtag #carne ha sido trending topic en Twitter. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha anunciado oficialmente que el consumo de productos cárnicos, embutidos, salchichas y tocino aumenta el riesgo de cáncer de colon, al punto que la carne procesada ha sido comparada a carcinógenos tales como el alcohol y el tabaco. De todos modos, siempre según la OMS, no habría “ninguna evidencia definitiva” de que la carne roja es cancerígena.

Obviamente, sobre la noticia no hay mucho que decir. Podría resumirse así: la OMS ha dicho que si comes ciertas cosas de cierta manera el riesgo de enfermarte es cada vez mayor, nada nuevo de hecho. Por otra parte, los estudios en busca de una correlación entre el desarrollo de un determinado tipo de tumor y algunos hábitos alimentarios son muy complejos, y dentro del mismo grupo de expertos que trabajó en el informe de la OMS no hubo un acuerdo.

Pero, en primer lugar, ¿qué dice realmente la OMS? La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, parte de la OMS) ha introducido a la carne roja no procesada dentro de la lista de sustancias “probablemente cancerígenas”. La IARC se ocupa de evaluar la cancerosidad de las cosas, en este caso la carne roja, pero no se ocupa de evaluar cómo esta sustancia es de hecho un carcinógeno.

De hecho, el informe de la OMS ha sido muy mal entendido por los medios de comunicación en general, y esta cita del profesor David Phillips, de Cancer Research UK, miembro de la IARC, nos puede ayudar a aclarar dudas:

“La IARC se ocupa de la identificación de los riesgos, no a evaluar los riesgos. Esto significa que a la IARC no le importa en qué medida algo puede promover el desarrollo de un único cáncer, solo si lo promueve o no. Por ejemplo, pensemos en las cáscaras de plátano: pueden causar accidentes, pero en realidad esto no sucede muy a menudo, además, el tipo de daño causado por pisar una cáscara por lo general no es comparable al causado por un accidente de tráfico. Sin embargo, en un sistema de identificación de peligros como el de la IARC, ‘piel de plátano’ y ‘accidente de tráfico’ terminarían en la misma categoría, ya que técnicamente pueden causar accidentes”.

En resumen, parece que tal vez tiene sentido hablar de la forma en la que consumimos la información. De hecho, del mismo modo que en la versión original de la noticia había toda una serie de matices, éstos se han perdido en el mensaje transmitido por los medios de comunicación al público, generando un tsunami de reacciones que todavía continúa.

En un sistema de identificación de peligros como el de la IARC, ‘piel de plátano’ y ‘accidente de tráfico’ terminarían en la misma categoría.

Hace apenas un mes, cuando un equipo de la Universidad de Trento descubrió las propiedades de una proteína celular como defensa contra el VIH, el sensacionalismo con que la noticia fue tratada por los medios de comunicación fue similar, al igual que también la reacción del público. “Descubierta en Trento la proteína del VIH”, “Estudio italiano descubre una defensa natural contra el VIH” y “Lucha contra el SIDA: en las células hay un arma natural” fueron sólo algunos de los titulares de aquellos días.

A pesar de las diferencias obvias, este caso y el de hoy tienen varios aspectos en común: en tanto que se trata de una conclusión que se realizó en el proceso de traducción para que fuera comprensible para el público en general, se perdieron los matices y se convirtió en algo más. Los malentendidos y los cambios de significado que acompañan este proceso son tan comunes que ahora se convierten en parte del proceso.

El problema es que, al menos en la mayoría de los casos, el consumidor final de la información cree que proviene de fuentes de probada fiabilidad. No es como, por ejemplo, la historia de la carne infectada con SIDA que se convirtió en uno de los engaños más extendidos de 2015, pero cuya falsedad era fácilmente comprobable con una rápida búsqueda en Google. En este caso, la noticia proviene de una fuente que cita estudios serios y datos: comprobarla es mucho más difícil.

Y tal vez por eso la noticia ha provocado fuertes reacciones, además de haber reavivado el eterno e inútil debate entre pros y anti-vegetarianismo. Las reacciones se han acercado peligrosamente cerca del límite del ridículo.

Mientras tanto, en el debate sobre el tema que todavía está realizándose quedó claro que todos están esencialmente atrincherados en sus posiciones: los que no comen carne han obtenido la confirmación de la bondad de su elección, los que comen continuarán haciéndolo sin importarles mucho la noticia de la OMS. Lo que implica que, en el fondo, todos nosotros siempre hemos sabido que comer carne nunca ha sido realmente bueno, tampoco hacía falta que llegara la OMS para recordárnoslo.

Y, en lo personal, nunca dejaré de comer carne.

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