LOS AMADORES –NO PRECISAMENTE AMANTES O AMADOS, PERO OJALÁ

Publicado: 8 mayo, 2014 en Devaneos de cabeza, Infinita tristeza, Mundo enfermo

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Los amadores amamos, inevitablemente. Que nos amen es otra historia, que bien vale ser contada en otro blog –en éste no–. No sé si esperamos el bus o si lo abordamos sin previo aviso –incluso ambos ítem valen–, sé que el bus nos sonará siempre a misión imposible y lo veremos perfecto y grande y dios y nosotros tan pequeños y mortales –no morales–. Los amadores amamos y nuestro amor arropa tanto el mundo que el amor que nos viene de vuelta (porque en ocasiones nos viene) a veces ni se ve, se transparenta, se arruga, se disminuye, baja la cabeza, o queda reducido al papel de coprotagonista, a un simple segundo plano, o a ser un extra que simula tomar un vino muy atrás en el bar mientras la cámara toma primer plano a nuestro amor protagónico, protagonista, primera figura, joven protagonista de la película que filmamos y que a veces sólo nosotros vemos. Los amadores, en fin, como caníbales tragamos el amor del otro, lo masticamos bien, hacemos la digestión, mientras nuestro amor se exhibe lujurioso como un plato de lujo en la mesa. Los amadores desbordamos, el vaso rebasa y el amor empieza a empapar manos, brazos, mangas. El amor se riega por la mesa y mancha toda la sala y hasta hay que tomar una pala y recogerlo. Amor en el basurero, tuteándose con las cáscaras de papas y mirando con ternura, seguramente, a alguna botella de leche solitaria sin el niño que la tomaba a escondidas con el pico en la boca.

El amor de los amadores es renovable, sobra, se regala entonces, pierde valor en el mercado amatorio, de tanto que hay, pues, se deprecia por sobreproducción, debe incinerarse para que no rompa el ecosistema, incluso porque empieza a reproducirse como mala hierba y a cubrir hectáreas destinadas a otros productos menos perecederos y con mayor valor por gramo.

Los amadores pedimos que nos inyecten y nos saquen el amor por un tubito, que nos inunda, que andamos con sobredosis amatoria, y donamos el amor en los hospitales y nos paramos en la plaza mayor y en vez de pedir una limosna andamos con restos de amor para repartir entre los desasistidos, los que vienen uniformados de la oficina, a los que les sobra cama en el cuarto o jugo de naranja en la refrigeradora. Y en ese pantanal de amor, pues se revuelca el amor ajeno y no se ve, barnizado por este nuestro amor inmenso de amadores que mejor no les cuento la historia cuando somos amantes o cuando somos amados, porque por sobre todas las cosas somos amadores, los que amamos sin remedio.

Ni mucho menos les contaré qué pasa cuando un amador se encuentra con otro amador (¿sucede o se chocan como dos polos positivos –mejor dicho, negativos–?). Creo que de allí, del amor de dos amadores, es que probablemente se originan los relámpagos. Y hasta dice una leyenda que los huracanes (pero sólo los que llegan a categoría 5).

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comentarios
  1. […] vacante (sobre todo y es comprensible) mi cargo de amador, ya basta de querer de un solo lado, o de querer a quien no valora la querencia, o de querer sin […]

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  2. […] (somos invisibles). Pero nos enamoraremos con más locura que la vez anterior: Evidentemente (somos amadores). Por los momentos, vamos a quedarnos en paz. Tenemos miedo –justicieros sí, héroes patrios, […]

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