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Hay que aprovechar los 24 años de la captura de Guzmán para recordar que un buen golpe de inteligencia es mucho más eficaz que miles de desapariciones, ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, torturas y violaciones.

Pero no menos importante es recordar quién fue este nefasto personaje. Esto puede ayudar a que los jóvenes o que no tienen la menor idea de quién fue o que están pidiendo su amnistía bajen a tierra.

Guzmán fue un asesino. No hay ni un solo sector del país que no haya tenido víctimas producto del terrorismo. Él reconoce el feroz asesinato de más de 80 campesinos en la comunidad de Lucanamarca (Ayacucho, 1983). Se refiere a la posibilidad de un genocidio con total frialdad: “Al potenciarse la guerra popular tiene que darse necesariamente una elevación de la guerra contrasubversiva que va a tener como centro el genocidio y esto nos va a llevar en perspectiva al equilibrio estratégico…”.

La cita anterior proviene del panfleto que sus seguidores llamaron pomposamente “la Entrevista del Siglo”, la misma que resultó tan mediocre y aburrida que la broma fue que con razón Guzmán había decidido pasar a la clandestinidad.

En ella todo el tiempo se repetía el mismo pensamiento fundamentalista y trasnochado: “La ideología del proletariado, la gran creación de Marx, es la más alta concepción que ha visto y verá la Tierra; es la concepción, es la ideología científica que por vez primera dotó a los hombres, a la clase obrera principalmente y a los pueblos, de un instrumento teórico y práctico para transformar el mundo. Y todo lo que él previera hemos visto cómo se ha ido cumpliendo”. Mao ya había caído políticamente y estaba muerto, pero su nombre lo repite sin cesar.

Su visión del país era también alucinante: “Estamos hundiendo el capitalismo burocrático y hace tiempo socavando la base gamonal de las relaciones semifeudales que sostienen todo este armazón, al mismo tiempo golpeando al imperialismo”.

Un ególatra total. Se creía la cuarta espada después de Marx, Lenin y Mao. Este último le habría pasado la “antorcha” para que la revolución peruana fuera “faro de la revolución mundial”. “El pensamiento Gonzalo” –de él– era científico e infalible.

El Guzmán bailando “Zorba, el griego” (setiembre de 1989) habla de su mala entraña. Mientras que cientos de sus militantes mataban a miles de personas por orden suya, él se divertía.

Otro momento radiográfico de Guzmán es cuando este fue detenido sin necesidad de disparar un solo tiro, e inmediatamente mandó a acuñar la consigna “salvemos la vida del presidente Gonzalo”. A él, quien hizo que cientos de jóvenes murieran convencidos de que para ser un buen comunista “había que llevar la vida en la punta de los dedos”, ahora solo le importaba su vida. Por si fuera poco, al año de ser capturado, leyó sumisamente una carta a favor de Fujimori, pidiendo un acuerdo de paz.

Fuente: IDL

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Estaba harto del Perú. Todo le apestaba. Lo habían engañado. Le habían vendido la idea que este país era un paraíso, que se podía viajar, que se podía invertir, que se podía respirar, que Lima era la Ciudad Jardín, que la Feria del Señor de los Milagros era milagrosamente lo único que tenía sentido… Que la gente era honesta y buena, que los peruanos eran gente solidaria, que se interesaban por lo problemas de los demás. Que la crisis era pasajera (je je), que el terrorismo iba a ser derrotado (ja ja), que el Presidente era una persona muy artística (jo jo), que la cultura peruana era muy antigua (ji ji). Que había sol todo el año (ju ju), que la policía era efectiva (si es en efectivo, sí), que no había racismo (ja ja), que todos eran iguales (je je). Que los indios en el fondo amaban a los blancos (ji ji), y que los blancos también en el fondo querían ser indios de película de Hollywood (jo jo). Que los negros eran bien leales (ju ju) y que los chinos no fumaban opio (ja ja ja). Que las mujeres peruanas eran suavecitas y dóciles (je je je). Que los hombres no eran machistas (ji ji ji) y que no les gustaba Miami (jo jo jo). Que todos creían en las posibilidades de su país (ju ju ju) y que en el fútbol siempre metíamos goles (ja ja ja). Que Vargas Llosa (¿Vargas qué?) era un hombre con un sentido suizo de la realidad nacional (je je je). Que éramos muy cultos e inteligentes (ji ji ji) y que nuestros defectos eran grandes virtudes (jo jo jo). Que la Madre Patria nos amaba como hijos predilectos (jo, jo, jolín), y ya para que descanses de una vez por todas, que no hay Primera sin Segunda… como dijo la Negra Facunda.

El crimen no es enriquecerse, el crimen es ser sorprendido y exhibido al hacerlo.

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Un congresista reelecto y secretario general de Fuerza Popular, inicialmente investigado por ser el propietario de dos departamentos de lujo comprados en Miami y valorizados en US$ 2’602,000.00, es parte de una investigación por lavado de activos, presuntamente producto del narcotráfico. Esto en Perú, en menos de una semana y en plena campaña electoral por la presidencia del país. Un repaso por el resto de América Latina arrojaría un listado de casos de corrupción inabarcable en los confines de esta columna.

El fantasma que recorre a nuestros países sudamericanos es tan antiguo como la especie humana, pero en los últimos años la corrupción parecería haber adquirido un carácter endémico. Presidentes que caen por el uso indebido de los recursos (Brasil o Guatemala); indagaciones contra figuras emblemáticas como Lula da Silva, Cristina Kirchner, Rafael Correa o Evo Morales; familiares exhibidos en casos flagrantes de tráfico de influencias (Peña Nieto, Michelle Bachelet).

No hay un día en que no nos enteremos de los excesos de un congresista, las extorsiones de un alcalde, la coima a un juez o fiscal, los abusos contra el presupuesto de un funcionario público o de un legislador. En Perú, las noticias sobre la corrupción siempre están a la par de las notas de inseguridad y violencia de las portadas de los diarios. Y no sólo en los periódicos. La corrupción está superado a la inseguridad o el deterioro económico (empleo o pobreza) como la principal preocupación de los ciudadanos en los sondeos de opinión. Una percepción que hace estragos en la de por sí escasa confianza de los ciudadanos en las instituciones.

No se trata solo de que aumentó la visibilidad de la corrupción gracias a la globalización, a las nuevas tecnologías de comunicación y a las redes sociales, entre otras razones. Todo indica que el número de casos y las cantidades implicadas han crecido. Algo extraño si consideramos que la impunidad no es mayor ahora que antes; por el contrario, justamente la exhibición pública de todos estos casos revela que hoy en día existe un riesgo real para todo aquel que amamanta a las finanzas públicas.

Y no obstante, pese a ese riesgo, la voracidad de los funcionarios para enriquecerse a costa del patrimonio público no ha hecho sino aumentar. A mi juicio, eso tiene que ver con un desmantelamiento de los valores vinculados a la honestidad, la sobriedad y la modestia. Son virtudes que lejos de premiarse en algunos círculos políticos y empresariales suelen ser asociadas con algo parecido al fracaso. Y, por el contrario, resulta obvia la idealización de una cultura del éxito y la riqueza sin importar la procedencia o los medios para obtenerla. La cultura basada en el consumo y el triunfo no sólo han hecho presa de la clase política sino también del electorado. Si bien es cierto que la opinión pública reprueba los actos de corrupción puntuales y la corrupción en general, una parte de ella termina por inclinarse ante celebridades como Berlusconi o Trump, antípodas de cualquier valor asociado a la integridad, la moderación o la honestidad. El cinismo y la ostentación del éxito como argumentos necesarios y suficientes para legitimar el derecho a liderar los destinos de todos.

Son fenómenos nuevos que reflejan una tendencia que desde hace tiempo hizo presa de las clases políticas. Sin importar el partido político o la ideología, han construido una narrativa que les lleva a normalizar el derecho a adquirir un patrimonio a partir de su acceso al erario público. Hacerse rico es uno de los atributos que entraña hacerse cargo de una responsabilidad destacada; a su juicio es una compensación razonable y necesaria para blindarse de las contingencias y las traiciones de la vida política. En todo caso, es algo que hacen todos. El crimen no es enriquecerse, el crimen es ser sorprendido y exhibido al hacerlo. Y desde luego, no van a dejar de hacerlo. Nos espera un interminable desfile de infamias antes de que comiencen a contenerse, aunque sea por temor o precaución.

1. Caminar con decisión hasta el borde del abismo.

2. Estirar bien los brazos.

3. Sentir el viento en el rostro.

4. Posar con firmeza la planta de los pies.

5. Respirar profundamente.

6. Eliminar toda duda.

7. Abrir bien los ojos para ver con claridad el horizonte.

8. No temblar.

9. Asumir una actitud valiente y decidida.

10. Tomar impulso.

11. Saltar con alegría, gracia y soltura.

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Había trabajado toda su vida con el único propósito de hacer mucho dinero. Lo había logrado. Poseía, pues, mucho dinero. Ya no tenía nada que hacer. Se levantaba, leía el periódico, luego prendía la televisión, luego desayunaba, luego salía a caminar, luego almorzaba, luego hacía la siesta, luego volvía a prender la televisión. Luego pensaba: “Estoy solo. Tanta gente ociosa en este país de tarados, sucios, mal vestidos, sin ninguna educación, rateros de porquería… ¡No hay derecho! Voy a llamar a mi abogado para entretenerme en algo”.

“¿Aló? Buenas tardes, doctor Tello, una consulta. Quisiera que me diera una lista de los artistas importantes de esta ciudad, esos ociosos de porquería que no saben hacer nada, para iniciarles una serie de juicios por inmoralidad, exhibicionismo, contra la fe pública, por delincuentes, en fin… ya veré qué hago con ellos. Lo importante ahora es ocupar mi tiempo libre con algún tipo de actividad que me distraiga un poco de mi tedio habitual. ¿De acuerdo?

Mándeme toda la información al respecto en un sobre cerrado, lo antes posible. Gracias”.

Hace 15 años, luego de una ilegal reelección (y después de haberse bajado al Tribunal Constitucional que le dijo abiertamente que su intentona de reelegirse era ilegal y anticonstitucional), Alberto Fujimori huyó del país, aprovechando una reunión de APEC para luego refugiarse en Japón, apelando a su segunda nacionalidad. Una vez allí, hace 15 años, él renunció enviando el siguiente fax, que debería estar en cualquier museo de la historia universal de la infamia.

Fax de la renuncia de Fujimori

(Agradezco de antemano a César Bedón, quien colocó primero esta imagen en su muro de Facebook)

El Congreso de la República no solamente rechazó la renuncia, sino que lo inhabilitó moral y políticamente como presidente. Intentaría, años después, regresar por Chile, donde sería finalmente capturado y luego entregado a las autoridades peruanas, mediante un proceso de extradición. Hoy en día cumple varias condenas simultáneas, entre ellas por homicidio calificado y secuestro agravado.

Video de Marco Sifuentes y Roy Palomino, vía Utero.PE

Fuente: El Morsa

Hace un par de días no se hablaba de otra cosa y el hashtag #carne ha sido trending topic en Twitter. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha anunciado oficialmente que el consumo de productos cárnicos, embutidos, salchichas y tocino aumenta el riesgo de cáncer de colon, al punto que la carne procesada ha sido comparada a carcinógenos tales como el alcohol y el tabaco. De todos modos, siempre según la OMS, no habría “ninguna evidencia definitiva” de que la carne roja es cancerígena.

Obviamente, sobre la noticia no hay mucho que decir. Podría resumirse así: la OMS ha dicho que si comes ciertas cosas de cierta manera el riesgo de enfermarte es cada vez mayor, nada nuevo de hecho. Por otra parte, los estudios en busca de una correlación entre el desarrollo de un determinado tipo de tumor y algunos hábitos alimentarios son muy complejos, y dentro del mismo grupo de expertos que trabajó en el informe de la OMS no hubo un acuerdo.

Pero, en primer lugar, ¿qué dice realmente la OMS? La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, parte de la OMS) ha introducido a la carne roja no procesada dentro de la lista de sustancias “probablemente cancerígenas”. La IARC se ocupa de evaluar la cancerosidad de las cosas, en este caso la carne roja, pero no se ocupa de evaluar cómo esta sustancia es de hecho un carcinógeno.

De hecho, el informe de la OMS ha sido muy mal entendido por los medios de comunicación en general, y esta cita del profesor David Phillips, de Cancer Research UK, miembro de la IARC, nos puede ayudar a aclarar dudas:

“La IARC se ocupa de la identificación de los riesgos, no a evaluar los riesgos. Esto significa que a la IARC no le importa en qué medida algo puede promover el desarrollo de un único cáncer, solo si lo promueve o no. Por ejemplo, pensemos en las cáscaras de plátano: pueden causar accidentes, pero en realidad esto no sucede muy a menudo, además, el tipo de daño causado por pisar una cáscara por lo general no es comparable al causado por un accidente de tráfico. Sin embargo, en un sistema de identificación de peligros como el de la IARC, ‘piel de plátano’ y ‘accidente de tráfico’ terminarían en la misma categoría, ya que técnicamente pueden causar accidentes”.

En resumen, parece que tal vez tiene sentido hablar de la forma en la que consumimos la información. De hecho, del mismo modo que en la versión original de la noticia había toda una serie de matices, éstos se han perdido en el mensaje transmitido por los medios de comunicación al público, generando un tsunami de reacciones que todavía continúa.

En un sistema de identificación de peligros como el de la IARC, ‘piel de plátano’ y ‘accidente de tráfico’ terminarían en la misma categoría.

Hace apenas un mes, cuando un equipo de la Universidad de Trento descubrió las propiedades de una proteína celular como defensa contra el VIH, el sensacionalismo con que la noticia fue tratada por los medios de comunicación fue similar, al igual que también la reacción del público. “Descubierta en Trento la proteína del VIH”, “Estudio italiano descubre una defensa natural contra el VIH” y “Lucha contra el SIDA: en las células hay un arma natural” fueron sólo algunos de los titulares de aquellos días.

A pesar de las diferencias obvias, este caso y el de hoy tienen varios aspectos en común: en tanto que se trata de una conclusión que se realizó en el proceso de traducción para que fuera comprensible para el público en general, se perdieron los matices y se convirtió en algo más. Los malentendidos y los cambios de significado que acompañan este proceso son tan comunes que ahora se convierten en parte del proceso.

El problema es que, al menos en la mayoría de los casos, el consumidor final de la información cree que proviene de fuentes de probada fiabilidad. No es como, por ejemplo, la historia de la carne infectada con SIDA que se convirtió en uno de los engaños más extendidos de 2015, pero cuya falsedad era fácilmente comprobable con una rápida búsqueda en Google. En este caso, la noticia proviene de una fuente que cita estudios serios y datos: comprobarla es mucho más difícil.

Y tal vez por eso la noticia ha provocado fuertes reacciones, además de haber reavivado el eterno e inútil debate entre pros y anti-vegetarianismo. Las reacciones se han acercado peligrosamente cerca del límite del ridículo.

Mientras tanto, en el debate sobre el tema que todavía está realizándose quedó claro que todos están esencialmente atrincherados en sus posiciones: los que no comen carne han obtenido la confirmación de la bondad de su elección, los que comen continuarán haciéndolo sin importarles mucho la noticia de la OMS. Lo que implica que, en el fondo, todos nosotros siempre hemos sabido que comer carne nunca ha sido realmente bueno, tampoco hacía falta que llegara la OMS para recordárnoslo.

Y, en lo personal, nunca dejaré de comer carne.

Ya lo dijo el sacerdote polaco Krzysztof Charamsa en la carta que envió al Papa Francisco después de hacer pública su homosexualidad a principios de octubre —motivo por el que, por cierto, fue apartado de sus funciones por el Vaticano—: “el clero está lleno de personas homosexuales y a la vez violentamente homófobas”.

Amores Santos, el documental dirigido por el brasileño Dener Giovanini, muestra cómo más de 100 religiosos católicos, evangélicos, anglicanos y baptistas de 36 países distintos mantienen cibersexo con un actor que se hace pasar por un chico de 25 años que vive con sus padres. No sé si es legal engañar a todos estos tipos y forzarlos a morder el anzuelo, pero las 500 horas de material sexual de clérigos, párrocos y seminaristas esgrimiendo su pene y eyaculando delante de una webcam demuestran que se merecen cualquier tipo de engaño. Por vil que sea, sobre todo teniendo en cuenta que algunas de las sesiones las hacían desde la sagrada intimidad de su propia parroquia, rodeados de santos y ángeles.

El objetivo del director es poner en evidencia la hipocresía de la iglesia respecto a la homosexualidad y denunciar la homofobia que muchas religiones enarbolan sin vergüenza. El realizador comenta que no le resultó demasiado difícil conseguir —a partir de un perfil falso de Facebook— que los religiosos empezaran a subirse las sotanas y mostraran sus penes cristianos. Fueron seis meses intensos de búsqueda de contactos y amistades a los que luego se sumaron otros tres para grabar las sesiones de cibersexo sagrado a través de la webcam. “Nunca llegué a pensar que podría ser tan fácil grabar a tantos religiosos practicando sexo por Internet”, apunta el director, quien asegura que algunos días llegó a grabar a más de 30 sacerdotes.

Las imágenes del tráiler (que pueden ver más arriba) resultan impactantes por su contexto pero tampoco son extremas (no se ve ni un sólo pene). De todas formas, el director asegura que en el documental se mostrarán escenas mucho más explícitas y perturbadoras. El espectador más avispado no vacilará en poner en duda algunas de las imágenes pues los rostros censurados de las víctimas pueden hacer tambalear la veracidad de todo el asunto. Ante esta posibilidad, Giovanini garantiza que, para asegurarse de que todos los perfiles de los sacerdotes y religiosos que aparecen en el documental —y que proponen sexo virtual al protagonista— pertenecen realmente a alguna iglesia y están activos, seleccionó a los que tenían fotos celebrando misas.

Verdad o no, nadie nos quita el placer de imaginar como estos tipos —dentro de los rígidos muros morales de su religión— se echan unos buenos maratones de sexo digital. Esperemos que algún día el siglo 21 llegue a la iglesia y este tipo de imágenes no vuelvan a ser noticia nunca más. Si documentales como este —con testimonios falsos o no—pueden ayudar a que esto suceda, pues bienvenidos sean.

Fuente: Vice

EL MODELO ECONÓMICO ACTUAL HA LLEGADO A SU PERFECCIONAMIENTO, ASIMILANDO E INTEGRANDO A SU ENEMIGO Y COLOCANDO AL INDIVIUDO EN UNA AUTODIALÉCTICA, ENFRENTADO A SÍ MISMO Y DESCONECTADO FÍSICAMENTE DE LA COMUNIDAD. LA SUPUESTA AMENAZA DEL NEOLIBERALISMO QUE PRESENTA EL SHARING ECONOMY NO ES MÁS QUE LA MANIFESTACIÓN MÁS PERFECTA Y LOGRADA DEL CAPITALISMO: HABER ASIMILADO AL COMUNISMO COMO PARTE DEL MERCADO

En la cresta de la primera gran ola del “sharing economy”, algunas voces entusiastas se han dejado llevar por este prometedor modelo colaborativo y proclaman el fin del capitalismo –o el ingreso a una especie de economía comunitaria (un eco evolutivo del comunismo). Este subirse a la ola colaborativa tiene una promiscua emotividad que encuentra un sustento ético-filosófico en el empoderamiento responsable del individuo, que aparentemente conlleva el slogan: “Sharing is caring” (compartir es cuidarnos y cuidar al planeta y lo que harían los humanos 2.0 en la catapulta de la información libre de la red que nos une y demás fórmulas que, sobre todo, son la narrativa de las empresas y los emprendedores). Pero como ha ocurrido antes con los despuntes supuestamente revolucionarios que se oponen al capitalismo y parecen pintarle cara y amenazar su hegemonía, esta misma economía colaborativa es de origen parte del capitalismo, una forma en la cual el sistema omniabarcante, todocooptante se autorregula o, en otras palabras, usando la paradójica astucia popular del PRI mexicano, la llamada dictadura perfecta cambia para seguir igual.

El filósofo coreano Byung-Chul Han ha publicado un notable texto en El País en el que argumenta que la revolución hoy en día ya no es posible, justamente porque el comunismo finalmente ha sido incorporado –con zurcido invisible– al mercado (ya no es sólo la venta de t-shirts del Che Guevara o la rebeldía como metamensaje usado por Pepsi; literalmente se ha capitalizado el modelo de compartir hasta el punto de que nuestra principal socialización sea la adquisición de objetos y servicios). Byun-Chul Han en los últimos años se ha convertido en un gran divulgador de la filosofía, uno de los nuevos filósofos pop que han logrado disolver la barrera entre el pensamiento culto e inaccesible y un discurso que hace sentido a las masas y hace accesible conceptos que describen la cotidianidad política y social con un trasfondo histórico-filosófico. Entre otras cosas ha logrado detectar cómo la transparencia y las ideas de open.gov son usadas por el poder para justificar una versión moderna del totalitarismo, donde se pierde la privacidad en favor de una supuesta rendición de cuentas. En el caso del régimen neoliberal, a diferencia de épocas pasadas, ha logrado instaurar un sistema casi perfecto de control ya no utilizando la violencia para reprimir los movimientos civiles que podían atentar contra su perpetuación sino, como un magistral judoca, ha logrado aprovechar la libertad (o la ilusión de libertad) y explotarla para usarla a su favor y encontrar una estabilidad difícilmente equiparable.

El poder estabilizador del sistema ya no es represor, sino seductor, es decir, cautivador. Ya no es tan visible como en el régimen disciplinario. No hay un oponente, un enemigo que oprime la libertad ante el que fuera posible la resistencia. El neoliberalismo convierte al trabajador oprimido en empresario, en empleador de sí mismo. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se convierte en una lucha interna consigo mismo: el que fracasa se culpa a sí mismo y se avergüenza. Uno se cuestiona a sí mismo, no a la sociedad.

¿Hemos interiorizado ya los valores del capitalismo, del sueño americano de libertad, éxito, poder? Este sería el máximo triunfo del sistema capitalista: haber forjado ciudadanos que al defenderse a sí mismos, defienden al “emperador” (habiendo ya consumido e incorporado su programa a su personalidad). Byung-Chul Han explica lo ingenuo que resulta la narrativa o la creencia de que en realidad estamos enfrentándonos y afectando al “imperio” con nuestros actos (es la mejor actualización de la Matrix la que se alimenta de crear sus propios virus):

Es esencialmente más eficiente la técnica de poder que se preocupa de que los hombres por sí mismos se sometan al entramado de dominación. Su particular eficiencia reside en que no funciona a través de la prohibición y la sustracción, sino a través del deleite y la realización.

Un ejemplo del modus operandi, de la varita mágica del mercado, es cómo durante la crisis financiera asiática la violencia en contra del Estado en Corea del Sur fue transformada en violencia en contra del propio individuo. Se creó una sociedad de individuos altamente productivos aunque miserables:

Después de la crisis asiática, Corea del Sur estaba paralizada. Entonces llegó el FMI y concedió crédito a los coreanos. Para ello, el gobierno tuvo que imponer la agenda liberal con violencia contra las protestas. Hoy apenas hay resistencia en Corea del Sur. Al contrario, predomina un gran conformismo y consenso con depresiones y síndrome de Burnout. Hoy Corea del Sur tiene la tasa de suicidio más alta del mundo. Uno emplea violencia contra sí mismo, en lugar de querer cambiar la sociedad. La agresión hacia el exterior que tendría como resultado una revolución cede ante la autoagresión.

Como es lógico, un pueblo deprimido y dividido no es materia revolucionaria. Y eso es lo que genera en gran medida la neo-libertad del capitalismo, individuos que logran comprar la libertad, pagando el alto precio que se requiere y la constante renovación de inversión (trabajar y consumir 24/7) y cuando la reciben ya están crónicamente cansados, venidos a menos y orillados a un aislamiento en el que es prácticamente imposible que puedan ejercer esa libertad y mucho menos usarla para cambiar el estado de las cosas.

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El nuevo flamante producto anticapitalista es el sharing economy, al menos en la versión optimista de algunas personas –y hay que decir que la filosofía en la tradición de Schopenhauer cumple un contrapeso pesimista de sano equilibrio y ojalá se equivoque y el mundo sea mejor (fitter, happier, less productive)–, pero… Se dice que el sharing es la sucesión de la propiedad y la posesión por el compartir (por experimentar en vez de tener). Pero, como muestra un temprano artículo de The Economist que celebra la llegada de este modelo, la base de esto es “Lo mío es tuyo, pero con una tarifa”. Esto está muy lejos del sueño de igualdad comunista o del postrero sueño hippie del amor libre y la comunidad que cuida del individuo (en la cual podemos descansar y abandonarnos). Más que confiar en la red social, más que confiar en nuestras relaciones es comprar nuestras relaciones, es comercializar todo trato social (las personas que tienen ranking más alto pueden rentar sus cosas más caras). Ya no es sólo “Todo está en venta”, ahora es “Todo está en renta” (recordemos que ganó Airbnb, no Couchsurfing… y, ¿en verdad se comparte algo si hay que pagar?

El cambio, celebrado por Rifkin, que va de la posesión al “acceso” no nos libera del capitalismo. Quien no posee dinero, tampoco tiene acceso al sharing. También en la época del acceso seguimos viviendo en el Bannoptikum, un dispositivo de exclusión en el que los que no tienen dinero quedan excluidos. Airbnb, el mercado comunitario que convierte cada casa en hotel, rentabiliza incluso la hospitalidad. La ideología de la comunidad o de lo común realizado en colaboración lleva a la capitalización total de la comunidad. Ya no es posible la amabilidad desinteresada. En una sociedad de recíproca valoración también se comercializa la amabilidad. Uno se hace amable para recibir mejores valoraciones. También en la economía basada en la colaboración predomina la dura lógica del capitalismo. De forma paradójica, en este bello “compartir” nadie da nada voluntariamente. El capitalismo llega a su plenitud en el momento en que el comunismo se vende como mercancía. El comunismo como mercancía: esto es el fin de la revolución.

Evgeny Morozov, el lúcido crítico de la tecnología que algunos consideran neoludita, detecta esta misma tendencia en la economía colaborativa y adelanta cómo Verizon, con su Autoshare, pronto hará ubicua la posibilidad de compartir cualquier cosa (pagando, eso es).

Verizon se une a la nutrida lista de paladines del “consumo colaborativo”, al insistir en que “la gente de hoy en día está optando por una sociedad colaborativa, que le permite conseguir lo que quiere en cuanto lo quiere”. ¡Se acabaron las cargas del propietario!

Por el momento se trata sólo de un servicio para escanear autos con el teléfono y poder acceder a un vehículo de manera más rápida y sin intermediarios (esa es la otra, que en el futuro no necesitaremos ver a nadie para obtener las cosas que queremos: impresoras en 3D las producirán y drones las entregarán). Pero pronto podremos acceder a todo tipo de objetos compartidos que nos geolocalicen.

Ya no necesitamos visitar el típico bazar: el mercado nos encontrará en la comodidad del hogar, haciéndonos una oferta que no podremos rechazar. De ese modo, el rápido desarrollo del consumo colaborativo lo puede explicar una capacidad tecnológica recién descubierta por el capitalismo: la posibilidad de convertir cualquier producto que al comprarse se retiró del mercado en un objeto rentable que en realidad nunca deja ese mercado.

Esta es la verdadera deificación del capital, ligado al “internet de las cosas”; todo tendrá un precio, todo podrá ser comprado (o compartido, palabras que oscuramente parecen ser sinónimos) y cada parte del mercado estará en todas partes: ubicuo, omnisapiente (publicidad predictiva basada en big data y geolocalización) y etéreo (inalámbrico). Como bien había previsto Marx: “Todo lo sólido se desvanece en el aire”.

El testimonio de una joven que narró una brutal violación en la Universidad de Virginia tuvo resonancia internacional. La historia era falsa.

Campus de la Universidad de Virginia

Campus de la Universidad de Virginia

La historia que debía ser redentora para todas aquellas jóvenes que forma parte de la brutal estadística que asegura que una de cada cinco universitarias de EEUU sufre un asalto sexual durante su vida en el campus se ha vuelto en contra de la causa que pretendía defender y, desgraciadamente, consolidará la extendida cultura de dudar, e incluso de forzar el silencio de las víctimas.

El pasado 19 de noviembre, la revista Rolling Stone publicó un amplio reportaje escrito por la periodista Sabrina Rubin Erdely que detallaba cruentamente la brutal violación en cadena sufrida por una joven de 18 años que respondía al supuesto nombre de Jackie el 28 de septiembre de 2012 en la Universidad de Virginia.

La historia tuvo repercusión mundial, devolvió a los grandes titulares en el plano nacional la carcoma que suponen las violaciones en los prestigiosos colleges de EEUU y forzó a la Universidad de Virginia a una revisión de su identidad.

Menos de dos semanas después, el reportaje de Rolling Stone va encabezado en su edición digital por una apostilla en la que el director de la publicación, Will Dana, pide perdón a los lectores. Básicamente, la historia de Jackie no es verdad. (Aunque Dana saca cuerpo y justifica su error no tanto en no haber puesto en práctica reglas básicas del periodismo –como contactar con los supuestos agresores o comprobar datos básicos como si existía la fraternidad en la que supuestamente se cometió el delito– sino por haber confiado en la palabra de la joven).

“A la luz de nuevas informaciones parece haber ahora discrepancias en el relato de Jackie y debemos concluir que nos equivocamos al confiar en ella”, explica Rolling Stone. “Intentábamos ser sensibles a la humillación y vergüenza injusta que muchas mujeres sufren tras un ataque sexual y ahora lamentamos no haber contactado con los supuestos asaltantes para que nos dieran su versión de los hechos”, prosigue la revista para concluir pidiendo perdón a “todo aquel que haya sido afectado por la historia”.

No todos los días, una publicación del prestigio de Rolling Stone tiene que disculparse ante sus lectores. Y por supuesto no frente a una historia delde la magnitud de la relatada, con siete jóvenes violando y golpeando –y dos más dando órdenes y animando a los violadores– a una chica durante “tres horas de agonía”.

Y sin embargo, la narración no se sostenía. El 1 de diciembre, Jonah Goldberg escribía esto en Los Angeles Times: “Rolling Stone ha publicado una historia increíble sobre una violación en la Universidad de Virginia. La historia ha conmocionado al país. Pero cuando digo increíble, lo digo en el sentido literal, pero en desuso, de la palabra. No es creíble. Yo no la creo”.

La misma alarma despertó el reportaje en el diario The Washington Post y la revista digital Slate. Para el Post, que ha entrevistado varias veces a Jackie, y Slate, que ha hablado con Erdely, la crónica tiene muchas inconsistencias. Por ejemplo, los muchos detalles que la joven da de sus asaltantes a pesar de haber sufrido el ataque en una habitación “totalmente oscura” o el hecho de que el nombre del chico que era su cita y la condujo hasta el lugar del asalto pertenecía a una fraternidad que no es la que Jackie denuncia como escenario de los hechos.

En definitiva, la crónica es demasiado ‘redonda’. La propia Erdely reconoce que visitó muchos otros campus en busca de un testimonio como el de Jackie pero que ninguno “parecía ajustar”. Hasta que en el de Virginia, Emily Renda, una joven que fue violada en el otoño de 2013 –y que hoy presta servicios en la institución educativa como asesora contra la violencia sexual– le presentó a Jackie. Erdely no escribió una historia porque tuviera los hechos, sino que buscó con afán esos hechos para probar una historia ya antes escrita en su cabeza.

Renda corrobora este sábado también que la narración de Jackie hace aguas, que en una ocasión le dijo que fueron cinco los hombres que la violaron y posteriormente los incrementó a siete. “La sombra de la duda sobre la historia de Jackie ha alimentado el mito que se ha combatido durante los últimos 40 años, que las mujeres mienten sobre ser violadas”, explica Renda en el diario The Washington Post. “Creo que ahora para muchas mujeres será más difícil dar el paso de contar su caso”, expone.

La reputación de Rolling Stone queda seriamente dañada. Pero muchos otros medios de comunicación deberán también hacer examen de conciencia, ya que no corroboraron de forma independiente la historia. Sin duda, el caso de Jackie era el caso perfecto para reforzar, entre cortes publicitarios millonarios, la tesis de la llamada “epidemia de violaciones” en las universidades. Sin plantearse que por no cuestionar la historia han acabado dañando peligrosamente a muchas de las actuales y futuras “1 de cada 5”.

Fuente: El País