VERDE QUE TE QUIERO VERDE

Publicado: 9 agosto, 2016 en Delirios, Devaneos de cabeza, Litera-turas, Paranoias

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Esa extraña mañana todo era de color verde. Su ambulancia personal, color blanco perla, que siempre estaba impecablemente estacionada con su chofer, también blanco perla (mate), ahora era de un color verde policía-represión insoportable. Su perrita “Kiwicha”, tan cariñosa, juguetona y blanquita, con manchitas oscuras, tenía el color verde botella de vino. Su mayordomo, que lo había acompañado toda la vida y era más bien un gordo rosado y lampiño, era ahora de un verde perico inaguantable. ¿Qué hacer? Salió corriendo a mirarse en el espejo… Para su horror, su piel, tan bien cuidada, lisa y depurada, parecía piel de lagartija: ¡Toda arrugada y verdosa! Sus ojos, que siempre habían proyectado tranquilidad y compasión, estaban inyectados y parecían dos faroles de fuego ardiente. Ensayó un grito ante el espejo, estupefacto (de facto), y con los brazos en alto y la bata de seda china corrió despavorido hasta encontrar a su fercho (chofer, pues) que estaba con gorra y todo dormido dentro de su ambulancia personal. De pura indignación le dio un empujón, y él mismo, el Conde Von Klimnefelter (hijo) tomó las riendas (digo, el timón) de la ambulancia ya totalmente color verde flema, y taconeando con sus espuelas (digo, pisando a fondo el acelerador) hizo que se parara en dos patas gritando “Hi oh Silver”, mismísimo Llanero Solitario, galopando a 100 por hora sin parar hasta la biblioteca (digo, el Hospital Larco Herrera).

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