EL TESTA–DURO

Publicado: 10 mayo, 2016 en Delirios, Devaneos de cabeza, Litera-turas, Paranoias

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Le picaban todo el tiempo y no sabía cómo rascárselos. Le habían dicho que eso no era buena educación, pero la picazón era tan intensa que manchas rojas aparecían por todo el espacio.

Se amarró las manos a una silla, para no ceder a la tentación de rascárselos. ¿Cuánto tiempo resistiría?

El escozor ya empezaba a venir y todo el cuerpo empezaba a temblar. El rostro hacía muecas delirantes y una sensación de raro placer lo sacudía en espasmos.

Realmente valía la pena esperar, aprender a no rascárselos traía resultados excelentes. Y fue así cómo la piel empezó gradualmente a transformarse.

El Doctor tenía razón.

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