LA PALMERITA

Publicado: 14 junio, 2016 en Delirios, Devaneos de cabeza, Litera-turas, Paranoias

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Acababa de comprar la cama de agua ideal para hacer el amor en seco, y estaba chocho de felicidad… tal era su estado de felicidad (¡ya no, ya! ¡pa’ su macho!) que se pasaba horas de horas contemplándola como si fuera un ser vivo. Alucinaba peces fosforescentes (era charapa, el cholo) revoloteando en el interior de su cama de agüita. ¡Pucha, que linda es…!, se decía a sí mismo mientras la contemplaba ya en pleno éxtasis. ¡Pucha, que suerte tener una cama de agua importada y a precio de realización! ¡Pucha, y además era la única que quedaba en Polvos Azules! ¡Que tal suertudo!

Mientras toda esa felicidad acontecía en la parte baja de su cuerpo, una angustia, tan real como la tía Angustias, empezaba simultánea-mente a revolotear por su pecho con este discurso en tono charapa: “O’e, cholo, y ¿quién va a ser la princesa que inaugure tu cama de agua, di?” Y así como la tía Felicidad lo había visitado hacía un ratito, ahora la tía Angustias se lo había comido todito, cholo, enterito…

Y así pasó años de años, solito, sentado frente a su cama de agua caliente. ¡Y plantas le habían salido, cholo! Te juro que eran plantas. ¡Y esas pirañas bien malas, cholo! Te juro que eran miles de miles, que se la comieron todita, y la cama de plástico se quedó toda arrugadita. Entonces, maldijo a la boa maldita que lo había embrujado, salió de su cuarto y… ¿sabes lo que hizo? Se tiró a la palmerita.

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