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Hay que aprovechar los 25 años de la captura de Guzmán para recordar que un buen golpe de inteligencia es mucho más eficaz que miles de desapariciones, ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, torturas y violaciones.

Pero no menos importante es recordar quién fue este nefasto personaje. Esto puede ayudar a que los jóvenes o que no tienen la menor idea de quién fue o que están pidiendo su amnistía bajen a tierra.

Guzmán fue un asesino. No hay ni un solo sector del país que no haya tenido víctimas producto del terrorismo. Él reconoce el feroz asesinato de más de 80 campesinos en la comunidad de Lucanamarca (Ayacucho, 1983). Se refiere a la posibilidad de un genocidio con total frialdad: “Al potenciarse la guerra popular tiene que darse necesariamente una elevación de la guerra contrasubversiva que va a tener como centro el genocidio y esto nos va a llevar en perspectiva al equilibrio estratégico…”.

La cita anterior proviene del panfleto que sus seguidores llamaron pomposamente “la Entrevista del Siglo”, la misma que resultó tan mediocre y aburrida que la broma fue que con razón Guzmán había decidido pasar a la clandestinidad.

En ella todo el tiempo se repetía el mismo pensamiento fundamentalista y trasnochado: “La ideología del proletariado, la gran creación de Marx, es la más alta concepción que ha visto y verá la Tierra; es la concepción, es la ideología científica que por vez primera dotó a los hombres, a la clase obrera principalmente y a los pueblos, de un instrumento teórico y práctico para transformar el mundo. Y todo lo que él previera hemos visto cómo se ha ido cumpliendo”. Mao ya había caído políticamente y estaba muerto, pero su nombre lo repite sin cesar.

Su visión del país era también alucinante: “Estamos hundiendo el capitalismo burocrático y hace tiempo socavando la base gamonal de las relaciones semifeudales que sostienen todo este armazón, al mismo tiempo golpeando al imperialismo”.

Un ególatra total. Se creía la cuarta espada después de Marx, Lenin y Mao. Este último le habría pasado la “antorcha” para que la revolución peruana fuera “faro de la revolución mundial”. “El pensamiento Gonzalo” –de él– era científico e infalible.

El Guzmán bailando “Zorba, el griego” (setiembre de 1989) habla de su mala entraña. Mientras que cientos de sus militantes mataban a miles de personas por orden suya, él se divertía.

Otro momento radiográfico de Guzmán es cuando este fue detenido sin necesidad de disparar un solo tiro, e inmediatamente mandó a acuñar la consigna “salvemos la vida del presidente Gonzalo”. A él, quien hizo que cientos de jóvenes murieran convencidos de que para ser un buen comunista “había que llevar la vida en la punta de los dedos”, ahora solo le importaba su vida. Por si fuera poco, al año de ser capturado, leyó sumisamente una carta a favor de Fujimori, pidiendo un acuerdo de paz.

Fuente: IDL

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Esa extraña mañana todo era de color verde. Su ambulancia personal, color blanco perla, que siempre estaba impecablemente estacionada con su chofer, también blanco perla (mate), ahora era de un color verde policía-represión insoportable. Su perrita “Kiwicha”, tan cariñosa, juguetona y blanquita, con manchitas oscuras, tenía el color verde botella de vino. Su mayordomo, que lo había acompañado toda la vida y era más bien un gordo rosado y lampiño, era ahora de un verde perico inaguantable. ¿Qué hacer? Salió corriendo a mirarse en el espejo… Para su horror, su piel, tan bien cuidada, lisa y depurada, parecía piel de lagartija: ¡Toda arrugada y verdosa! Sus ojos, que siempre habían proyectado tranquilidad y compasión, estaban inyectados y parecían dos faroles de fuego ardiente. Ensayó un grito ante el espejo, estupefacto (de facto), y con los brazos en alto y la bata de seda china corrió despavorido hasta encontrar a su fercho (chofer, pues) que estaba con gorra y todo dormido dentro de su ambulancia personal. De pura indignación le dio un empujón, y él mismo, el Conde Von Klimnefelter (hijo) tomó las riendas (digo, el timón) de la ambulancia ya totalmente color verde flema, y taconeando con sus espuelas (digo, pisando a fondo el acelerador) hizo que se parara en dos patas gritando “Hi oh Silver”, mismísimo Llanero Solitario, galopando a 100 por hora sin parar hasta la biblioteca (digo, el Hospital Larco Herrera).

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Los cangrejos decidieron dejar la playa para siempre y reintegrarse, como debe ser, al elenco de la gente normal. Durante muchos años los médicos marinos les habían advertido que algún día el tratamiento terminaría, y que el día de su curación definitiva, todos (los de la playa) los verían como gente común y corriente. Esa mañana los cangrejos –eran miles de miles de millones– salieron tímidamente de las arenas para observar el panorama del hospital. Todos los pacientes (en coma) estaban maravillosamente echados en sus colchonetas, inmóviles, recibiendo los magníficos rayos del sol. ¡Que tranquilos y contentos se les veía con sus enfermeras en forma de sombrillas multicolores acompañándolos allí en el silencio…!

Los cangrejos veían todo este panorama de la gente normal. Algunos pacientes se sentaban y luego cogían entre sus manos unos papeles con signos negros, y con rostros serios y concentrados “leían” sus “periódicos” o “revistas”. Que alegría llegar a ser como ellos, pensaban los cangrejos; qué misterioso este acto de mirar y leer “periódicos” y “revistas”. El sonido de las olas siempre tan musical y sutil, los heladeros tan atentos a las necesidades de los “bañistas”.

Que arte extraordinario deben tener los seres humanos, pensaban los cangrejos ya casi listos para avanzar hacia la playa y empezar relajadamente a conversar con los pacientes del otro hospital. Pero cuando ya era inevitable el encuentro cercano de cualquier tipo, algo los llamó desde el fondo del mar. El médico marino se había olvidado de comunicarles un detalle turbador: todos los pacientes normales de la playa… ¡eran sordos!

THE DOORS

Publicado: 26 julio, 2016 en Delirios, Devaneos de cabeza, Litera-turas, Paranoias

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Le acababan de regalar los anteojos negros ideales. Estaban diseñados sólo para mirar hacia atrás. Todo aquél que se sometía a la visión de estos anteojos, inevitablemente miraba hacia el fondo del túnel del tiempo…

Un buen día un amigo suyo llegó con buen ánimo a visitarlo, y como era su costumbre le preguntó a que se dedicaba últimamente. Él, que siempre había sido educado y honesto, le dijo sin inmutarse: “Mira, la verdad es que desde que me han regalado estos anteojos sólo tengo una actividad constante, mirar al pasado, o sea, ¿manyas?, vivir pa’ atrás, y lo fascinante es que cada vez puedes tirarte más y más y más hacia atrás”.

El amigo empezó a incomodarse ligeramente, ya que el nivel de respuesta no correspondía en absoluto a su pregunta tan simple y formal, e intentando otra forma de relacionarse le dice:

“… ¿Y si me pongo tus anteojos, me voy yo también al pasado?”

“Eso depende exclusivamente de ti, pero mi médico me ha advertido que jamás deberán ser usados por personas nerviosas o para-noicas”.

“Bueno –le contestó su amigo visitante– como tú sabes yo soy la persona más relajada y tranquila del universo, o sea que no tienes de que preocuparte”.

“Bueno, si eso te hace feliz, póntelos y cuéntame lo que vez”.

El amigo visitante, un poco nervioso, se acerca con mucha cautela y cerrando los ojos del alma se coloca los anteojos negros. Ante su horror y felicidad escucha en la voz inconfundible de Jim Morrison:

“The snake is long, seven miles…”

REZNOR

Publicado: 19 julio, 2016 en Delirios, Devaneos de cabeza, Litera-turas, Paranoias

001.jpgDicen que la distancia es el olvido, de los
latidos de tu corazón. ¡Pasu macho! ¡Qué
tal onda…! ¿Y de dónde sale este delirio? Mira,
compadre, Reznor es un loco de mierda,
¿manyas? O sea, puta, o lo computas o no lo manyas
para nada. Tienes que reconocer tu propia
rayadura, o sea, la tuya particular, con la que te
identificas todo el tiempo… Y si te crees cuerdo
y normal, entonces cuñadito mejor agarra
psicoanálisis nomás, porque ésa es la peor de las
rayaduras. La rayadura “normal” es una de las
más bravas ¿manyas? O sea, tú te afirmas tanto
en que eres “normal”, o sea “estándar”.
Afirmando tanto tu ilusión de normalidad,
entonces el miedo es aceptar tu propia rayadura.
Puta, cuñao, tarda un huevo de tiempo
reconocer nuestra propia rayadura,
pero una vez que la empiezas a computar…
¡suave camay! Te vacilas nomás, ya no te la
crees tanto, y además te mueres de risa,
¿manyas? Así nomás es…

Dicen que la distancia es el olvido…

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Su obsesión eran las lavativas. Ella se sentía regia y renovada cada vez que un chorro de agua hirviente explotaba en el interior de su estómago.

“Que invención extraordinaria –repetía– esto de refrescarse por dentro… ¡Es el invento del siglo! ¿Cómo es que otras mujeres no han descubierto este placer inigualable?”

Seguramente, en el fondo, todas son frívolas y no se dan cuenta de la profundidad a la que podemos llegar con el arte de la lavativa. Por algo Cleopatra le dijo al volcán Danubio, en Pompeya, antes de erupcionar: “Lava-tú-eres”, que en cristiano quiere decir: Lava-ti-va.

¡Qué brutas son para no darse cuenta! ¡Si tan sólo leyeran libros de historia para culturizarse y comprender el sentido eti-mo-lógico de cada palabra! Para terminar, le cuento, chicas (soy la hembrita de Reznor), que así como a Cleopatra la lavativa la pasaba de vueltas (y esto es un hecho comprobado históricamente), a Tu-tan-Kamón (de coma) le encantaba la gelatina…

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Estaba harto del Perú. Todo le apestaba. Lo habían engañado. Le habían vendido la idea que este país era un paraíso, que se podía viajar, que se podía invertir, que se podía respirar, que Lima era la Ciudad Jardín, que la Feria del Señor de los Milagros era milagrosamente lo único que tenía sentido… Que la gente era honesta y buena, que los peruanos eran gente solidaria, que se interesaban por lo problemas de los demás. Que la crisis era pasajera (je je), que el terrorismo iba a ser derrotado (ja ja), que el Presidente era una persona muy artística (jo jo), que la cultura peruana era muy antigua (ji ji). Que había sol todo el año (ju ju), que la policía era efectiva (si es en efectivo, sí), que no había racismo (ja ja), que todos eran iguales (je je). Que los indios en el fondo amaban a los blancos (ji ji), y que los blancos también en el fondo querían ser indios de película de Hollywood (jo jo). Que los negros eran bien leales (ju ju) y que los chinos no fumaban opio (ja ja ja). Que las mujeres peruanas eran suavecitas y dóciles (je je je). Que los hombres no eran machistas (ji ji ji) y que no les gustaba Miami (jo jo jo). Que todos creían en las posibilidades de su país (ju ju ju) y que en el fútbol siempre metíamos goles (ja ja ja). Que Vargas Llosa (¿Vargas qué?) era un hombre con un sentido suizo de la realidad nacional (je je je). Que éramos muy cultos e inteligentes (ji ji ji) y que nuestros defectos eran grandes virtudes (jo jo jo). Que la Madre Patria nos amaba como hijos predilectos (jo, jo, jolín), y ya para que descanses de una vez por todas, que no hay Primera sin Segunda… como dijo la Negra Facunda.

1. Caminar con decisión hasta el borde del abismo.

2. Estirar bien los brazos.

3. Sentir el viento en el rostro.

4. Posar con firmeza la planta de los pies.

5. Respirar profundamente.

6. Eliminar toda duda.

7. Abrir bien los ojos para ver con claridad el horizonte.

8. No temblar.

9. Asumir una actitud valiente y decidida.

10. Tomar impulso.

11. Saltar con alegría, gracia y soltura.

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Ya totalmente recuperado, y
dado de alta por la máxima
autoridad del hospital,
Reznor respiró profundamente. Se
sentía purificado y transparente, se
sentía como nuevo a pesar que la
operación no había sido nada fácil.
Le habían advertido que tardaría por
lo menos un año en recuperarse,
porque cambiarle totalmente su
naturaleza humana, para convertirlo
en espíritu puro, era un arte que
recién ahora se podía llevar a la
práctica.

Reznor se quedó perplejo. Sí
no tenía cuerpo, si no tenía mente, sí
no tenía sentimientos, entonces
¿quién diablos le hacía sentirse como
nuevo?

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Acababa de comprar la cama de agua ideal para hacer el amor en seco, y estaba chocho de felicidad… tal era su estado de felicidad (¡ya no, ya! ¡pa’ su macho!) que se pasaba horas de horas contemplándola como si fuera un ser vivo. Alucinaba peces fosforescentes (era charapa, el cholo) revoloteando en el interior de su cama de agüita. ¡Pucha, que linda es…!, se decía a sí mismo mientras la contemplaba ya en pleno éxtasis. ¡Pucha, que suerte tener una cama de agua importada y a precio de realización! ¡Pucha, y además era la única que quedaba en Polvos Azules! ¡Que tal suertudo!

Mientras toda esa felicidad acontecía en la parte baja de su cuerpo, una angustia, tan real como la tía Angustias, empezaba simultánea-mente a revolotear por su pecho con este discurso en tono charapa: “O’e, cholo, y ¿quién va a ser la princesa que inaugure tu cama de agua, di?” Y así como la tía Felicidad lo había visitado hacía un ratito, ahora la tía Angustias se lo había comido todito, cholo, enterito…

Y así pasó años de años, solito, sentado frente a su cama de agua caliente. ¡Y plantas le habían salido, cholo! Te juro que eran plantas. ¡Y esas pirañas bien malas, cholo! Te juro que eran miles de miles, que se la comieron todita, y la cama de plástico se quedó toda arrugadita. Entonces, maldijo a la boa maldita que lo había embrujado, salió de su cuarto y… ¿sabes lo que hizo? Se tiró a la palmerita.