EL SEDUCTOR

Publicado: 3 mayo, 2016 en Delirios, Devaneos de cabeza, Litera-turas, Paranoias

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Lo que más le gustaba era echarse desnuda en una playa desierta para que el Sol hiciera de las suyas con su piel. El problema era que ya había cumplido 4 000 años de existencia y la piel de una mujer es tan delicada como la encía de un leopardo. Preocupada por las grietas, surcos y cambios de coloración, decidió ir a ver al mejor especialista en asuntos de piel femenina.

Entró al consultorio un poco preocupada por la posibilidad de encontrarse con personas amigas que pudieran sospechar el mal que la atormentaba. Felizmente el consultorio estaba totalmente vacío a excepción de un inmenso ventilador que emanaba una música circular e hipnótica. Esperó unos minutos hasta que un botón rojo se encendió en el techo, llamándola por su nombre. “¡Qué modernos!”, se dijo, y dándose fuerza y coraje entró al consultorio…

El Doctor era un hombre de mirada profundamente profesional y de una discreción igualmente profesional… “Desnúdese tranquilamente y sin hacer movimientos inútiles…”, le dijo. “Que hombre tan directo”, pensó ella. “Debe haber hecho su master de piel en Israel…”

Ella, sumisa y más obediente que nunca, dejó caer las pocas prendas que tapaban su desnudez… Él se acercó delicadamente a examinarla y después de un prolongado silencio le dijo: “Lo suyo es curable sólo con una condición: que jamás, por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia, si Ud. quiere seguir viva, tenga Ud. relaciones con el Sol”. “¡Pero doctor, yo lo amo, no me pida Ud. lo imposible!” “Bueno –dijo el especialista– la ciencia ha inventado un producto extraordinario al cual tendrá Ud. que someterse si es quiere conservar su piel, pero le advierto que debe frotarse diariamente este líquido maravilloso, ya que si se olvida un solo día de hacerlo las consecuencias serán terribles…” “¿Qué tipo de consecuencias, doctor?” El especialista imperturbable y con una risita muy profesional, le dijo: “Acérquese, señora, venga, observe estas fotos de pacientes mías que se olvidaron. ¿Las ve? ¿Se da cuenta? Es monstruoso, ¿verdad?”

Afuera, el Sol la espera impaciente…

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